El amigo inesperado
Crítica de cine
'El amigo inesperado', la deliciosa comedia ideal para escapar del cine de efectos especiales
Una cinta amable, positiva, casi intimista, con mucha autenticidad y que satisfará a quién huya del cine de ruidos, efectos especiales y espectáculos visuales
Baptiste (Salif Cissé) es un excelente imitador de famosos, que hace bolos nocturnos mientras se gana la vida como teleoperador de una compañía de seguros. Un día conoce a Pierre Chozène, un escritor de éxito divorciado y con una hija, que vive esclavo de su móvil. Pierre le hace a Baptiste una extravagante propuesta, de dudosa moralidad, pero que le puede reportar buenos ingresos en su cuenta corriente. A partir de ese momento la vida de Baptiste cambiará radicalmente.
Siempre es de agradecer una historia original y fresca. A algunos les puede parecer una película de escaso pulso emocional, pero a otros, como al que suscribe, en esta ausencia completa de melodrama, descubrimos el gran acierro del film. Y esa 'suavidad' emocional se debe sobre todo al carácter de los dos protagonistas. Baptiste es sereno, inalterable, pacífico, bonachón, casi flemático. Y Pierre, a pesar de ser más cínico, no deja de ser un hombre taciturno y poco comunicativo. Ellos crean un delicioso clima en el que suceden muchas cosas sin que apenas se noten, como una corriente submarina que deja inalterada la superficie del mar. Y a través de esas cosas que suceden discretamente, la película nos habla de la identidad y de los vínculos. La identidad de cada persona está formada por sus vínculos, y no puedes alterar la primera sin alterar los segundos y viceversa. Y dentro de esta historia, que no deja de ser una comedia de enredo, el film también nos habla de la amistad, la bondad y el encuentro entre personas. En realidad no hay antagonista en el film, no hay un 'malo', como mucho hay decisiones equivocadas, o no suficientemente ponderadas.
Cartel de El amigo inesperado
Junto a estos planteamientos universales, el film ofrece un delicioso bonus al público francés, ya que las imitaciones de Baptiste de cantantes y personajes públicos franceses, se nos escapan a los espectadores españoles, aunque nos queda claro que deben de ser fantásticas y divertidas.
Salif Cissé tiene una importante trayectoria como secundario, y es desconocido para el gran público español, pero aquí se convierte en una auténtica revelación. Su interpretación y su personaje desbordan carisma por los cuatro costados, y llena la película con su voluminosa presencia. Por su parte, el veteranísimo Denis Podalydès, vuelve a demostrar su valía y genialidad. Pero también hay dos personajes secundarios femeninos que desbordan calidez y que interpretan brillantemente Clara Bretheau y Manon Clavel, en los papeles de hija de Pierre y amiga de Baptiste, respectivamente.
La puesta en escena está atravesada de un tempo medido, con atmósferas sutiles, con conversaciones a media voz y con un peso muy importante de las miradas. Es una película de personajes, y la cámara está siempre pendiente de ellos. El resultado es una cinta amable, positiva, casi intimista, con mucha autenticidad y que satisfará a quien huya del cine de ruidos, efectos especiales y espectáculos visuales.