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El motivo del odio de Sophia Loren a Meryl Streep: «Ese papel debía ser mío»

Sophia Loren confesó que llegó a «odiar» a Meryl Streep por quedarse con uno de los papeles más icónicos del cine romántico

En Hollywood hay pasiones, egos y papeles que se convierten en una obsesión. Lo de Sophia Loren y Meryl Streep es una de esas historias en las que el respeto profesional convive con un pinchazo de orgullo. La italiana llegó a admitir, sin rodeos, que durante un tiempo «odiaba» a Streep. ¿El motivo? El papel de Francesca Johnson en Los puentes de Madison. Loren estaba convencida de que ese personaje tenía que haber sido suyo. Francesca es italiana, vive con nostalgia de su país y arrastra una identidad que, para la estrella napolitana, era algo íntimo, más que un simple papel. Hoy, Sophia Loren tiene 91 años y sigue siendo uno de los grandes nombres europeos del cine; en aquel momento, también era un símbolo de Italia en Hollywood.

En 2007, durante la Festa del Cinema di Roma, mientras presentaba el documental Sophia. Ayer, hoy, mañana, soltó la bomba con naturalidad y un punto de humor: «Reconozco haber odiado a Meryl Streep. ¿Cómo es posible, me preguntaba, que haga de una italiana? Ese papel tenía que haber sido para mí». La sala reaccionó con risas. No hablaba desde el rencor, sino desde ese orgullo propio de quien siente que un personaje estaba escrito en su ADN. Era, en cierto modo, una declaración de amor al cine: dolía perder algo tan bueno.

Fotograma de Clint Eastwooden y Meryl Streep en la película Los puentes de Madison

Fotograma de Clint Eastwood y Meryl Streep en la película Los puentes de Madison

Mientras tanto, al otro lado del mundo, Meryl Streep rodaba una de sus interpretaciones más recordadas. Los puentes de Madison (1995), dirigida por Clint Eastwood, cuenta la historia de Robert Kincaid, un fotógrafo de National Geographic que llega a un pueblo perdido de Iowa para fotografiar unos puentes cubiertos. Desorientado, acaba llamando a la puerta de Francesca, una mujer italiana que dejó su país para vivir como ama de casa en la América rural. Su marido y sus hijos están fuera durante unos días, y en ese hueco, lo que parecía una rutina de silencio se convierte en cuatro días de amor intenso, culpa y deseo. Un romance que nace como un accidente y termina marcando una vida entera. Streep tenía 45 años cuando interpretó el papel. Hoy tiene 76, y sigue siendo considerada una de las mejores actrices vivas.

La actriz recuerda el rodaje como algo íntimo y muy especial. En Cannes contó una anécdota que resume el ambiente de trabajo con Eastwood: «Fue increíble trabajar con Clint. Solo recuerdo verle enfadado en una ocasión, cuando unos técnicos estaban hablando demasiado alto y su cháchara se escuchaba desde la cocina en la que estábamos filmando. Pegó un grito que dejó en shock a todo el equipo durante un buen rato».

Fotograma de Clint Eastwood en la película Los puentes de Madison

Fotograma de Clint Eastwood en la película Los puentes de Madison

Para entender la espina que tuvo Loren, hay que situarse en 1995. Ella era Italia en el cine: dos Oscar, Vittorio De Sica, Cary Grant, Marcello Mastroianni… una carrera mítica. Streep representaba el prestigio americano: también dos Oscar (por Kramer contra Kramer y La decisión de Sophie) y una capacidad casi sobrenatural para transformarse en cualquier personaje.

Hoy, Los puentes de Madison ya no necesita presentación. Los ojos de Francesca en esa cocina, la mano en la puerta del coche, la lluvia… y esa última mirada que dice más que cualquier diálogo. Aunque los Oscar casi la ignoraron (solo nominaron a Streep) el público la convirtió en una de las historias de amor más poderosas del cine moderno. Y, al final, aquel «odio» confesado fue la forma más sofisticada de decir que Streep convirtió a Francesca en algo eterno.

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