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Ghost Song ha inaugurado la sección Zinemaldia del Festival de San Sebastián

Cine

La película sobre el amor y la muerte que ha abierto el Festival de San Sebastián con aplausos

Ghost Song, dirigida por Fath Akin, es una historia de amor y duelo

El cineasta Fatih Akin ha inaugurado este viernes el Festival Internacional de Cine de San Sebastián con la poética y onírica Ghost Song, una historia de amor y duelo rodada que demuestra que «una película puede ser una manera de gestionar la muerte», ha dicho su director en rueda de prensa.

La película de Akin, alemán de ascendencia turca y ganador del Oso de Oro en Berlín con Contra la pared (2004), compite por la Concha de Oro con otros dieciséis filmes de sección oficial que se proyectarán hasta el próximo día 26, cuando se entregará el palmarés de esta edición. En esta jornada inaugural Werner Herzog recibirá además un premio Donostia.

En la película, que ha recibido una cálida ovación tras la proyección, Farasha (Mariam Dawoud) y Faris (Eren M. Güvercin) tienen 20 años cuando se conocen en una fiesta de graduación, pero ella muere esa misma noche. La joven descubre un modo de cruzar la frontera entre mundos y durante 40 noches puede encontrarse con Faris en sus sueños.

Una historia muy conectada con la familia de Akim, según ha relatado, ya que la idea original se le ocurrió a su hijo de diez años. «Yo era un cineasta en crisis con necesidad de reinventarme, y mi hijo tuvo la idea de una amistad de un niño fantasma con otro vivo».

Le pidió a Ruth Toma que escribiese un guion que quedó guardado en un cajón porque no se sentía preparado para rodarlo, hasta que años después recuperó el material. «Mis hijos habían crecido y los protagonistas también, y yo quería hacer una película de la generación de mis hijos», ha subrayado.

Pero además, cuando su propio padre murió hace dos años en Turquía y el cineasta no pudo ir al funeral, ya que evita visitar el país por razones políticas, revivió en él la necesidad de hacer esta película.

«El primer año no tuve ningún sueño con él. Y me quedé con ese deseo de tener una última charla», relata. El resultado es un filme que define como «espiritual» y «existencialista», lo que queda subrayado por un uso mayoritario del blanco y negro que confiesa que no estaba inicialmente previsto.

El filme también deja clara la importancia de los rituales para superar los duelos. «Los rituales son muy agradecidos de filmar, muy visuales y cinematográficos. Son además una manera de mantener un orden, pueden estar ahí para que no explotemos, es una manera de gestionar el dolor», ha abundado.

En su propio caso, tras la muerte de su padre vistió de negro durante cuarenta días, los mismos que aparecen en la película como ventana para que los jóvenes enamorados se encuentren en sueños, y que es también un recurrente en distintas tradiciones religiosas, desde el islam al cristianismo.

«La muerte forma parte de la vida, y cuanto mayor te haces más la experimentas. Una película como esta es también una manera de gestionar la muerte», ha remarcado Akim, que encuentra que «en cierto modo el cine es una conexión entre el público y yo. Es una carretera de dos direcciones», ha subrayado