Karla Sofía Gascón derriba el muro del nuevo feminismo
Las opiniones de la actriz se llevan por delante las tesis de varias películas recientes, mientras TVE se alista en las filas independentistas y Melody se consagra como diva, con reconocimiento ministerial
Karla Sofía Gascón protagoniza «Emilia Pérez»
Más que su propia irrelevante carrera como intérprete, mediante la revelación de su pasado twittero, lo que Karla Sofía Gascón se ha llevado por delante es la tesis fundamental de dos de las películas favoritas para los premios de estos días.
Emilia Pérez parte de un argumento delirante: la conversión de un temible capo del narco mexicano mediante un pretendido cambio de género. El antaño criminal pasa así a ser ya una damisela preocupada por el dolor de los familiares de sus antiguas víctimas, a las que ni siquiera han podido enterrar. Por eso empeña parte de su mal habida fortuna en una fundación para brindarles generoso apoyo.
O sea, que el ejercicio de la bondad les pertenecería exclusivamente a las mujeres o, en todo caso, a hombres desprovistos de aquello esencial que sería causa y origen de toda suerte de desigualdades, ignominias, ultrajes…
Pues en una inesperada enmienda a la totalidad, ahora resulta que Karla Sofía Gascón continuaba expresándose con idénticos niveles de zafiedad después de haber dejado atrás, quizá para siempre, esa «toxicidad» propiamente masculina gracias a su transformación.
Aunque si se prefiere la ficción, ya en las recientes Tar, y ahora Babygirl, se sostiene que los abusos de poder en el terreno laboral, por ejemplo, tienen más que ver con cierta predisposición común a adoptar determinados comportamientos, según la posición alcanzada, que con el género. La naturaleza humana no cambia demasiado y, en el fondo, unas y otros somos, más bien, iguales.
TVE se alista en el independentismo
Cuando lo de la guerra de Cuba, Estados Unidos lanzó una feroz campaña propagandística en contra de España. Consistía en dibujarla a través de noticias y opiniones como un lugar atrasado y triste, donde todo pensamiento fértil se encontraba morbosamente anclado en la muerte. No valía la pena mantener vínculo alguno con aquel país sombrío, de rudas costumbres, que retrataron tantos artistas, como el propio Goya.
Las fuerzas independentistas ya no ocultan su objetivo: referéndum para 2031 (justo al concluir el previsible próximo mandato de Sánchez)
Esa misma imagen, o muy parecida en la delineación de sus negruzcos contornos, aplicada sobre todo a Madrid, obtiene estos días su correspondencia en las crónicas interesadas, chismes y chabacanerías que difunden a cada rato, con aplicada insistencia, los medios públicos catalanes.
El asunto no gozaría de mayor consideración, salvo por el nimio detalle de que son socialistas los que gobiernan ahora allí (colaboradores necesarios, entonces), dado que las fuerzas independentistas ya no ocultan su objetivo: referéndum para 2031 (justo al concluir el previsible próximo mandato de Sánchez).
Lo realmente angustioso es que sus equivalentes nacionales se sumen con entusiasmo a tal operación. La Dos de TVE comenzará a emitir íntegramente en catalán a partir del año próximo. Y lo de menos resultará el idioma: lo esencial serán los contenidos que proporcionarán las productoras ligadas a la causa. O que en La Primera, una «influencer» madrileña, Inés Hernand, se preste a definir en horario de máxima audiencia la ciudad en la que nació, y donde desarrolla su actividad profesional, como «sumidero». Una fiel discípula de Petáin.
«Quedarse en la cama», como sugería Chesterton
Por cierto, sostenía Pla, el gran escritor catalán, que «en Madrid, si tenéis la simpatía suficiente, podéis entrar en una sociedad o en otra, aunque no tengáis dinero. En Barcelona, si no tenéis dinero, por muchos atractivos que poseáis, os será muy difícil». El autor de El cuaderno gris solía concebir sus reflexiones, mientras vivió en la capital, en la cama. «¿Hay algo más noble y correcto que dormir?», llegó a interrogarse.
La revalorización de la posición horizontal se encuentra en pleno auge
Chesterton ya consagró un breve ensayo a ensalzar las virtudes de ese «punto de inacción». Y otro autor aún más cercano, Bernd Brunner, ha publicado Vivir en horizontal (historia cultural de una postura). Parece que ya no serían solo los «acostados» (esos seres que dimiten de la vida activa para centrar en el lecho todo su mundo; a veces con consecuencias artísticas formidables, como en los casos de Matisse, que pintaba tumbado, Proust u Onetti).
Apunta Brunner que «nuestra agotada sociedad postmaterial está en proceso de repensar las cosas, y la revalorización de la posición horizontal se encuentra en pleno auge».
Permanecer en el catre ya no resultaría algo indigno, va cosechando un lento pero progresivo prestigio. Marx (el de verdad) lo sabía: «Nada que no puedas hacer en una cama merece la pena hacerse».
Melody, de cantante de los gorilas a diva
Una cantante cualquiera es eso mismo, jamás una diva. Desde luego, no en los términos en los que este concepto algo difuso se constituyó para designar lo verdaderamente excepcional. Divos eran en origen los dioses. Y luego, ya en latín reformado, también algunos santos y santas católicos. La «humanización» del término alcanzaría más tarde a otro tipo de divinidades, las cantantes legendarias de la ópera, como la madrileña Adelina Patti o Giulia Grissi, posiblemente, hasta Maria Callas (la última).
Vivimos alegremente instalados en los dominios de la mediocridad
Al lado de Adelina Patti, que poseía hasta un tren propio, se encontraba el agente Maurice Strakosch que, a partir de las cualidades únicas de su célebre representada, estableció en Souvenirs d’un empresario las características que debía reunir una auténtica diva: «Ha de poseer una voz maravillosa, un gran talento dramático y una fascinante belleza. Su ascendiente sobre el público ha de estar fuera de toda objeción y a su original personalidad ha de añadir una constitución física de hierro. Porque la salud, sin la cual una ‘estrella’ no brilla, se somete a una dura prueba en el repertorio actual».
Melody, aquella niña de los gorilas, parece poseer sobre todo esto último, dado que superó una pulmonía en un par de días para proclamarse ganadora del Benidorm Fest. El resto ya parece más discutible. Pero según ha declarado ella misma a propósito de su canción: Nadie es más que nadie. Y, por tanto, como le ha reconocido al felicitarla hasta la ministra del ramo («la igualdad es mi bandera», proclama orgullosa la letra), en tiempos de rebajas cualquiera puede ser considerada una «diva sencilla, como un simple mortal».
Por ese camino hemos llegado hasta aquí. El jurado prefería como mejor otro de los inocuos temas, pero el voto del público se impuso. Vivimos alegremente instalados en los dominios de la mediocridad. Es lo que elegimos cada día, ser iguales.