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La finca en Bel-Air con 39 habitaciones, 59 baños

La finca en Bel-Air con 39 habitaciones, 59 baños

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La familia real de Qatar vende la casa más cara de la historia de Estados Unidos: 59 baños y sala de rayos X

La familia real rompe todos los récords en Los Ángeles al poner a la venta una finca en Bel-Air. ¿Lo más curioso? Costó más de lo que piden por ella

En el mundo de los ricos y famosos, las excentricidades inmobiliarias son el pan de cada día, pero la dinastía Al Thani, que gobierna Qatar, acaba de elevar el listón a un nivel estratosférico. En el corazón del exclusivo barrio de Bel-Air, se alza una megaestructura residencial en el 11201 de Chalon Road que ha salido al mercado por la friolera de 400 millones de dólares (unos 341 millones de euros).

Fotografía de la megaestructura residencial en el 11201 de Chalon Road

Fotografía de la megaestructura residencial en el 11201 de Chalon Road

Vista desde el aire, la propiedad es un impresionante feudo de colinas infinitas, donde los tejados de teja clásica contrastan con el verde de la vegetación perfectamente esculpida, revelando un oasis de absoluta privacidad articulado en diferentes niveles y terrazas. Si alguien desembolsa esa cantidad, se convertirá oficialmente en la casa más cara jamás vendida en la historia de Estados Unidos.

Lo verdaderamente jugoso de esta historia es su origen. Lejos de ser concebida como una inversión a largo plazo o el hogar definitivo de un magnate, esta fortaleza se construyó con un propósito muy concreto: albergar al jeque Khalifa bin Hamad bin Khalifa Al Thani durante sus años universitarios en Los Ángeles. El joven llegó a la ciudad en 2011 para estudiar en la Universidad del Sur de California con un séquito digno de un jefe de Estado, instalándose primero en el mítico hotel Beverly Wilshire mientras ponía en marcha las obras de su «piso de estudiante».

Para levantar este templo del exceso, la familia real recurrió a Peter Marino –el arquitecto neoyorquino fetiche detrás de las lujosas boutiques de Chanel, Dior o Louis Vuitton– y al supervisor Peter McCoy. La fachada simétrica de aire señorial, rodeada de palmeras, un suelo empedrado milimétrico e imponentes arcos de piedra, ya advierte desde el acceso principal del lujo que esconde el interior. Tras cruzar el umbral, el visitante es recibido por una imponente galería de piedra pulida donde los techos altos y las lámparas de forja clásica guían la mirada a través de un juego visual de arcos sucesivos, abriéndose majestuosamente hacia los patios exteriores.

El resultado tras ocho años de obras es un complejo faraónico de tres edificios que suma 6.500 metros cuadrados construidos. El catálogo de la propiedad desafía cualquier lógica: cuenta con 39 dormitorios, 59 cuartos de baño y una cocina industrial de 280 metros cuadrados para abastecer al ejército de servicio. Los exteriores son un espectáculo en sí mismos, pensados tanto para el deporte como para el máximo relax; de hecho, la finca cuenta con una impecable pista de tenis de un verde vibrante, rodeada de altos setos y con los imponentes rascacielos de Los Ángeles recortándose en el horizonte.

Fotografía del exterior de la mansión de la familia real de Qatar

Fotografía del exterior de la mansión de la familia real de Qatar

Para desconectar, el complejo ofrece rincones idílicos a cielo abierto, como un pabellón de descanso de estilo mediterráneo con arcos abiertos y llamativos azulejos turquesas, situado frente a una lámina de agua cristalina que refleja de manera simétrica la arquitectura y los sofás dispuestos para el sol.

El verdadero santuario de bienestar, sin embargo, se esconde a cubierto: una espectacular piscina climatizada flanqueada por majestuosas columnas revestidas de mosaicos árabes, techos de madera artesonada con claraboyas y grandes ventanales que bañan el espacio de una luz tenue. El recorrido por los exteriores culmina en otra de sus grandes piscinas, donde descansa la icónica escultura de un perro rojo firmada por Jeff Koons, encargada de presidir un larguísimo canal de agua que parece fundirse con las vistas de la ciudad al fondo.

Imagen del interior de la mansión de la dinastía Al Thani

Imagen del interior de la mansión de la dinastía Al Thani

Por si fuera poco, la finca fue diseñada para ser totalmente autosuficiente. Además de lavandería industrial, búnkeres de seguridad y almacenes de arte, la mansión esconde bajo tierra una sala de rayos X privada para pasar consulta médica sin tener que lidiar con los paparazzi. Un camino privado de 500 metros se encarga de que nadie se cuele por error.

Sin embargo, ni los multimillonarios se libran de perder dinero. Los Al Thani adquirieron el terreno en 2010 por 35 millones de dólares, pero la monumental construcción elevó la inversión total por encima de los 425 millones. Ahora, los agentes de The Beverly Hills Estates admiten con asombrosa franqueza que el propietario perderá dinero, ya que se vende por 25 millones menos de lo que costó levantarla.

Una vez que el joven jeque terminó sus estudios y regresó a Oriente Medio, la espectacular mansión perdió su razón de ser. Huérfana de su dueño, pasa a ser un descarte de lujo dentro de la inmensa cartera de los Al Thani (dueños de medio Londres, París y Cerdeña). Ahora solo queda esperar a ver qué otra gran fortuna decide quedarse con el capricho universitario más caro del planeta.

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