Miguel de Unamuno en 1884, recién licenciado en la Universidad Central [CMU, Universidad de Salamanca]
Exposición en la Biblioteca Nacional
Unamuno, el inquieto adivino que predijo la llegada de «un Parlamento y sus parlamentitos»
«Unamuno y la política. De la pluma a la palabra» expone fotografías, publicaciones y documentos originales o manuscritos para recorrer el escarpado sendero del rector por antonomasia de la Universidad de Salamanca
Miguel de Unamuno, en su papel de hombre de enseñanza, de rector para siempre de la Universidad de Salamanca, siempre tuvo un aire de Mr. Chips, aquel profesor británico querido por todos cuya historia tuvo dos versiones cinematográficas, la primera en 1939 y la segunda en 1969, protagonizada por Peter O'Toole. Pero fue mucho más, casi tanto como su escarpado aprendizaje y discurrir, casi con el perfil infográfico de una etapa de montaña en ciclismo.
Montaje de la exposición «Unamuno y la política. De la pluma a la palabra»
«Unamuno y la política. De la pluma a la palabra», exposición gratuita en la Sala Hipóstila de la Biblioteca Nacional de Madrid, comisariada por los hispanistas Colette Rabaté, de la Universidad François Rabelais de Tours, y Jean-Claude Rabaté, de la Universidad de la Sorbonne-Nouvelle de París, es un mapa documental del recorrido político a través de sus pensamientos expresados en sus artículos, jalonados entre noticiosos momentos físicos como consecuencia o como principio.
Montaje de la exposición «Unamuno y la política. De la pluma a la palabra»
Un principio ideológico de juventud que fue casi su prehistoria en el vasquismo psicoanalizado en su particular caletre-laboratorio. Del vasquismo al socialismo, siempre dentro de un liberalismo que se le apareció en la niñez como Obélix se cayó en la marmita de la poción mágica. La unión constituye la fuerza fue el primer puñetazo de este forzudo intelectual que fue el primero en convertir el término en nombre común.
Siempre fue un guía y también un paria, la contradicción permanente en el hombre que tan pronto se sentaba para descansar descubría que el sitio le era incómodo y volvía a levantarse. Utilizó el marxismo como antídoto del anarquismo, ese «mal endémico», una de sus expresiones furibundas que a menudo traían lógicos (en él) arrepentimientos, incluso en forma escrita para que no hubiera dudas. Pablo Iglesias, el fundador el PSOE, se dirigió a él como «correligionario», esto aparece en la exposición en la misiva original que no debió gustarle por el tratamiento.
Montaje de la exposición «Unamuno y la política. De la pluma a la palabra»
Antimilitarista o antipatrioterista, defendía el español, el «idioma único», y señaló al vascuence para decir de él que ya había «acabado de desempeñar su papel cultural». Antipatrioterista y antieuropeo, célebre fue su disputa en este último aspecto con Ortega y Gasset, a quien llegó a llamar papanatas («papanatas bajo la fascinación de los europeos»), quien luego le defendió vivamente, llamándole amigo y despidiéndose como «suyo» en los tiempos del destierro y la censura. Unamuno hablaba de españolizar Europa, y después criticó la neutralidad española en la Gran Guerra, centrando sus críticas en el el rey Alfonso XIII.
Unamuno junto a los acompañantes de su viaje al frente italiano. Septiembre de 1917 [CMU, Universidad de Salamanca]
Unamuno era un español de la generación perdida, de los que se alistaban, pero sin alistarse físicamente sino ideológicamente. Llamó «trogloditas» a los germanófilos y «ganso real» a Primo de Rivera, quien terminó enviándole al destierro en Fuerteventura del que se escapó para ir a París y a su La Rotonde y seguir escribiendo sus sonetos políticos. De allí huyó por recomendación de un gendarme como si fuera el mismísimo Rick de Casablanca advertido por el capitán Renault. Luego vinieron las revistas, Hojas Libres, Honra de España. Volvió a España cuando la dictadura de Primo de Rivera terminó y el rey se marchó casi en paz para siempre. Había llegado la República, pero enseguida puso sus condiciones: él no era diputado republicano, ni de partido, sino diputado español. Vuelta a empezar el periplo interminable.
Tertulia de los intelectuales exiliados en el café de la Rotonde de París [CMU, Universidad de Salamanca]
El camino del «jabalí independiente», como se llamó a sí mismo, que una vez más sin solución tomó distancia de los acontecimientos sin incomodarse e incomodando y prácticamente adivinando en su desasosiego íntimo, en su contradicción íntima y pública, impaciente, cambiante, móvil, la misma que le llevó a votar a favor del Estatuto de autogobierno de Cataluña para discernir después (un auténtico Work in Progress, como se llamó primero el ininteligible Finnegans Wake de Joyce), que «el autonomismo sale caro: saldrá un Parlamento y parlamentitos».