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Cubierta de '¿Qué es el ateísmo?'

Cubierta de '¿Qué es el ateísmo?'Senderos

`¿Qué es el ateísmo?'

¿Es Dios una ilusión infantil, un espejismo arrastrado por la inercia del tiempo, un absurdo incompatible con los estudios naturales, filológicos, etnológicos o históricos?

En el marco de la sevillana editorial Senderos, acaba de aparecer en el mercado el libro ¿Qué es el ateísmo? Su autor, Luis Fernández Navarro, es un catedrático miembro del grupo de investigación Filosofía, Cultura y Naturaleza de la Universidad de Sevilla. Autor de un estudio sobre Skinner (2025) y de otro sobre el anarquismo de Chomsky (2026), colabora habitualmente en congresos y publicaciones de la Fundación Tatiana de Madrid.

Cubierta de '¿Qué es el ateísmo?'

Senderos (2026). 190 páginas

¿Qué es el ateísmo?

Luis Fernández Navarro

Ya en el prólogo se nos aclara: «el lector tiene en sus manos una especie de autobiografía intelectual». A fe que es así: el autor trata la materia con objetividad científica, pero nunca con la distancia de aquel a quien no le afectan estas cuestiones. Aunque joven, ha pasado por el 68 y el postconcilio, y ha sufrido los vaivenes consiguientes. En busca de la verdad, se matriculó en la Facultad de Filosofía y ejercitó la crítica que supone «el análisis, la independencia de juicio, el desapasionamiento y la imparcialidad». Aprendió a «respetar las evidencias y seguir los argumentos sin miedo a su destino», con una notoria honradez intelectual, para concluir que «la historia de las religiones nos ofrece un material empírico tan rico y heterogéneo que resulta demasiado complejo encajarlo en esquemas preconcebidos y universales de evolución».

El libro parece responder a estas cuestiones: «¿Dios? Una ficción. ¿La religión? Un invento. ¿La moral cristiana? Una construcción antinatural. ¿La materia? La única realidad, inmortal en su ser y mortal en sus disposiciones. ¿El alma? Una extensión finita, constituida por átomos. ¿Bien y mal? Fábulas. ¿Bueno y malo? Utilidad. ¿La muerte? No ser, nada que temer. ¿El cuerpo? Una máquina. Este es el catecismo del ateo ilustrado».

El texto se estructura en tres partes de distinta dimensión: 1. ¿Qué es el ateísmo?; 2. Historia y crítica del ateísmo; y 3. Las dificultades científicas del ateísmo. Culmina con una sintética, pero muy completa, bibliografía, que permite a los interesados en el tema seguir profundizando en él.

En menos de doscientas páginas dialoga con los autores y tendencias del ateísmo desde la Antigüedad hasta nuestros días. No se trata de una historia de la filosofía o de la teología, sino de una selección de los intelectuales pertinentes. Incluso, en la última parte, demuestra estar muy al día de las cuestiones científicas en relación con este asunto. Es difícil sintetizar la aportación de filósofos o científicos, centrar el núcleo de sus tesis, exponerlas y comentarlas distinguiendo lo positivo de lo equivocado. Aquí se logra, sin lugar a dudas.

El resultado merece la pena: el repaso histórico desde la Antigüedad –donde apenas había ateos– hasta hoy va a lo esencial, centrándose en el ateísmo, pero contextualizándolo. Las edades Antigua, Media y Moderna se apuntalan en sus filósofos y teólogos representativos: Protágoras, Demócrito, Critias, Tomás de Aquino, Siger de Brabante, Boecio, Lutero, Nicolás de Cusa, Bruno, Spinoza, Bayle, Gassendi… y otros menos conocidos a quienes se pasa revista, señalando pros y contras en relación con el ateísmo. A partir del siglo XVIII, los epígrafes responden a cuestiones como «agnosticismo, deísmo, naturalismo, materialismo, hedonismo, escepticismo, antropoteísmo, neoateísmo», o bien «sistema, ilusión, libertad»… porque son los conceptos los que aglutinan a figuras destacadas desde entonces. No en vano se nos había advertido de que el cuarteto conceptual básico de la cuestión abordada estaba formado por agnosticismo, teísmo, ateísmo y deísmo ilustrado. Con este último nace propiamente el ateísmo contemporáneo. Y, en una obra de divulgación –aunque sea alta–, siempre conviene definir los conceptos con los que se trabaja. Otro aspecto significativo del libro: según se avanza hacia el mundo contemporáneo, el autor dedica más páginas a dialogar con las tesis de quienes va estudiando.

El desfile de autores es completísimo: Voltaire y la Enciclopedia francesa (deísmo); Meslier, interesante y no tan conocida figura del naturalismo; La Mettrie (materialismo); Helvetius (hedonismo). Luis Fernández va acotando con sus comentarios: «para muchos, vale solo afirmar, adelantar verosimilitud, no ponerse a probar la verdad». Porque «materia, determinación, ficción, ilusión son nociones recurrentes, indispensables en todo ateísmo». Pero también es capaz de admitir la calidad argumentativa de muchos ateos, ya que «no todo conocimiento puede provenir completo de una fuente sensible. Es siempre una mezcla de elementos teóricos y datos de experiencia».

Es evidente el esfuerzo por abarcar las figuras contemporáneas que se han planteado el problema de la fe: Feuerbach; Marx –cuyo ateísmo es más una crítica de la religión que una investigación sobre la existencia de Dios–; Nietzsche, tan brillante, complejo y poco sistemático; Freud, con su explicación psicológica de lo religioso como ficción, ilusión, engaño y neurosis obsesiva universal, nostalgia del padre perdido; Sartre, para quien el hombre, arrojado al mundo y abocado a la praxis, está condenado en cada instante a inventar al hombre; o los cuatro jinetes (Harris, Dawkins, Dennett y Hitchens), a quienes dedica bastantes páginas.

Uno de los aciertos del libro es que implica al lector, le anima a reflexionar sobre los intelectuales estudiados. En un determinado momento, el autor concluye: «la ciencia en ninguna de sus ramas ha podido emitir un dictamen teológico y son ya varios siglos de trabajo, pero ni hay laboratorio que avale la existencia de Dios, ni tampoco su opuesto». Y añade: «Pensando solo en el hombre, desde los ojos de la fe teísta, el ser humano, producto de Dios, imagen de Dios, tiene una dimensión sagrada». Y «puestos a pensar, podríamos también poner en juego la hipótesis de que toda religión existe como respuesta humana al hecho obvio de que Dios existe».

Un libro que todo intelectual que se precie –más aún, cualquier ser humano en busca de la verdad– debería leer.

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