Robert Pattinson y Zendaya, protagonistas de El drama
Crítica de cine
'El drama', la película de Robert Pattinson y Zendaya sobre la cultura de la cancelación
Una película que pone de manifiesto las taras de la sociedad estadounidense con una historia tal vez demasiado sencilla
Charlie (Robert Pattinson) y Emma (Zendaya) son novios desde hace tiempo, viven juntos y por fin se van a casar. Unos días antes de la boda, con todos los preparativos en marcha, quedan a cenar con sus amigos Mike (Mamoudou Athie) y Rachel (Alana Haim), que va a ser la dama de honor. Después de unas copas juegan a que cada uno cuente algo inconfesable de su pasado. Emma, con toda inocencia, confiesa algo que Rachel va a convertir en un tsunami que puede llevarse por delante boda y amigos.
La película del director y guionista Kristoffer Borgli es, entre otras cosas, un retrato de la estupidez humana. De lo que ocurre cuando alguien no es capaz de fiarse de sus propias certezas y experiencia personal y prefiere entregarse a los fantasmas imaginarios de la razón.
En ese sentido, lo que pone de manifiesto la película es que Charlie es más preocupante que Emma, ya que muestra una sospecha y desconfianza graves hacia quien se supone que es el amor de su vida. Si las relaciones de pareja del mundo real son tan frágiles e inconsistentes como describe el film, más que de comedia habría que hablar de película de terror. Y desde luego habría que recomendar a Charlie y Emma que no se casaran, no por las razones que se esgrimen en el film, sino por la inmadurez para el amor adulto que muestra sobre todo él. En un lenguaje muy familiar diríamos que parece tonto.
En cierto modo, el personaje de Rachel y la trama que pone en marcha son una metáfora de la cultura de la cancelación. Un determinado juicio sobre una persona, normalmente simplista e injusto, se convierte en criterio absoluto para tratarla y relacionarse con ella. Como una sentencia irrevocable y definitiva que se impone a cualquier experiencia anterior vivida. Y ese juicio maniqueo se extiende y contagia; nadie se atreve a contradecirlo y acaba convenciendo a propios y ajenos.
Por otra parte, El drama también pone de manifiesto algunas taras de la sociedad estadounidense en relación con la violencia y la libre posesión de armas, así como el poder irracional de lo políticamente correcto.
La película lanza un mensaje final muy sencillo –¿elemental?–y hay que preguntarse si el planteamiento del guion es combustible suficiente para un largometraje. De hecho, la historia a veces se alarga con escenas reiterativas y el guion nos ofrece algunos momentos difíciles de asumir.
El estilo de la puesta en escena es muy característico de la productora A24, con la que el director ya había hecho El hombre de los sueños con Nicolas Cage. Es decir, aire moderno, autoral, con una narrativa sincopada en la que se combina el presente, con flashbacks imaginarios y con visiones oníricas.
Si aceptamos los presupuestos del film, los actores están bien y Pattinson transmite perfectamente el patetismo de su personaje. En conjunto se puede decir que es una película interesante, que se presta a un cierto debate, pero creo que sabe a poco y que no vuela suficientemente alto.