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Steven Spielberg, en la gala de los Oscar 2026GTRES

Historias de película

La gran película de Spielberg que nunca pensó que iría bien: «Creí que sería el fin de mi carrera»

La importancia de la película del director en el cine contemporáneo es tal que a partir de ella comenzó lo que hoy entendemos como el cine blockbuster

Hoy sabemos más que de sobra que el éxito de Tiburón de Steven Spielberg fue el fruto de una asombrosa combinación de factores. La más conocida es que la maravillosa idea de mantener a la bestia en el fuera de campo durante más de la mitad de la película fue la consecuencia de los fallos constantes del tiburón mecánico en el agua, lo que obligó a Spielberg a rodar escenas que tenían planificadas sin mostrarlo. Sobre ello ha dicho muchas veces: «Hoy, con los efectos digitales, mostraría cuatro veces más y mi película sería cuatro veces menos aterradora».

La segunda es, seguramente, esa partitura asombrosa de John Williams encabeza con un legendario Mi Fa que aterró a todo el mundo porque era la precursora de un inminente ataque y sobre lo que el director ha declarado: «La banda sonora de John Williams es responsable de la mitad del éxito de esa película. De hecho, diría que el tema de John es el que hizo que la película fuera aterradora».

Y, quizá, la tercera clave de su éxito sea que la película enfrentó a tres tipos de masculinidades muy diversas abocadas a convivir y entenderse en aras de un bien mayor que Spielberg explicó de esta manera: «Tienes a Quint, que representa el machismo clásico, brutal y la obsesión del cazador del siglo XIX; a Hooper, que es el intelecto, la ciencia, la clase alta con todos sus juguetes tecnológicos; y a Brody, que es el hombre corriente, el tipo que tiene miedo al agua pero que tiene que asumir la responsabilidad porque es su deber moral».

Gracias a todo ello, una película presupuestada en 3 millones de dólares y que acabó costando 9 por un error de planificación y producción tras otro, acabó recaudando 450 en todo el mundo. Pero el éxito de la película se debe también a cómo cambió e influyó a la propia industria del cine que, a partir de su estreno, cambió para siempre.

Para empezar, supuso el fin del estreno escalonado. Antes de Tiburón, algunas de las películas más taquilleras de la década de los 60 y 70 como Sonrisas y lágrimas (286 millones de dólares), El Padrino (250 millones), El exorcista (230 millones) y Operación Trueno (141 millones) seguían una estrategia de distribución llamada plataform reléase o estreno escalonado. Ello suponía que las películas se estrenaban en salas estratégicas de Nueva York y Los Ángeles con la idea de generar un «boca a boca» positivo y críticas lo suficientemente buenas como para favorecer la taquilla en el resto del país durante las semanas o meses siguientes.

Sin embargo, Universal Pictures y su entonces presidente, Lew Wasserman, rompieron esta tradición y estrenaron la cinta en 464 pantallas estadounidense de manera simultánea el 20 de junio de 1975. A raíz de esta decisión, Tiburón fue la primera película en hacer 100 millones de dólares de taquilla en su primer fin de semana y propició el nacimiento del concepto summer blockbuster o taquillazo veraniego. Esto fue un verdadero hito en la industria porque antes de Tiburón, los estudios consideraban el verano una época muerta para la taquilla por eso aprovechaban para estrenar películas menores o de serie B asumiendo que el público prefería estar al aire libre. Pero a raíz del éxito masivo del filme, se revirtió el calendario y el verano junto con la Navidad sigue siendo a día de hoy uno de los momentos álgidos del año al que destinan los grandes títulos de cada temporada.

Además, Universal dedicó 700.000 dólares -una cantidad desorbitada para la época- a una agresiva campaña de publicidad en televisiones y cines durante los tres días previos al estreno con anuncios dominados por las dos notas de la banda sonora de Williams y apenas treinta segundos de piernas de bañistas en el agua o mirando aterradores a «algo» que se les acerca en el mar. Este bombardeo publicitario convirtió el estreno en evento cultural casi obligatorio y creó en el público el sentimiento de urgencia por verla.

Y, por último, Tiburón fue la película que empezó el merchandising a gran escala ya que explotó comercialmente su marca en paralelo al recorrido del filme en pantalla con una venta coordinada por establecimientos de todo el país de camisetas, tazas, vasos, juguetes, gorras, toallas de playa, copias reeditadas del libro y, por supuesto, discos de vinilo con su banda sonora. No en vano, en la propia E.T. El extraterrestre, cuando Eliott está enseñando al pequeño alienígena su cuarto y sus juegos le enseña una especie de marioneta de plástico de tiburón con el que mete miedo a los peces de su pecera en un momento metacinematográfico único en la filmografía del cineasta.

Y aunque Star Wars -cuyos muñecos también salen en la escena de E.T.- perfeccionaría el modelo de estreno, distribución y merchandising dos años después, este fenómeno masivo de cine-industria lo inició Tiburón. Una película única, aterradora, luminosa y cruel, que como dijo el propio director en varias ocasiones: «Cuando pienso en Tiburón, pienso en nuestro valor y nuestra estupidez bajo el agua. A raíz de excederme en el calendario y el presupuesto, realmente creí que sería el fin de mi carrera».