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José Luis de Vilallonga en el año 2000

José Luis de Vilallonga en el año 2000GTRES

¿Quién fue José Luis de Vilallonga, el marqués escritor, actor y socialista que siempre tuvo mayordomo?

Protagonista de una vida de película, seductor y contradictorio, era grande de España y dijo que la aristocracia era una horterada

José Luis de Vilallonga y Cabeza de Vaca era grande de España y marqués de Castellbell. Una horterada, según él mismo. Y a partir de ahí no fue nada perfectamente reconocible. Y al mismo tiempo lo fue casi todo: un seductor tan seductor que llegó a dirigir la revista Playboy. Durante la Guerra Civil luchó en el bando nacional. Era alférez y se enamoró como Hemingway en Italia y se casó de adolescente con una rica noble inglesa.

Biógrafo del Rey Juan Carlos

Escribía y trabajó de corresponsal antes y después de licenciarse en Derecho. Se casó joven, pero en realidad nunca se casó con nadie de verdad (salvo con Syliane, quien le abandonó y luego le cuidó al final de sus días) en la permanente contradicción, y si no tanto, en el permanente viraje, ni siquiera con sus mujeres que después de que él no las quisiera ellas le odiaban como le odiaron tantos porque se metió con ellos en sus libros. El primero de ellos Franco, que le mandó al exilio.

Había criado caballos en Argentina y luego en Francia se puso a escribir libros de éxito y en francés, idioma que dominaba como los nobles rusos del XIX. Con ellos también hubiera salido tarifando un poco al estilo del Bazárov de Turguénev en Padres e hijos. A pesar del nihilismo fue biógrafo del Rey Juan Carlos y de otros personajes a los que no les gustaron sus propias andanzas contadas por él. Escribió obras de teatro y fue actor (más de 70 películas), además de autor adaptado al cine por figuras destacadas como Trintignant.

Amigo de Fellini y Audrey Hepburn

Fue intérprete de Fellini, de Malle, de Schlesinger y de muchos otros, como Blake Edwards en su recordada y celebrada aparición en Desayuno con diamantes con Audrey Hepburn, la película basada en la novela Desayuno en Tiffany’s de Truman Capote. Siempre fue un poco Truman en el chisme en el que se empleó a su regreso a España en 1976. Fue protagonista de la «nouvelle vague», en Hollywood y con Berlanga, que le convirtió en él mismo con un pañuelo en el cuello sin saberse si era él mismo.

Esto fue en las películas de Patrimonio Nacional, donde representó un elemento fundamental en la ficción y en la realidad: la decadencia de los nobles en medio del estilo rijoso del director valenciano. Era como titular Un noble español en la corte del rey Arturo. Un noble del PSOE donde duró unos años hasta que se cansó. Porque parecía que todo le cansaba. Un hombre que lo fue todo por cansancio. Una versatilidad fundada en el hartazgo, en la probatura, en los caprichos que no lo eran, aunque lo parecían, sino una personalidad sin par, más o menos duraderos.

Le Pen y Faulkner

Mitterrand le hizo Oficial de la Legión de Honor el mismo año que se quitó del PSOE. Un socialista con mayordomo toda la vida. Su primera novela, Las Ramblas terminan en el mar, comienza con una frase de Camus que bien podría haber sido él sin saberlo y antes de serlo: «¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no, pero que, aunque rechace, no renuncia jamás. Es un hombre que dice sí desde su primera acción».

Y Vilallonga dijo tantas veces sí que lo vio todo. Vio a un marqués amigo suyo batirse en duelo como en el XVIII mientras Le Pen ejercía de testigo. Durante el rodaje de Desayuno con diamantes contó que había un hombre por allí todo el tiempo al que solían decir: «Aparta Billy», «quita de ahí Billy», y resultó que el tal Billy era William Faulkner. Aseguró que envejeció bien porque siguió los consejos de un amigo geriatra: no hacer deporte, no tener rutinas, comer cuando tuviera hambre, dormir cuando tuviera sueño y hacer todo moderadamente, pero de vez en cuando pasarse en algo. En esto último no le hizo caso porque pasó por todo.

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