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Óscar Díaz completó su rosco al responder el nombre del arquitecto alemán que hizo la Villa Wenhold en Bremen

Entrevista

Óscar Díaz, ganador de Pasapalabra: «Estoy conforme con lo que pagué a Hacienda, pero no se gasta donde debería»

El 15 de mayo de 2024 se llevó 1.816.000 €, el quinto premio más alto del programa presentado por Roberto Leal

Óscar Díaz ya forma parte de la historia de Pasapalabra. Conocer el nombre del arquitecto alemán Emil Fahrenkamp le hizo conquistar el pasado 15 de mayo de 2024 el ansiado bote llevándose 1.816.000 euros, el quinto más alto recibido por un concursante del espacio presentado por Roberto Leal. Con su temple, constancia y una cultura enciclopédica digna de estudio, el concursante se ganó el cariño de la audiencia programa a programa.

Discreto, reflexivo y con un perfil alejado del estereotipo de ganador televisivo, Díaz acabó convirtiéndose en uno de sus protagonistas más recordados. Repasamos con él el largo camino de preparación que hay detrás de su éxito y cómo ha vivido el impacto personal y vital de un premio que le ha cambiado la vida para siempre.

– Han pasado ya casi dos años desde que ganaste. ¿Has vuelto a la vida normal?

– Nunca la abandoné. El mismo año en el que gané el rosco, en 2024, seguí cumpliendo con mis compromisos laborales. Trabajo de jefe de prensa para el circuito de golf y en aquella época teníamos un torneo en marcha en octubre. Además, tenía otros compromisos relacionados con las traducciones. Es cierto que ahora puedo imponerme un ritmo bastante más benévolo con mi salud y con mi vida, pero no ha cambiado sustancialmente.

Ha cambiado en el sentido de que tienes un colchón que es muy tranquilizador, pero en lo formal no ha cambiado gran cosa: sigo en la misma casa, con el mismo coche y con un ritmo laboral decente. Me puedo permitir más lujos y disponer de más tiempo libre, pero en lo estético y en lo formal no ha cambiado gran cosa.

– Comentabas el colchón económico que te dio el premio. ¿Te diste algún capricho?

– No hubo nada aparatoso, ningún gasto monstruoso. Curiosamente lo estoy haciendo un poco después. Soy muy aficionado a los libros y a los cómics y dije que me compraría algún original de algún artista que me gustara como Miguelanxo Prado, que es gallego. No fue de inmediato, pero este año han caído un par, aunque ya tengo pocas paredes para guardarlos.

– Ganaste una cifra astronómica, pero Hacienda se llevó casi el 50 %...

– Depende de la comunidad en la que vivas. En mi caso, fue el 43 %. Sé que mi opinión no es muy popular, pero estoy bastante conforme con lo que se tributó. Evidentemente, el sistema es imperfecto y no todo el dinero que se recauda se gasta donde debería, pero creo que eludir nuestras responsabilidades nos llevaría a que la sociedad se fuera a hacer puñetas a no mucho tardar.

Estoy conforme con lo que hubo que pagar, porque es lo que corresponde. Entiendo que lo nuestro tiene un grado de excepcionalidad, pero legislar para personas que obtienen este dinero de manera inopinada o por una fuente que no viene directamente del rendimiento de nuestro trabajo personal sería injusto para con la gente que gana el mismo dinero y que tiene que tributar igual. En su momento no contaba con nada de esto, pero cuando lo ganas, ya cuentas con que una parte se irá en impuestos.

– Tu primera vez en Pasapalabra fue a principios de los 2000, pocos meses después de que llegase el formato España y con Silvia Jato como presentadora. ¿Qué cambios viste desde aquella primera participación?

– La dificultad y la profesionalización en la preparación. No me refiero a dedicarnos en exclusiva, porque lo normal es compatibilizarlo con nuestras obligaciones, sino a la preparación específica del programa. En el año 2000 el formato era muy parecido, pero la dificultad de El Rosco era menor y era raro que alguien se preparara de manera exhaustiva.

Desde hace siete, ocho o diez años la preparación previa es muy intensa. Yo creo que el primero que se lo tomó así fue David Leo, y le fue muy bien. Desde entonces, quien va con aspiraciones se prepara mucho. Además, la dificultad ha subido porque los guionistas también exigen más y hay una especie de guerra en paralelo con los concursantes, de escalada de hostilidades.

– ¿Cómo te preparabas el programa?

– No tenía un número fijo de horas. Había épocas en las que me tiraba ocho o diez horas y otras semanas en las que no podía dedicarle nada. Prepararse para Pasapalabra es un brindis al sol, porque no sabes si te van a llamar. Una vez que ya estás dentro, das todo lo que tienes, pero antes hay que compaginarlo con la vida normal.

Como estrategia, recomiendo ver los roscos antiguos disponibles en internet y apuntar las palabras que no salen inmediatamente. Eso te permite crear una primera base de datos y ver si puedes responder con el ritmo del programa. Luego, cada uno se hace listas de geografía, historia, deportes y muchas otras cosas. En cuanto al diccionario, yo hice un pequeño estudio estadístico de qué letras concentraban más palabras difíciles y, en lugar de empezar por la A, reforzaba letras como la R, la F, la M y la P, buscando las más raras en el de María Moliner.

– ¿Hay alguna letra especialmente complicada?

– Las que contienen la letra son difíciles porque no están agrupadas en el diccionario. Además, con la Y suelen salir muchos apellidos extranjeros. La I también es complicada porque admite muchos prefijos y da pie a muchas palabras distintas que cuesta visualizar de primeras. Históricamente, la letra en la que más cerrojos han salido –las palabras más difíciles de cada rocos– ha sido la P, seguida de la M y la T.

La dificultad sube porque los guionistas exigen más y hay una especie de guerra en paralelo con los concursantes

– ¿Qué palabra te habría gustado que apareciera en tu rosco?

– Una pregunta que no se la sepa mucha gente y que a ti te quede cerca por gustos o aficiones. A mí me tira mucho el biatlón; aquí en España tampoco hay mucha afición por él, pero a mí me entretiene bastante. Durante mucho tiempo seguía la competición y llegué a pensar que algún día me preguntarían por Kaisa Mäkäräinen, una atleta finesa que ya está retirada, pero que ganaba muchísimos trofeos. Esa podría haber sido graciosa.

También me hubiese gustado ganarlo con senda, que es mi palabra preferida. Me parece muy significativa, porque me recuerda mucho a mis abuelos, a esos caminos que salen por el campo. Por otro lado, tengo un recuerdo asociado a ella porque uno de los primeros libros de lectura que tuve en el colegio se llamaba Senda. Habría sido demasiado redondo que saliera esa palabra en El Rosco.

– En Pasapalabra hay pruebas en las que también dependes de los invitados. ¿Alguno te sorprendió especialmente?

– Muchísimos lo han hecho de maravilla y todos van con la mejor predisposición. En general, la responsabilidad final recae en el concursante. Aun así, recuerdo especialmente a Marwan, que una vez sacó a la primera una de las pruebas más difíciles, la de destapar casillas y memorizar las palabras. Nos dejó a todos impresionados. Tengo recuerdos maravillosos de mucha gente que me ha ayudado.

– ¿Qué es lo peor para un concursante durante la grabación?

La prueba más exigente, curiosamente, no es El rosco, sino La Silla Azul. Si estás a sólo dos palabras de irte a casa, eso pesa bastante. Además hay momentos en los que no estás igual de fino por mil motivos. La vida sigue y a veces vas a grabar y tienes X cosas en la cabeza. Tener esa espada de Damocles tan cerquita es puñetera y creo que es el momento más tenso del programa.

La parte compartida con los famosos y las pruebas previas se disfruta mucho. Y, El Rosco, también; estás con tu contrincante, que sabes que es buenísimo, que por eso está ahí. Es una competición bonita y perder ya no implica irse a casa como sí sucedía en la primera época del programa.

– Después de Pasapalabra te hemos visto en otros concursos como Saber y ganar o Boom. ¿Se puede vivir de ellos?

Lo veo complicado. Si sumas todos los premios que he ganado en 25 años, la cifra es notable, pero sin el bote de Pasapalabra no da para vivir, y menos en Madrid. Este premio sí cambia la vida, te permite planteártela de otra manera. Yo me considero un privilegiado, pero dedicarse en exclusiva a concursos es muy difícil y arriesgado. Aunque parezcamos reiterativos, incluso los grandes ganadores siguen trabajando porque quieren hacer cosas con su vida.

– ¿Qué consejo le darías a Rosa o Manu?

– Que lleve con salud la vorágine mediática que viene después y que lo disfrute con tranquilidad. Los dos tienen la cabeza muy bien amueblada, son pausados y eso les ayudará. Son jóvenes, tienen mucha vida por delante y ganen o no el bote, el programa ya les ha dado muchísimo. Para uno la resaca será más notable, pero el que no gane también se va con un buen pellizco. Es una buena manera de afrontar el futuro.