Fotograma de la película El arquitecto
Crítica de cine
'El arquitecto': la película sobre el hombre que soñó un cubo imposible
Un sublime alegato a favor del arte contra los burócratas de los estados
Esta película de Stéphane Demoustier lleva a la gran pantalla la compleja gestación en los años ochenta del Gran Arco de La Défense, el colosal cubo hueco que remata el eje histórico de París en su zona financiera y que fue inaugurado con motivo del bicentenario de la Revolución francesa en 1989. El guion del propio Demousttier se inspira en la novela El gran arco, que publicó Laurence Cossé -sobrina-nieta de Saint-Exupéry- en 2016. Como no puede ser de otra manera, el argumento se centra en Johan Otto von Spreckelsen (Claes Bang), el arquitecto danés y profesor universitario que ganó el concurso público convocado en 1982 por François Mitterrand (Michel Fau) para la construcción de la obra arquitectónica que sería emblema de su presidencia.
En ese momento solo había construido su propia vivienda y varias iglesias (católicas y protestantes). Spreckelsen siempre está acompañado de su mujer, Liv (Sidse Babett Knudsen), socia y colaboradora principal de todos sus proyectos. El proyecto de Spreckelsen entusiasma a Mitterrand que le abre todas las puertas, pero los burócratas intermedios, especialmente Jean-Louis Subilon (Xavier Dolan) y los ambiciosos y 'espabilados', convertirán el Cubo, la gran obra del arquitecto, en su peor pesadilla. El arquitecto falleció en 1987.
Sorprende cómo una historia de lo más prosaica y gris, se convierte en manos de Demoustier -y de Cossé- en drama de personajes con tintes épicos y que cabalga entre el suspense y el thriller. La película, sin obviar las cuestiones técnicas de la construcción -por cierto sumamente interesantes- nos ofrece un retrato de la dialéctica entre arte y poder, entre artista y burócrata, que atravesado toda la historia de Occidente- Pero también indaga en la frágil frontera entre genialidad y narcisismo, reflexiona sobre la tensión entre la búsqueda pureza artística y las concesiones a un pragmatismo posibilista. En último lugar, el film nos habla de una obviedad 'nada obvia', y es que el arquitecto es hombre antes que arquitecto, y que su obra artística no debe tener la última palabra sobre su vida y las cosas que en ella merecen la pena.
La película retrata a un hombre religioso, honesto, leal, pero también egocéntrico y algo soberbio. Un hombre real, al fin y al cabo. La interpretación de Claes Bang es soberbia, nada sobreactuada y muy creíble, al igual que la de Sidse Babett Knudsen, una grandísima actriz que ha dejado su huella en las mejores películas nordeuropeas de este siglo. El personaje de Mitterrand resulta quizá excesivamente frío y contenido en la interpretación, aunque magnífico como personaje sobre el papel.
En definitiva, una espléndida película, que deberían ver los alumnos de Arquitectura e Historia del Arte, tanto por su reflexiones artísticas como por su lección de vida. El arquitecto fue muy bien acogida en la sección 'Un Certain Regard' del Festival de Cannes y fue seleccionada como la película de clausura del Festival Internacional de Gijón. También ha sido reconocida con ocho nominaciones a los Premios César, incluyendo mejor director y mejor guion adaptado. No olvidemos que Demoustier ya sorprendió positivamente con La chica del brazalete y Borgo.