Marco Pérez se despide de novillero matando seis novillos, con el cartel de «No hay billetes»
Sufre dos fuertes volteretas y pincha la faena más emocionante
Marco Pérez, este viernes en Las Ventas, donde se ha encerrado con seis novillos
Desde que se anunciaron los carteles de la Feria, ha sido éste uno de los que más llamaron la atención. No sólo se pone de nuevo el cartel de «No hay billetes» sino que llegan noticia de reventa. Ya ve, señor Urtasun: los toros no interesan a nadie… En cambio, los españoles están felices porque, gracias a usted, va a comenzar la descolonización del Museo de América. ¡Por fin, acabamos de comprender lo malos que hemos sido, en nuestra historia! Lo dijo la Leyenda Negra antiespañola pero no nos quisimos enterar, hasta que llegó este Ministro…
Esta tarde, sigue Marco Pérez el ejemplo de El Juli: una semana antes de tomar la alternativa, en Nimes, el 6 de junio, ante las cámaras de One Toro, se despide del escalafón inferior matando seis novillos en Las Ventas.
Es muy buena noticia, para la Fiesta, que surja un nuevo fenómeno, lo que siempre hemos llamado un niño prodigio, porque atrae al público; especialmente, a los espectadores que lo ven próximo a su edad.
Algunos de esos talentos precoces consolidan luego su carrera; otros, se quedan por el camino. En arte, fueron niños prodigio, por ejemplo, Mozart, Isaac Albéniz, Picasso. Varios grandes maestros de la línea dominadora comenzaron a torear de niños: Joselito el Gallo, Marcial Lalanda, Luis Miguel Dominguín, Paco Camino, Enrique Ponce…
Creo que los modelos más directos de Marco Pérez son El Juli y El Niño de la Capea, también salmantino. En realidad, Marco ya no es tan niño, va a cumplir en octubre 18 años pero no es alto. Sin embargo, su estampa arrogante es la de un torero.
Marco Pérez, con su cuadrilla antes del comienzo de la novillada
Al verlo torear, se advierte en seguida su capacidad, su amplio oficio y su ambición: les hace a los novillos de todo, posee amplios recursos y repertorio. Creo que le falta depurar su estética y mejorar con la espada. Me gustaría que no siguiera las modas actuales –las únicas que él ha podido ver, por supuesto– y se encaminara más por el toreo clásico. Pero, como decía un salmantino de adopción, Gonzalo Torrente Ballester, no se deben pedir cotufas en el golfo.
Matar seis toros en Las Ventas es empresa ardua, en la que incluso grandes maestros han encallado. Para esta corrida, se han elegido novillos de dos ganaderías de mucha garantía, en principio: tres de Fuente Ymbro (2º, 3º y 5º) y tres de El Freixo, la ganadería extremeña que ha creado El Juli, de encaste Domecq, que suele dar también muy buen juego.
Los novillos de esta tarde dan un juego variado; el mejor, el quinto, de Fuente Ymbro, muy aplaudido; los del Freixo, manejables. Marco Pérez no corta ningún trofeo: ni redondea faenas ni mata bien. Piden la oreja algunos, en el cuarto, y da la vuelta al ruedo, en el quinto.
Vestido con un clásico grana y oro, lo reciben con una cariñosa ovación. Pero protestan el primer novillo, del Freixo, porque es lo que los taurinos llaman muy «bonito»; es decir, justo de presencia. Lo colocan dentro de las rayas: en Madrid, hay que cuidar más esas cosas. El novillo empuja bien en el caballo, con el rabo en alto, las dos veces; la segunda, apenas lo castigan. Se viene pronto a la muleta y repite, aunque justo de fuerza. Desde la primera tanda, surge la división de opiniones, por la colocación. Marco luce su desenvoltura, su facilidad, aunque el novillo ha ido a menos. Muestra también su valor, muy en corto. No me gusta que acabe mirando al tendido pero, si lo hace Roca Rey, ¿por qué no lo va a hacer un novillero? (Lo inventó mi amigo Ángel Luis Bienvenida y me contó la vergüenza que le daba). Mata Marco a la cuarta. No empieza bien la tarde.
El segundo, de Fuente Ymbro, colorado, va de lejos al caballo y derriba dos veces (la segunda, por buscar el cuello del caballo); ha de entrar una tercera vez para que lo pique bien Alberto Sandoval. El novillo es reservón pero encastado. Aguanta bien, en un par de banderillas, Rafael González. El animal mete la cabeza en el engaño con clase y el joven lo aprovecha con derechazos mandones. ¿Para qué intercala una arrucina? Las malas modas. Por la izquierda, el novillo queda más corto. Acaba con manoletinas, dejándolo pasar, sin más. Insiste en las repetidas miradas al tendido, al final de cada serie (ya no lo repetiré más, para no aburrir). Mata a la tercera: segundo silencio.
Marco Pérez, rodilla en tierra en un momento de su despedida como novillero
También protestan el tercero, de Fuente Ymbro, mal picado. En vez de sujetarlo, Marco quita por chicuelinas y el novillo se le va. Muy bien, como siempre, Iván García, que aguanta el arreón, en banderillas. Brinda Marco al público. Llama al novillo desde lejos, acude pronto y, en el segundo muletazo, casi se lo lleva por delante; embiste con la cara alta, vuelve rápido. El diestro saca casta, se la juega al natural pero no logra dominarlo. Mata a la segunda: tercer silencio.
Acude a portagayola en el cuarto, del Freixo, que sale muy suelto, barbeando tablas, amaga con saltar, embiste incierto. No es un galleo lo que necesita el animal sino fijarlo y dominarlo. La lidia es desordenada. Brinda al Director de la Escuela Taurina de Salamanca. Comienza haciendo el poste. El novillo embiste con nobleza a la muleta, le permite ligar derechazos; por la izquierda, queda corto. Pronto, el animal se desentiende: el joven recurre al arrimón, recibido con división de opiniones. (Si lo hacen las figuras, ¿por qué no lo va a hacer él?). Demuestra valor y entrega, no dominio. Esta vez, mata a la primera, con decisión: la petición es escasa pero saluda una ovación.
Vuelve a portagayola en el quinto, de Fuente Ymbro, y enlaza con verónicas animosas. Empuja bien el novillo en el caballo. Quita Marco con gaoneras ceñidas. Brinda de nuevo al público. Dándole distancia, comienza con dos muletazos cambiados y pases del desdén, que levantan el primer clamor de la tarde. El novillo mete muy bien la cara, le permite ligar algunos naturales, aunque protestan la colocación. Sale Marco por los aires en una fea voltereta y vuelve a la cara del toro, sin inmutarse: nueva voltereta. Se ha ganado a la gente con su valor pero pierde el trofeo con la espada. Aplauden al novillo y Marco decide dar la vuelta al ruedo, entre una fuerte división.
Marco Pérez sufrió una voltereta en el quinto
Ese novillo, de nombre Boquiflojo, pesaba 538 kilos
Este joven salmantino cumplirá 18 años el próximo mes de octubre
Por tercera vez acude a porta gayola en el último y el animal no sigue el engaño, hace por él. Se salva por los pelos. El novillo del Freixo empuja bien en el caballo, metiendo los riñones. Lo llama Marco de rodillas desde el centro, liga muletazos voluntariosos a un novillo noble que flaquea y transmite poco, se para. Amaga con citar a recibir y acierta al volcarse con la espada. Lo despiden con aplausos.
Una señorita que se ha pasado la tarde, en el palco de al lado, merendando opíparamente una bandeja de productos ibéricos, me pide que le resuma lo que más me ha gustado de la actuación de Marco Pérez. Ha sido esto: el gesto de matar seis novillos. Llenar la Plaza, atraer a muchos partidarios. La decisión, la entrega. La facilidad para torear y para conectar con el público. Pero también me pregunta lo que menos me ha gustado y debo contestarle: no redondear la tarde, no cortar trofeos. Mandar poco. Incurrir en muchas modas del toreo actual. Mirar demasiado al público. Matar mal.
Marco Pérez consiguió llenar la Plaza de Toros de Las Ventas en su despedida como novillero
Saliendo de la Plaza, escucho a una chica, con gesto amable: «Ha de matar mejor. Pero es tan joven…». Su acompañante, más adusto, replica: «Pero va ya de primera figura...». Me temo que los dos tienen razón. Cada aficionado decidirá cuál de las dos cosas pesa más, en su personal balanza.