Bailando con lobos supuso un antes y un después en la carrera de Kevin Costner
Cine
El wéstern moderno que desbancó a 'Bailando con lobos' como el más taquillero
Le arrebató la corona al rey del género por un puñado de millones
Durante más de dos décadas, la corona había pertenecido a Kevin Costner. Cuando estrenó Bailando con Lobos, pocos imaginaban que aquel western íntimo, melancólico y profundamente humanista iba a convertirse en un fenómeno global. La historia del teniente John J. Dunbar, un soldado del Ejército de la Unión que es destinado a un puesto remoto en la frontera y termina integrándose en una tribu sioux, conectó con el público de todo el mundo gracias a su mirada respetuosa hacia la cultura indígena y su épica pausada, casi poética. Costner no solo protagonizaba la película, también se sentaba por primera vez en la silla de director, asumiendo un riesgo que acabaría convirtiéndose en uno de los mayores triunfos de su carrera.
El rodaje apostó por localizaciones naturales en Dakota del Sur y Wyoming, con amplios paisajes abiertos que se convirtieron en parte esencial del relato. La decisión de incluir diálogos en lengua lakota fue toda una declaración de intenciones en una época en la que Hollywood rara vez se tomaba ese tipo de licencias culturales. A eso se sumó la banda sonora de John Barry, que terminó de construir la identidad emocional de la película.
El resultado fue un éxito arrollador tanto en taquilla como en premios: Bailando con lobos recaudó 424,2 millones de dólares en todo el mundo, partiendo de un presupuesto cercano a los 22 millones, y conquistó siete premios Oscar, incluidos mejor película y mejor director. En mercados como el español, superó los 14 millones de euros, una cifra enorme para un western a principios de los años noventa.
Con esos números, parecía difícil que alguien pudiera arrebatarle el trono. Sin embargo, en 2012 apareció Quentin Tarantino con una propuesta radicalmente distinta. Lejos del tono solemne de Costner, Django Desencadenado abrazaba la violencia estilizada, el humor negro y una estética heredera de los spaghetti western rodados en los desiertos de Almería y popularizados por directores como Sergio Corbucci. La historia seguía a Django, un esclavo liberado que se une al cazarrecompensas alemán King Schultz en una misión para rescatar a su esposa de un despiadado terrateniente del sur de Estados Unidos, interpretado por un magnético Leonardo DiCaprio.
El reparto fue uno de los grandes reclamos desde el primer tráiler: Jamie Foxx lideraba la aventura, acompañado por Christoph Waltz, Leonardo DiCaprio y Samuel L. Jackson, en una combinación de talento que disparó las expectativas del público. Tarantino rodó la película entre Estados Unidos y escenarios inspirados en los paisajes del western europeo, mezclando referencias clásicas con su sello personal: diálogos afilados, estallidos de violencia coreografiados como si fueran música y una banda sonora que saltaba del soul al spaghetti western sin pedir permiso.
Leonardo DiCaprio, Christoph Waltz y Samuel L. Jackson, en Django desencadenado
El fenómeno fue inmediato. Django Desencadenado no solo se convirtió en la película más taquillera de la carrera de Tarantino, sino que alcanzó los 426 millones de dólares de recaudación mundial, superando por apenas 1,8 millones a la cifra de Bailando con Lobos. Una diferencia tan pequeña que, en términos de entradas vendidas o ajustando los números a la inflación, el western de Costner seguiría siendo el auténtico vencedor. Pero en el lenguaje de los récords absolutos, la victoria pertenece a Django.
Tras su victoria en la taquilla, Tarantino volvió al género con Los odiosos ocho en 2015, confirmando que el western no era un recuerdo del pasado, sino un terreno fértil para la reinvención. Y aunque el récord de Django Desencadenado sigue vigente en cifras absolutas, la comparación con Bailando con Lobos mantiene vivo el debate: ¿qué pesa más, el número frío de dólares recaudados o la huella cultural y el volumen real de espectadores que llenaron las salas?