Paul Newman
Cine
Paul Newman se avergonzaba tanto de esta película que pidió perdón con un anuncio en un periódico
El actor jamás volvió a hacer un papel ni remotamente parecido
En 1963, Paul Newman era una de las estrellas de cine más famosas del mundo. Desde que en 1956 hiciera Marcado por el odio, un drama de Robert Wise sobre la vida del boxeador Rocky Marciano, su carrera había subido como la espuma y se mantuvo siempre en lo más alto. Y es que, desde las asombrosas críticas que cosechó por la citada película, no paró de trabajar en toda clase de cintas poderosas, casi todas dramas, en que dejó interpretaciones memorables.
Y así lo demuestran El largo y cálido verano, La gata sobre el tejado de zinc y El zurdo de 1958, Éxodo y Desde la terraza de 1960, El buscavidas de 1961, Dulce pájaro de juventud de 1962 o Hud: El más salvaje entre mil o El premio de 1963. Todas ellas, además de importantes éxitos, demostraron que Paul Newman era un actor rotundo, impecable interpretativamente, contenido cuando correspondía y socarrón, a veces. Único, en definitiva.
Pero esa carrera de éxito no había empezado en aquel 1956. Su debut en el cine se había producido dos años antes. En 1954, Newman había intervenido ya en una decena de shows de televisión en papeles menores donde destacaba por encima de sus compañeros de reparto, por lo que Hollywood no tardó en llamar a su puerta. Lo hizo Warner Bros. En un drama ambientado en la Antigua Roma en el que un joven esclavo con increíbles dotes para la orfebrería se convierte en el mejor escultor de plata de Antioquía. Un Paul Newman de 28 años dio vida al talentoso y circunspecto Basil y la película se llamó El cáliz de plata.
El actor siempre había hecho bromas sobre lo que él consideraba un bochornoso debut. De ella diría no solo que fue «la peor película producida en la década de los 50», sino que era «pretenciosa y artificial» y que su interpretación fue muy deficiente, pues todavía estaba «muy verde como actor» y se veía a sí mismo «ridículo» llevando túnica. Odiaba la película y su trabajo en ella de tal manera, que jamás volvió a aceptar un papel ambientado en el pasado más allá de algún wéstern como El zurdo de 1958 o Dos hombres y un destino de 1969.
Por eso a muchos no les extrañó que, en 1963, el actor, que ya estaba en la cresta de la ola, pues había ganado un BAFTA y un premio del Festival de Cannes y tenía dos nominaciones a los Oscar, publicara un anuncio pidiendo perdón por la citada película. Y es que cuando Newman se enteró de que el Canal 9 que emitía de manera local en Los Ángeles iba a programar El cáliz de plata, ni corto ni perezoso compró dos páginas completas de publicidad en Los Angeles Times y Los Angeles Examiner, a razón de 1.200 dólares cada una, con el siguiente texto: «Paul Newman pide disculpas y les solicita que no sintonicen el Canal 9 para ver El cáliz de plata esta semana».
Paul Newman junto a Virginia Mayo, en un fotograma de El caliz de plata
Sin embargo, el efecto fue inverso porque aquella publicidad sorprendió de tal manera que la curiosidad del público se disparó y la película tuvo unos índices de audiencia insólitos para la cadena, convirtiéndose en una de sus emisiones más vistas en años. Y es que el público californiano no pudo resistirse a ver aquella interpretación y película aparentemente tan espantosas por la que Paul Newman –¡ojo!– había ganado el Globo de Oro a la mejor promesa masculina del momento.
Era 1963 y la carrera de Paul Newman aún tenía por delante más de dos décadas en que iba a intervenir en una joya tras otra como Cortina rasgada, Harper investigador privado, La leyenda del indomable o Dos hombres y un destino en los 60; El juez de la horca, El hombre de Mackintosh, El golpe o El coloso en llamas en los 70 y Veredicto final o El color del dinero en los 80. Una carrera impecable que tuvo apenas un punto negro, apenas un título olvidable que, pese a todo, a muchos nos encanta.