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Aldo Comas y Macarena Gómez, en la alfombra roja de los Premios GoyaGTRES

Cine

Quiénes son Aldo Comas y Macarena Gómez: la excepción del cine español que defiende no politizar la cultura

En una gala marcada por los mensajes reivindicativos y los símbolos políticos, dos intérpretes rompieron el guion dominante. Mientras la mayoría de los asistentes a los Premios Goya optaban por consignas alineadas con las causas habituales del sector, Aldo Comas y Macarena Gómez introdujeron un matiz inesperado: aludieron expresamente al ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán, un asunto apenas mencionado en el resto de intervenciones públicas de la noche.

En la alfombra roja, Comas lamentó que —a su juicio— determinadas tragedias internacionales reciban menos atención mediática que otras, y mencionó expresamente las víctimas derivadas de la ofensiva sobre territorio iraní. «Yo no he oído a nadie hablar de los 50.000 muertos que ha habido en los últimos dos meses en Irán. Nadie habla de ello. Veo muchos pins de todo pero de eso, no. No lo sé. Quizá debamos acabar también con regímenes teocráticos que asesinan a sus poblaciones», apuntaba.

Gómez, en una línea complementaria, defendió que una gala de cine no debería convertirse en tribuna política permanente, subrayando que el objetivo principal es celebrar el trabajo artístico. «Igualmente tampoco creo que una gala de cine sea para…», decía, a lo que su marido apuntaba: «Sí, una guerra nunca mola. ¿Quiénes somos nosotros? Somos bufones, cantantes, pintores y actores. Que opinen los demás».

Sus palabras contrastaron con la tónica general del evento, donde abundaron los mensajes de solidaridad con Palestina y las críticas a distintas situaciones geopolíticas. Ni una sola mención, eso sí, a la polémica política interna del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ni a las investigaciones que afectan a su esposa, Begoña Gómez, que acudió a los premios por primera vez en ocho años.

Para lo que sí hubo tiempo en la noche del cine español fue para demonizar el español –un porcentaje considerable de la gala fue en catalán. Incluso, la presentadora Rigoberta Bandini aseguró resultarle «raro» hablar en castellano–, llamar genocida a Franco o reconocer «pena» por los jóvenes que se «agarran a la fe cristiana».

Aldo Comas y Macarena Gómez, en una imagen de archivoGTRES

No es la primera vez que la pareja se sitúa en posiciones incómodas dentro del ámbito cinematográfico español. En anteriores intervenciones públicas, ambos han advertido contra lo que consideran una excesiva politización del debate cultural y han defendido la presunción de inocencia en casos mediáticos, mostrando reservas ante los juicios paralelos en redes sociales.

Macarena Gómez (Córdoba, 1978) no es una recién llegada al panorama audiovisual. Formada en interpretación en Londres y con una carrera de más de dos décadas, alcanzó gran popularidad televisiva gracias a su papel en La que se avecina, donde dio vida a uno de los personajes más reconocibles de la ficción española reciente. En cine, ha transitado con soltura por el thriller y el terror, con títulos como Sexykiller, morirás por ella o Musarañas, por la que fue nominada al Goya a mejor actriz protagonista.

Su trayectoria, lejos de limitarse a la comedia televisiva, ha estado marcada por elecciones arriesgadas y por una presencia habitual en el cine de género, tradicionalmente menos respaldado por la crítica académica. Esa combinación de popularidad y apuesta personal la ha convertido en una figura singular dentro del sector.

Aldo Comas, por su parte, ha desarrollado una carrera más discreta ante las cámaras. Vinculado al ámbito artístico y empresarial, ha participado en proyectos cinematográficos y televisivos, aunque su notoriedad pública ha crecido sobre todo por su relación con Gómez y por sus intervenciones en debates culturales.

Su particular estilo se ha convertido en una de sus principales señas de identidadGTRES

Recibió una educación de élite en el internado suizo Alpin Beau Soleil, donde coincidió con jóvenes pertenecientes a familias reales, entre ellos miembros de la casa Grimaldi. De hecho, organizó organizó la despedida de soltero de Pierre Casiragui, el hijo menor de la princesa Carolina de Mónaco, en el castillo de Requesens, en Girona, y previa a su boda con Beatrice Borromeo.

Instalados desde hace años en el Ampurdán, ambos han cultivado una imagen alejada del circuito más convencional de la industria madrileña. Residen junto a su hijo Dante de 11 años en un molino del siglo XVII rehabilitado valorado en varios millones de euros donde, además, crían animales, cultivan parte de sus alimentos y mantienen un día a día en plena naturaleza y alejado por completo de los focos.