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Jordi Cruz Masterchef

Jordi Cruz se enfadó con los concursantes por la nefasta prueba de exteriores que llevaron a caboRTVE

Televisión

Jordi Cruz explota como nunca en MasterChef: «Es una vergüenza trabajar con vosotros»

La última gala de MasterChef 14 pasará a los anales de la televisión no por sus recetas, sino por una falta de profesionalidad que ha dejado a los jueces con ganas de cerrar el chiringuito

La noche empezaba con la nostalgia del piano de Gabriel Peso y la visita de José Manuel Parada para hablar de tapas de vanguardia, donde Inma volvió a brillar con luz propia, pero el ambiente se enturbió rápidamente en una prueba de exteriores en Nuevo Baztán que debería haber sido un oasis de romanticismo. Lo que iba a ser un homenaje a parejas que celebraban sus bodas de oro terminó siendo un espectáculo bochornoso liderado por un Pepe que, lejos de ejercer como capitán, se comportó como un auténtico villano de telenovela.

Sus compañeros no tardaron en señalar que su actitud destructiva y sus malas formas eran fruto del despecho tras la marcha de su gran amiga Paloma, pero el resultado fue un desastre sin paliativos. Jordi Cruz, con el rostro desencajado por la rabia, no tuvo reparos en soltar un discurso que todavía resuena en las paredes del convento: ver a los comensales comer con asco o dejar los platos intactos es la mayor humillación para un cocinero, y el juez fue contundente al calificar de vergüenza trabajar con un equipo que no supo estar a la altura de la historia que estaban celebrando.

Pero si el despropósito en exteriores fue grave, lo que ocurrió en las cocinas de eliminación fue directamente un guion de película de terror para Maggie. En un giro de los acontecimientos que dejó a la audiencia pegada al sofá, Camilla fue salvada por sus compañeros del balconcillo, pero ese «regalo» venía con una condición envenenada: debía bajar a alguien que estuviera salvado para que ocupara su lugar frente a los fogones. Sin temblarle el pulso, ella eligió a Maggie, ejecutando lo que todos los presentes sintieron como un puñal por la espalda, por mucho que ella intentara disfrazarlo de decisión estratégica.

Maggie, que ya saboreaba la tranquilidad de una semana más en el programa, se vio de repente atemperando chocolate para recrear una tarta Comtessa de los años 80 bajo una presión insoportable. El cocinado fue un auténtico campo de minas; a Maggie se le cortó la crema, sufrió los empujones de un Javier que la acusó de reventarle la tarta en el abatidor y tuvo que aguantar los reproches de Carlota por tener las puertas abiertas, perdiendo los nervios en el momento más crítico de su paso por el concurso.

El desenlace fue tan histórico como doloroso, marcando un antes y un después en el formato al confirmarse que Maggie era la elegida para abandonar las cocinas. Resulta paradójico y profundamente injusto que una de las concursantes que más ha luchado por mantener la paz y la buena convivencia en la casa se convierta en la primera expulsada de la historia que se va después de haber sido salvada previamente.

Mientras ella se despedía con una elegancia y una paciencia que ya querrían para sí el resto de sus compañeros, perdonando incluso a la mujer que la mandó al matadero, Camilla intentaba justificar lo injustificable asegurando que no había nada personal en su elección. Se marcha una concursante dejando un hueco difícil de llenar por su talante, pero sobre todo deja una herida abierta en una edición donde parece que la traición cotiza más alto que el buen guiso, y donde los jueces Pepe, Jordi y Marta han tenido que tomar la decisión más drástica y amarga que se recuerda en este «talent» culinario.

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