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El actor tenía 27 años cuando rodó la película

El actor tenía 27 años cuando rodó la película

Cine

El wéstern de Richard Gere que fue considerado el Santo Grial del género

Hoy, décadas después, muchos la consideran una joya única del cine

«Una de las películas más bellas jamás rodadas». Así habló el crítico Roger Ebert de una obra que, sin embargo, hoy casi nadie tiene a mano. Porque hay películas que con los años se convierten en leyenda… y otras que, simplemente, se van quedando fuera del mapa. Días del cielo es una de ellas. Una joya olvidada del wéstern que puso en el radar a Richard Gere y que, con el tiempo, muchos han acabado viendo como una especie de «Santo Grial» del género.

Cuando pensamos en wésterns, lo normal es irnos a lo de siempre: John Wayne, Clint Eastwood, los grandes clásicos de siempre. Pero esta película de Terrence Malick, estrenada en 1979, casi nunca aparece en esa lista. Y es raro, porque debería. No es un wéstern típico. No hay grandes duelos ni héroes de los de antes. Aquí todo va por otro lado: más pausado, más silencioso… y, sobre todo, mucho más bonito de lo que uno espera.

La historia, en realidad, es bastante simple. Bill, un chico que huye después de matar a su jefe, escapa con su pareja y su hermana pequeña buscando empezar de cero. Acaban trabajando en una granja en Texas, donde el dueño, un hombre rico pero enfermo, se enamora de la chica. Lo que empieza como un plan frío (casarse por interés) acaba complicándose más de la cuenta. Hay amor, hay engaño, y todo va creciendo poco a poco hasta que ya no hay vuelta atrás.

Para Gere, aquella película fue un antes y un después. Llegó siendo casi un desconocido y hoy sigue diciendo que es el mejor trabajo de su carrera. Y eso que su personaje no tiene nada que ver con el tipo de papeles que le harían famoso después. Aquí no hay galán. Es un personaje más duro, más incómodo, incluso egoísta. Muy lejos del que luego veríamos en Pretty Woman. Y precisamente por eso resulta tan interesante.

El rodaje, eso sí, no fue fácil. Ni mucho menos. El propio Gere lo ha contado con el tiempo: trabajar con Malick era complicado. Tenía muy claro lo que quería… pero no siempre sabía cómo explicarlo. Pedía repetir escenas una y otra vez, a veces sin dar demasiadas pistas. Para algunos actores era frustrante. Para otros, parte del juego.

Porque Malick trabajaba de una forma bastante peculiar. Cambiaba cosas sobre la marcha, quitaba diálogos y dejaba que muchas escenas salieran casi solas. Eso hizo que parte del equipo no terminara de entender qué estaba pasando. Hubo tensión, quejas… incluso momentos en los que aquello parecía a punto de descontrolarse.

Fotograma de Días del cielo

Fotograma de Días del cielo

Uno de los temas que más dio que hablar fue la luz. El director decidió rodar casi toda la película al atardecer, en esa luz dorada que dura muy poco cada día. Eso significaba que se rodaba apenas unos minutos diarios con la luz perfecta. El resto del tiempo, a esperar. Algunos miembros del equipo acabaron desesperados. Se cuenta que incluso se echaban siestas en los camiones porque no tenían nada que hacer. Y, sin embargo, todo eso tuvo sentido al final. La película ganó el Oscar a mejor fotografía y, todavía hoy, hay quien la considera una de las más bonitas que se han hecho nunca. Cada imagen parece pensada como si fuera un cuadro. No es casualidad: Malick se inspiró en pintores como Hopper o Wyeth para conseguir ese efecto.

Luego vino el montaje. Y ahí también hubo trabajo. Mucho. Dos años enteros. Quitó escenas, redujo diálogos y dejó que la historia se contara más con imágenes que con palabras. Por eso hay gente que dice que no es una película que se sigue, sino una que se siente.

Richard Gere y Brooke Adams, en un fotograma de la película

Richard Gere y Brooke Adams, en un fotograma de la película

También hay anécdotas curiosas. Una de las más conocidas es una escena en la que Gere cae al agua. No se rodó en un río real, sino en un acuario montado dentro de una casa. Según contó Sam Shepard, tuvieron que convencerle: «Richard decía: ‘¿Pero esto qué es?’».

Ni siquiera estaba claro que el papel fuera suyo. Antes se pensó en actores como Al Pacino o Dustin Hoffman. Incluso John Travolta estuvo cerca. Pero al final fue Richard. Y aquello le cambió la vida.

Eso sí, cuando se estrenó, la película no fue un gran éxito. A muchos les pareció lenta, rara, demasiado diferente. No encajaba con lo que se esperaba en ese momento. Pero con los años ha pasado algo curioso: cada vez se valora más. Hoy está en muchas listas de las mejores películas del cine americano. Y aun así, sigue siendo difícil de encontrar. No está siempre disponible en plataformas, y eso la ha convertido en una especie de película «Santo Grial».

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