Doris Day en una escena de la película No me mandes flores
Cine
Doris Day, la actriz mejor pagada del mundo que se arruinó por una estafa matrimonial
Alejada de la imagen que transmitía en el cine, conoció lo mejor y lo peor de la industria
En 1968, Doris Day se quedó viuda de su tercer marido y mánager, Martin Melcher, con quien llevaba casada desde 1951. Por aquel entonces, la actriz y cantante había vendido 70 millones de discos, protagonizado veinte películas y tenía una fortuna que hoy rondaría los 160 millones de euros. O eso creía, porque lo cierto es que, a los 46 años, Doris Day, una de las más queridas y felices novias de América, se quedó totalmente arruinada.
La famosa cantante y actriz había nacido en Ohio en 1922. Era nieta de alemanes emigrados e hija de un profesor de música. Aunque su ilusión era ser bailarina, a los 15 años empezó a estudiar y destacar en el canto y a los 20 se dedicaba ya a la música por entero. Para entonces ya se había casado y divorciado de un marido maltratador con quien había tenido un hijo.
En la década de los 40, se convirtió en una de las voces más reconocibles de la radio y empezó a cosechar un éxito tras otro, por lo que Hollywood no la tardó en llamar. Y aunque muchos la recibieron con cierto escepticismo, Doris Day, en pleno segundo e infeliz matrimonio, henchida de ego y despotismo, llegó a California a llenar las arcas de millones. Y allí demostró ser una actriz más que solvente en infinidad de ocasiones porque tenía unas innegables dotes para la comedia, como demostró Doris Day en el oeste –que se llevó el Oscar a la mejor canción original, Secret love–, Quiéreme o déjame, Suave como el visón, Confidencias a medianoche o No os comáis las margaritas. En todas ellas, por supuesto, cantaba siempre varios temas musicales que se acababan convirtiendo en grandes hits radiofónicos. El más famoso, el de una de sus pocas películas alejadas de la comedia, Qué será, será, de El hombre que sabía demasiado.
Parte de su éxito se debía al buen ojo de su nuevo marido, Martin Melcher, para negociar sus papeles y contratos. Y es que, durante la década de los 50 y principios de los 60, Doris Day, más suave de carácter, con varios amantes en la industria y sin duda más feliz, se convirtió no solo en la actriz más rentable y mejor pagada del mundo, sino en la perfecta «chica de al lado» que robó el corazón de América. Por eso, pudo permitirse no grabar ni un disco desde 1965 y no actuar en directo desde finales de los 50, ya que le daba pánico volar. Hollywood estuvo quince años a sus pies.
Fotograma de James Stweart y Doris Day en El hombre que sabía demasiado
Sin embargo, la fórmula empezó a agotarse y, a partir de mediados de los 60, sus películas comienzan a perder el favor del público y toma algunas decisiones equivocadas empujada por Melcher: aceptar las que fueron, seguramente, sus peores cintas, ambas de 1967, Capricho y Desafío en el rancho y, otra, rechazar el papel de la señora Robinson en El graduado.
Pero esto fue solo el principio. A la muerte de Melcher en 1968, una Doris Day que tenía la determinación de retirarse cómodamente del cine y dedicarse a la maternidad y el hogar, descubrió que su marido y su socio habían dilapidado su fortuna invirtiendo en pozos de petróleo y hoteles en quiebra, además de en negocios de todo tipo que jamás habían prosperado, hasta el punto de dejarle una deuda de 450.000 dólares. Además, su traicionero marido había firmado un contrato en su nombre para hacer una serie de televisión para la CBS de la que ella no sabía nada.
Desesperada y en la ruina, se vio obligada a protagonizar El show de Doris Day, una comedia de situación que emitió 128 episodios entre 1968 y 1973 en la que la actriz daba vida a una mujer sofisticada de Nueva York que, después de enviudar, regresa con sus dos hijos al rancho familiar de California. Nadie podía imaginar entonces que la actriz estaba pasando por un auténtico calvario judicial que no se resolvió hasta 1974, cuando el socio de su difunto marido tuvo que pagarle en concepto de indemnización más de seis millones de dólares. Ese mismo año, la serie fue cancelada y Day, con la seguridad económica recuperada, se retiró de la interpretación y la música para siempre.
Después de más de una década desaparecida, volvió a la televisión en 1985 con el programa Doris Day’s best Friends en donde combinaba las entrevistas con una defensa férrea por los derechos de los animales. Algo que en dos años materializó en la fundación The Doris Day Animal League, a la que se dedicó el resto de su vida. No fue hasta 2011, cuando tenía 89 años, que no volvería a la música para grabar su primer disco en casi cinco décadas llamado My Heart.
Doris Day, eterna novia de América, perfecta «chica de al lado», que sufrió un desengaño amoroso tras otro, el abandono, los malos tratos, la ruina y la humillación pública, sigue siendo un ejemplo de trabajo duro, tenacidad y la hoy tan famosa resiliencia, que ella misma resumiría en una contundente frase: «Se puede sobrevivir a casi todo, yo lo hice».