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Miguel Hernández y Josefina Manresa en la sierra de Orihuela, 1935

Miguel Hernández y Josefina Manresa en la sierra de Orihuela, 1935Miguel Hernández, poeta, Diputación de Alicante, 1992, p. 124/Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

'Cancionero y Romancero de Ausencias': la voz desnuda del prisionero

Reino de Cordelia recupera, en una edición cuidada e ilustrada por Toño Benavides, los poemas que Miguel Hernández escribió en la cárcel y nunca llegó a ver publicados

Hoy en día se puede leer poesía hasta en el móvil. Tanto por accesibilidad (prácticamente todo poema está ya en la Red, sobre todo si carece de derechos de autor) como por facilidad de lectura, algo que no sucede con otros géneros más extensos (a ver quién es el valiente que lee el Quijote en siete pulgadas); y sin embargo, cómo cambian los poemas cuando están editados con cariño y exigencia. La textura, color y grosor del papel, la generosidad en los márgenes, la elegida tipografía y demás detalles editoriales facilitan el goce y honran a la poesía. La edición de Cancionero y Romancero de Ausencias de Reino de Cordelia es un ejemplo de respeto y saber hacer.

Cubierta de 'Cancionero y Romancero de Ausencias'

Reino de Cordelia (2026). 224 páginas

Cancionero y Romancero de Ausencias

Miguel Hernández

Esta edición, con tipografía en negro y elegante verde carruaje, cuenta con numerosas ilustraciones llenas de color y expresión de Toño Benavides. Tienen la suficiente capacidad interpretativa y simplicidad como para no sobreponerse a los poemas, sino acompañarlos con discreto encanto. La edición, además, está fijada e introducida por Luis Alberto de Cuenca.

Miguel Hernández nunca vio publicado este libro, ni siquiera pudo recopilar y organizar los poemas. Todos fueron escritos en las diferentes cárceles por las que se fue moviendo durante la Guerra Civil, y fueron recogidas tras su muerte, rescatados de cartas y documentos personales. La primera publicación fue en Argentina en los años cincuenta, pero no era difícil encontrar esa edición prohibida en las librerías de España, como dice que hizo el prologuista con apenas quince años.

Frente al poeta político, involucrado en la contienda, agresivo y épico de Vientos del pueblo o El hombre acecha, aquí parece el ser humano que suspira y desea. Ya lo dice el título. Las ausencias no son las de la libertad, propias del encarcelado por sus ideas, sino la aspiración a la cercanía de sus seres queridos. En especial a su mujer, Josefina Manresa, a quien escribió más cartas e inspiró el poema más célebre del libro, y casi diría que del autor: «Las nanas de la cebolla». Poema que le dedicó a su hijo cuando se enteró de que su madre solo se alimentaba, años de hambruna, del picante bulbo. Tal vez ese poema eclipse al otro hijo, el que murió poco tiempo antes y al que llora dolorosamente, otra ausencia, en algún poema previo.

Como digo, el mayor número de versos van dirigidos a su mujer, esposa la llama, inaccesible y deseada, amada hasta la muerte que comienza a rondarle (padece tuberculosis). Además del amor a los hijos, y el amor a la esposa, también encontramos poemas dedicados a la madre.

Se han escritor muchos poemarios dedicados a la amada muerta, pero aquí hay un cambio. En este caso, es la voz poética la distante, tal vez muerta, quien se coloca en el centro de la comunión amorosa. El amor en el poeta de Orihuela es algo tan biológico, tan carnal y terrenal en el mejor sentido del término, que no puede dejar de sorprender por contrastar con la sobreabundancia de platonismo a la que el eros poético nos tiene acostumbrados.

Este último poemario tiene además la virtud de la simplicidad. Si el poeta se ha desnudado de intención política, también lo ha hecho de la estética neobarroca de sus primeros libros. El resultado es un conjunto sencillo de breves poemas de escueto verso y aparente transparencia. Rimas claras que adquieren la categoría y profundidad que se merecen gracias a ese mar de blanco ahuesado en el que aquí se nos presentan.

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