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Esta película es la piedra angular que reinventó el cine del oeste, cambiando los héroes tradicionales por un universo mucho más cínico, estético y moralmente ambiguo. La trama inicia con la llegada de un enigmático pistolero sin nombre a San Miguel, un pueblo fronterizo dominado por el miedo y la violencia. Al descubrir que dos poderosas familias rivales, los Baxter y los Rojo, se disputan el control del contrabando local, el extranjero decide utilizar su ingenio y su letal puntería para trabajar para ambos bandos, vendiendo su lealtad al mejor postor. Lo fascinante de la historia es cómo este antihéroe juega un peligroso doble juego, avivando el conflicto en su propio beneficio hasta que la situación estalla de forma inevitable. Sergio Leone sienta aquí las bases de su estilo visual único, con planos innovadores y una tensión que se masca en el ambiente. Apoyada en la magnética presencia de Clint Eastwood y la inolvidable música de Ennio Morricone, la obra se convierte en un ejercicio magistral de suspense, estrategia y pura acción.

La película supuso un antes y un después para el conocido actor y director

Cine

La historia de Golden City, el desconocido Oeste madrileño donde Clint Eastwood rodó 'Por un puñado de dólares'

Los antiguos decorados de Hoyo de Manzanares, donde el actor se puso el poncho, pueden suponer nuevo impulso al turismo de pantalla

Antes de que Almería capitalizara buena parte del imaginario del wéstern en España, Hoyo de Manzanares ya había levantado su propio poblado del lejano Oeste. Bautizado como Golden City, acabó convertido en uno de los enclaves donde empezó a tomar forma el western europeo, con fachadas de saloon, polvo, caballos y un joven Clint Eastwood que todavía no era Clint Eastwood.

El director de cine Víctor Matellano reivindica la importancia de estos decorados en la historia del cine y sitúa en Hoyo de Manzanares el arranque de un fenómeno que después se expandiría a otros territorios españoles y europeos. «El wéstern europeo como tal, consolidado, nace en Hoyo de Manzanares», ha defendido en una entrevista con Europa Press.

Según relata Matellano, el poblado comenzó casi «como una anécdota», cuando unos productores italianos llegaron a la zona para rodar un western con decorados sencillos, apenas unas fachadas. El terreno elegido, en Hoyo de Manzanares, recordaba a California y ofrecía el paisaje que buscaban para ambientar aquellas historias de pistoleros.

Sin embargo, los decoradores plantearon entonces una propuesta más ambiciosa: no levantar solo un decorado efímero, sino construir un poblado del Oeste «de verdad», concebido como un pequeño estudio que pudiera ser reutilizado en nuevas películas. El productor Eduardo Manzano aceptó la idea y Golden City empezó a funcionar como plató para distintos rodajes.

«Se ruedan dos películas seguidas, El sheriff terrible y Cabalgando hacia la muerte, que son las dos que realmente se hacen, y empieza a funcionar», ha explicado Matellano. A partir de ahí, el poblado se convirtió en una referencia para el género y abrió una etapa en la que la Comunidad de Madrid acogió numerosos westerns.

El poncho de Clint Eastwood

La historia de Golden City quedó unida para siempre a Por un puñado de dólares, de Sergio Leone, la película que lanzó internacionalmente el western europeo y convirtió a Clint Eastwood en un icono. Matellano recuerda que aquel rodaje estuvo lejos del glamour de Hollywood y que el actor era entonces un intérprete conocido sobre todo por la serie televisiva Rawhide.

«Clint Eastwood todavía no era Clint Eastwood», resume el cineasta, que describe una producción de presupuesto muy ajustado, con apenas un coche para trasladar al equipo y a los actores. Entonces, Eastwood comía bocadillos, dormía la siesta en el coche y apenas hablaba con nadie porque en aquella época casi nadie podía comunicarse con él en inglés.

Matellano sostiene además que «parece bastante claro» que fue en Hoyo de Manzanares donde Eastwood se puso por primera vez el mítico poncho que después pasaría a la historia del cine. «El famoso poncho mítico de la historia del cine es aquí», ha destacado.

Clint Eastwood con su famoso cigarrillo entre los labios en la película 'Por un puñado de dólares'

Clint Eastwood con su famoso cigarrillo entre los labios en la película 'Por un puñado de dólares'

El cineasta recuerda que por aquel entonces en el poblado no había teléfono ni luz estable, por lo que los rodajes funcionaban con grupos electrógenos y cualquier llamada importante obligaba a bajar al pueblo. En una ocasión, cuando Eastwood se negó a acudir al rodaje por un problema de pagos, hubo que llamarle desde el telefóno del bar.

«Era un mundo absolutamente diferente», ha destacado Matellano, que subraya cómo aquellas producciones se levantaban con imaginación, pocos medios y mucha capacidad de adaptación.

Un impulso para los pueblos

Golden City también puso patas arriba la vida de los vecinos de Hoyo de Manzanares y de otros municipios cercanos, que encontraron en los rodajes una fuente de ingresos inesperada.

Matellano recuerda que trabajar como figurante o participar en las producciones podía suponer cobrar «el triple» que en una jornada agraria, la principal actividad económica de muchas familias de la zona en aquellos años. Los westerns necesitaban caballos, extras, transporte, comida, servicios y mano de obra, y una parte de todo ello se buscaba en los pueblos próximos.

«Era una revolución para los pueblos», ha explicado el director, que conoce esa historia también por tradición familiar. Su padre, su abuelo y su tío trabajaron como caballistas en distintos rodajes del Oeste, una experiencia que, según reconoce, marcó su propia vocación cinematográfica.

«Eso forja pasiones como la mía y profesiones como la mía», ha afirmado Matellano, que actualmente prepara el documental Clint Spain Connection, sobre el paso de Clint Eastwood por España en diferentes rodajes.

De Golden City queda un abrevadero

De aquel legendario poblado en el que habitaban disparos, vaqueros y forajidos apenas queda hoy un abrevadero, que se conservó por su posible uso ganadero. Matellano explica que Golden City se fue abandonando cuando los rodajes dejaron de llegar. Las estructuras se deterioraron, parte de la madera desapareció y el paso del tiempo terminó borrando casi todo el decorado.

Sobre la posibilidad de reconstruir poblado exactamente en el mismo lugar, en una explanada dentro del actual Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, el cineasta admite que sería un tema «complicado».

Aun así, considera que Hoyo de Manzanares y su entorno podrían recuperar físicamente parte de aquella memoria cinematográfica en fincas cercanas o mediante alguna recreación que ayudara a los visitantes a comprender lo que ocurrió allí.

«No solo sería interesante, sino necesario», ha defendido Matellano, que cree que el paisaje por sí solo no siempre basta para transmitir la importancia de un lugar. «Es verdad que el paisaje es el paisaje, pero a la gente hay que ayudarla también un poquito con la imaginación. Si tú pones un vestigio, un trozo de decorado, es más fácil imaginar», ha señalado.

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