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Pawel Pawlikowski y Sandra Hueller, director y protagonista de Fatherland, han presentado la película en CannesEFE

Cine

Las dos películas magistrales que deja el Festival de Cannes: el mejor cine de autor

Fatherland, del polaco Pavel Pawlikowski, e Historias paralelas, del iraní Asghar Farhadi, deslumbran en la tercera jornada del certamen

Un extraordinario retrato de la Europa resurgida de los escombros de la segunda guerra mundial, Fatherland, del polaco Pavel Pawlikowski, más un intrigante laberinto donde múltiples vidas se reflejan y

se entretejen en Historias paralelas, del iraní Asghar Farhadi, fueron las excelentes ofertas de la tercera jornada del 79º Festival Internacional de Cine de Cannes.

Como en la mayor parte del cine de autor que trata de evadirse de la producción más comercial, Fatherland ha tenido que recurrir a capitales de Polonia, Italia, Alemania y Francia para rememorar el viaje de retorno en 1949 a su Alemania natal del gran escritor Thomas Mann, premio

Nobel de Literatura 1929, después de un exilio durado veinte años debido a la dictadura de Adolf Hitler.

El regreso en una Alemania dividida a mitad entre capitalismo y comunismo se debe a las celebraciones por el bicentenario del nacimiento del poeta nacional Johann Wolfgang von Goethe, que se celebraron juntamente en Frankfurt y Weimar, ciudades natal y de muerte, a ambos lados de la así llamada cortina de hierro que dividía la Europa de la guerra fría. Pawlikowski, clase 1957, también se exilió de su Polonia comunista en 1971 para refugiarse en Gran Bretaña donde aprendió el oficio, regresando medio siglo más tarde con «Ida» que en 2013 recolectó más de 70 premios internacionales, incluyendo el Oscar al mejor filme extranjero.

«Fatherland» marca su vuelta a Cannes donde en 2018 ganó la Palma de Oro al mejor director por «Cold War» y fue miembro del jurado al año siguiente.

Su nuevo filme es una «road movie» que describe un viaje de un gran intelectual europeo, como lo fue Thomas Mann, en compañía de su hija Erika, escritora, actriz y aviadora, por una Alemania todavía en ruinas y castigada por los crímenes del nazismo con la división de su territorio y sin poder de autoridad alguna sobre el mismo.

La excepcional cámara de Lukasz, fiel colaborador del director desde su vuelta a su país, más la decisión de recurrir al blanco y negro y al formato clásico de 1:1.37 dan mayor autenticidad visual al filme que esencialmente es la crónica puntual de un viaje, sin ningún artificio directorial, permitiendo solo una espléndida interpretación de Sandra Hüller como Erika y una más concisa del que fuera actor fetiche de Wim Wenders, Hanns Zischler.

No le fue en zaga como cualidad pero también como originalidad Historias paralelas, con el que Farhadi, más que iraní, cineasta internacional habiéndose movido por toda Europa, se mueve entre dos departamentos de dos edificios enfrentados, contando historias que más que paralelas, como dice el título, se reflejan y se entrecruzan en un laberinto que primero desconcierta y luego fascina al espectador.

El filme cuenta cómo una novelista que busca una inspiración para su próxima novela escudriñando la vida que se le ofrece en el departamento de un edificio de enfrente.

Un joven extranjero penetra en su casa y termina convirtiéndose en su asistente primero y luego en una especie de alter ego que hace sus veces en este galimatías en el que personajes aparecen y desaparecen mientras sus historias se vuelven cada vez más intrincadas.

Una Isabelle Huppert sin maquillaje encarna a la escritora mientras Virginie Efira y Vincent Cassel descuellan en dobles papeles que desorientan aún más al espectador y hasta se aparece una Catherine Deneuve, como editora de Huppert, en lo que bien puede decirse sea una visita inesperada.

Pero el resultado es un filme que puede subyugar o rechazar al espectador, dependiendo de la capacidad de cada uno de sentirse cómodo en terrenos insondables.

El cine español no solo ha cumplido la hazaña de tener tres filmes en concurso sino también aparece como productor minoritario en dos filmes que pasaron hoy fuera de concurso.

Se trata de «Ceniza en la boca», del mexicano Diego Luna, coproducido con México, y «El deshielo», de la chilena Manuela Martelli, realizado en colaboración con México y Chile, ambos fuera de concurso.

La primera cuenta la historia de dos hermanos adolescentes mexicanos que llegan a Madrid en busca de su madre, inmigrante ilegal, mientras la segunda se concentra en la conflictiva relación de la nieta de una propietaria de una estación invernal con una esquiadora desaparecida.

Cuarto largometraje del actor Diego Luna, siempre socio productivo en esta aventura con Gael García Bernal con quien formó la magistral dupla actoral de «Y tu mamá también» del lejano 2001, «Ceniza en la boca» es un film que describe más la vida de los inmigrantes ilegales en España que la reacción que estos producen en el pueblo español, dividido entre la comprensión, el rechazo y la indiferencia. El film, inspirado en la novela homónima de la escritora feminista Brenda Navarro, vale sobre todo por la interpretación de la jovencísima Anna Díaz, ayudada por la veterana Adriana Paz.

«El deshielo», en cambio, se deleita en los paisajes invernales de los Andes chilenos y ofrece el descubrimiento de una niña actriz sobre la que recae todo el peso de la narración, Maya O’Rourke, de 9 años.