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Elvis Presley protagonizó el wéstern Charro

Elvis Presley protagonizó el wéstern Charro

Cine

El wéstern olvidado de Elvis Presley donde demostró su valía como actor

La crítica de su tiempo la vapuleó, pero ha sido reparada a lo largo de los años

Entre 1956 y 1969 Elvis Presley intervino en 31 películas, la mayor parte de ellas comedias ligeras y musicales amables donde El Rey desplegaba su magia y que fueron realizadas, por supuesto, a su mayor gloria. El rock de la cárcel, Amor en Hawái o El ídolo de Acapulco son seguramente las más recordadas. Pero el cantante metido a actor no sentía especial simpatía por ellas.

Y es que Elvis no tardó en comprender que había otro cine posible, uno que podía servirle como herramienta creativa para demostrar que podía ser un actor dramático serio alejado de aquellas comedias musicales en las que terminó encasillándole su manager, el coronel Tom Parker. Y ese cine era el wéstern.

Por eso es extraño que a lo largo de aquellos trece años de inagotable carrera cinematográfica, sólo en cuatro ocasiones se inclinara por el género de los géneros norteamericano. No en vano, su carrera en el cine empezó en el wéstern con Love me tender en 1956 una película que, si bien nunca se concibió para que él fuera el protagonista, se remodeló en el último momento para que pudiera incluir cuatro de sus canciones más populares de aquella época: We’re gonna move, Poor boy, Let me y, por supuesto, Love me tender. Con todo, aquel wéstern dramático sobre la Guerra de Secesión no convenció para nada a los grandes estudios que en seguida empezaron a ofrecerle papeles donde pudiera lucir tupé y movimientos de cadera sin que desentonase con el tono dramático del filme.

Y así fue como llegaron, una tras otra, películas bastante anecdóticas y naif donde El Rey del Rock and Roll desplegaba su magia, su magnetismo y su carisma ante las cámaras, pero sin grandes alardes interpretativos. De hecho, algunas productoras no escatimaban en gastos y contrataban a grandes directores para realizarlas. Y es que Elvis trabajó para George Sidney en Cita en Las Vegas, para Richard Thorpe en El rock de la cárcel y para Michael Curtiz en El barrio contra mí.

Sin embargo, su interés por volver al wéstern nunca decayó y por eso, en 1960, protagonizó la cinta de Don Siegel Estrella de fuego. En ella interpretaba solo un tema musical, la famosa Flaming star -que da título a la película en versión original- y daba vida a un ranchero casado con una india que vive de manera pacífica y aislada hasta que se ve forzado a elegir bando con cuando se desata la guerra entre los kiowa y los blancos. La película, que tiene una profundísima carga moral, sacó la que fue hasta la fecha la mejor interpretación de Prestley que se volcó en una historia que reflexiona sobre la búsqueda de la propia identidad, un trasunto que estuvo siempre ligado a su propia vida.

Los años, el cine y los discos iban pasando hasta que, en 1968, el cantante volvió sobre el género con El ídolo acorralado, un intento fallido dentro de la comedia del oeste donde encarna a un indio navajo. Pero la película pecaba en su ligereza, perpetuando la fórmula de comedia de enredo salpicada de temas musicales (Stay away Joe, All I need was the rain, Dominick y Stay away) sólo que ahora en clave de wéstern. Fue una película extraña que nunca funcionó.

Pero todo cambió al año siguiente cuando Elvis Prestley protagonizó su cuarto y último wéstern, Charro, en la que interpretaba a un pistolero llamado Jese Wade que es acusado del robo de un cañón de oro y que hará lo imposible por probar su inocencia. La película, que estaba claramente influida por los códigos narrativos del spaghetti wéstern, le permitió desarrollar más que ninguna otra sus dotes interpretativas, pues daba vida a un hombre marcado por su pasado y el peso de sus pecados, atormentado siempre por la eterna carga de la culpa.

La crítica, sin embargo, la acogió con escepticismo y aunque valoró el esfuerzo del Elvis Presley por mostrarse sobrio y maduro, criticó que el guion y la dirección arruinaron esta posibilidad. El famoso crítico del New York Times, Roger Greenspun, subrayó que tras el cambio físico del cantante y su supuesta interpretación contenida había más bien una evidente fatiga: «Con la boca oculta tras la máscara de una barba de dos días, el pelo fuertemente engominado en su sitio, un andar modesto y un comportamiento retirado, Presley parece completamente domesticado». A ello se sumaron decenas de críticas que la calificaron de «rutinaria», «bastante floja» o «insustancial».

Sin embargo, el tiempo ha ido reparándola y la revaluación moderna la rescata como un interesante experimento dentro del género que fue injustamente vilipendiado. El canal TCM lo resumió así: «Aunque en 1969 fue recibida con frialdad por romper con la fórmula habitual, Charro muestra a un Presley sorprendentemente sólido e intimidante. Es una obra fascinante por ver cómo intenta moldear su presencia escénica al estilo del 'Hombre sin nombre' de Clint Eastwood, demostrando una madurez interpretativa que su público de entonces no supo apreciar».

Y es que el tono hosco y sucio del filme, el aplomo físico de Elvis y la excelente banda sonora -que renunció deliberadamente a utilizar ninguna de sus canciones- dio por resultado una película verdaderamente fascinante, dura, sin concesiones de ningún tipo, donde El Rey demostró que también era actor. Un buen actor.

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