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La guerra de las galaxias- Episodio IV: una nueva esperanza (1977).

Cine

De John Wayne a Luke Skywalker: la sorprendente conexión entre Star Wars y esta obra maestra de John Ford

George Lucas calcó la escena clave de una de las películas más importantes del cineasta

Star Wars es un gigante tan monstruoso -hablamos de tamaño- que se suele mirar siempre como un todo y por eso, en muchas ocasiones los fans, la prensa y la academia se olvidan de mirarlo a nivel individual, título a título. Y tal vez porque el gigante es ya elefantiásico y cuando se habla de la evolución de la saga se suelen mirar siempre sus avances y delirios técnicos, nos olvidamos de mirar el magnífico cine que hay detrás de sus primeras películas. De su primera película.

George Lucas dirigió Star Wars -sin más, el lío de nombres y capítulos vendría después- en 1977. Se trataba de una historia de héroes y villanos narrada en una galaxia lejana en la que el imperio del mal se imponía sobre planetas y poblaciones atribuladas entre las que destaca un muchacho que puede combatir con su valor y talento la amenaza que acecha a todos. Una historia maniquea, una historia de las de siempre. De las de trovadores medievales y teatros griegos, pero en los albores del siglo XXI.

Mucho se ha escrito y analizado la primera película galáctica de George Lucas, pero a poco que se indaga en ella a nivel formal, se aprecia el profundo amor y respeto del director por el cine clásico, el de su infancia y con el que él se crio. Y es que la película que ha pasado al universo de Star Wars como Una nueva esperanza, es con la que Lucas homenajea de manera clarísima a John Ford y a una de sus obras maestras más rotundas, Centauros del desierto.

Rodada en 1956, Centauros del desierto (The Searchers) cuenta la historia de la texana familia Edwards a cuyo hogar llega el hermano del padre, Ethan, tres años después del final de la Guerra de Secesión. Pero cuando a los pocos días, los comanches queman la granja, asesinan a su hermano y su cuñada y raptan a sus sobrinas, el lacónico Ethan jurará venganza y devolver a las niñas a su hogar y su comunidad. Cueste lo que cueste. Es una película donde el dolor, el tesón y el odio se convierten en el impulso de este soldado resentido y su sobrino mestizo para buscar durante años a la única superviviente de esta rotísima familia. Aclamadísima, triste y esencial en la obra de Ford, es también una de sus cintas más esencialmente poéticas y donde su caligrafía como cineasta alcanza las cotas más altas de pura belleza.

Una poesía visual que, veinte años después -¡y es que sólo veinte años separan las dos películas!- no pasó inadvertida a George Lucas que quiso plasmarla en su primera obra galáctica. Una nueva esperanza se refiere con su título a ese joven granjero que tiene vocación de piloto galáctico y que acabará abandonando su vida sencilla después de interceptar un mensaje rebelde, pero, sobre todo, después de que sus tíos sean asesinados y su casa quemada.

Y al igual que en la película de Ford la destrucción del hogar es lo que llama a Ethan Edwards a echarse al desierto e iniciar su aventura, en la de Lucas es esa misma destrucción del hogar la que empuja a Luke Skywalker a vivir la suya. Un momento que se reproduce, prácticamente plano a plano porque en el caso del wéstern de 1956, Ethan y Martin llegan cabalgando al rancho, lo ven quemado y se acercan a él en busca de su familia y en el caso de la cinta de 1977, Luke llega a la granja, la ve quemada y se acerca a ella en busca de sus tíos.

En ambos casos, la narrativa sin diálogo, los planos generales de la granja, el barrido por ella, el plano medio con que la cámara se fija en la reacción de los tres hombres, la composición limpia y la fuerza trágica del conjunto son prácticamente iguales. No en vano, Lucas ha reconocido en muchas ocasiones que la estructura de Centauros del desierto fue la plantilla sobre la que construyó Tatooine no sólo por lo mencionado, sino por el posterior vagar de Luke por el paisaje desértico de su inhóspito planeta, tan parecido al Monument Valley del filme clásico. Y es que este entorno geográfico no fue para Ford y tampoco para Lucas un mero fondo de su historia, sino un elemento dramático activo en la travesía del héroe.

Y así lo explicó el padre de la saga galáctica: «John Ford creó la mitología del Oeste. Lo que él hizo fue tomar la historia reciente de Estados Unidos y convertirla en una leyenda universal sobre el bien, el mal, el honor y el destino. Cuando empecé a trabajar en Star Wars, mi objetivo era hacer exactamente lo mismo, pero trasladando esos valores a una escala galáctica para una nueva generación».