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AnálisisNatalia Pérez Velasco

Los partidos árabes tienen la llave para desbancar a Netanyahu del poder

En 2021 fue el apoyo de parlamentarios árabes lo que permitió a la oposición alejar temporalmente a Benjamin Netanyahu del poder formando una amplia coalición

Mansour Abbas, líder del partido islámico conservador israelí Raam

Mansour Abbas, líder del partido islámico conservador israelí RaamAFP

Como anunciaban las últimas encuestas, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ha vuelto a resistir y mantiene a su partido, el Likud, como la formación más votada. Pero, con seis escaños menos que en 2022, esta vez no parece que pueda formar gobierno. Sus socios a la derecha han mantenido movilizado a su electorado, y apenas han perdido un escaño concurriendo por separado (siete Itamar Ben-Gvir y seis Bezalel Smotrich).

No ha ocurrido lo mismo con sus socios religiosos. La coalición de los judíos askenazíes, Judaísmo Unido de la Torá, ha conservado sus siete escaños, pero no así Shas, que ha perdido un tercio de sus votantes. Shas no es un partido ultrarreligioso, sino tradicionalista mizrají, y en esta ocasión los judíos descendientes de comunidades del norte de África y Oriente Medio han tenido la posibilidad de respaldar a uno de los suyos con opciones a formar gobierno.

Gracias en gran medida a ese apoyo, Gadi Eisenkot, líder de Yashar!, se ha convertido en el nuevo líder del bloque opositor a Netanyahu en detrimento de Yair Lapid, que ha sufrido un duro golpe. En marzo de 2021, Yesh Atid (Hay Futuro) fue el segundo partido más votado, y Lapid antepuso a sus intereses personales la formación de una coalición de gobierno alternativa a Netanyahu. Convenció a todos los partidos de ese bloque para que el derechista Naftali Bennet fuera primer ministro los dos primeros años y relevarle a mitad de mandato. La coalición, que abarcaba desde la derecha hasta la izquierda y contó con el apoyo de un partido árabe, duró poco más de un año. Bennet se retiró temporalmente de la política y Lapid obtuvo en los comicios de 2022 su mejor resultado electoral concurriendo en solitario.

Cuatro años después, Hay Futuro ha perdido la mitad de sus escaños en coalición con el nuevo partido creado por Bennet, quien ocupa el primer puesto de Yahad (Juntos). Doce escaños suponen un duro castigo de los votantes de centro, que no terminan de entender una alianza personal que se remonta a 2013, cuando, por primera vez, ambos políticos unieron fuerzas frente a Netanyahu. Lapid lidera un partido laico de centro surgido tras las protestas sociales de 2011, mientras Bennet fue durante muchos años la mano derecha de Netanyahu.

El mal resultado de Hay Futuro en estas elecciones también ha tenido que ver con que Eisenkot sí es percibido como de centro, frente a otros candidatos anteriores que apelaron al mismo electorado proviniendo de las filas del Likud. A ello han contribuido varios factores: la poca concreción de sus propuestas políticas, que hablan de un cambio necesario, pero no extremista, a lograr a través del diálogo; su pasado militar como jefe del Estado Mayor del Ejército que fue capaz de oponerse a Netanyahu; el haber perdido a un hijo y dos sobrinos en la reciente campaña militar en Gaza y no haber hecho uso electoral de ello; y su perfil tranquilo y apariencia normal, alejada del político profesional. Sin desdeñar el apoyo de los mizrajíes en un entorno político dominado por los judíos de origen askenazí o centroeuropeo.

En Israel, el origen de los votantes sigue siendo el primer factor de cohesión de algunos partidos. Ha sido tradicionalmente el caso de las formaciones religiosas, pero también de Israel Nuestra Casa (Yisrael Beitenu), dirigido al electorado de origen ruso, eminentemente laico y de derechas. Su líder, Avigdor Lieberman, es un férreo opositor a Netanyahu que ha logrado movilizar a sus votantes, y con ello subir a siete escaños.

Los mismos escaños ha logrado Los Demócratas, coalición de izquierdas forzada por los malos resultados de 2022. Entonces, los laboristas obtuvieron tan solo cuatro escaños al superar ligeramente el umbral del 3,25 % de los votos mientras Meretz, a su izquierda, quedó fuera del Parlamento por primera vez desde su fundación en 1992. En esta ocasión han formado una coalición largamente esperada por sus votantes, siendo el único partido dirigido al electorado judío que sigue defendiendo una salida negociada al problema con los palestinos.

Para la mayoría judía, la gran sorpresa ha sido el buen resultado de los partidos árabes, que casi han doblado su representación parlamentaria. No lo ha sido en las zonas de población árabe, donde ya se anunciaba una amplia movilización del electorado como reacción al aumento de la discriminación y el rechazo que han sentido por parte de sus conciudadanos judíos desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023.

Con el electorado judío dividido en dos bloques de fuerza similar, en 2021 fue el apoyo de parlamentarios árabes lo que permitió a la oposición alejar temporalmente a Netanyahu del poder formando una amplia coalición de Gobierno. Repetir una alianza de ese tipo tras el ataque sufrido en 2023 será más complicado porque podría pasar factura en las siguientes elecciones.

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