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Bocados de realidadCésar Wonenburger

¿Radio Nacional de España o Radio Palestina?

El antisemitismo militante cala entre los tertulianos de RNE, mientras Jeff Bezos se enfrenta a las palomas venecianas, muere el autor de la sintonía de 'Misión imposible' y los mariachis hacen horas extras en Interior

Concentración en favor de Palestina en MadridEFE

El otro día, mientras conducía por el litoral tarifeño, me dio por poner la radio del coche. Proliferaban las estaciones marroquíes, bastantes de Tánger, con su mezcla de comentarios y músicas que intercalaban las más exóticas del propio país junto a populares éxitos franceses y norteamericanos de otros tiempos.

La primera emisora española que se escuchó decentemente fue RNE, que no sintonizaba desde los tiempos de la Transición. Allí se oficiaba una especie de tertulia, pero en realidad parecía un informativo de Radio Palestina, con todos los invitados cargando contra Israel, Netanyahu y sus ejércitos, sin apenas alguna voz crítica que sirviera de contrapeso a aquel mitin propio de fanáticos de la Intifada.

Luego vendrían las noticias de varios grupos musicales que lanzaron consignas parecidas, quizá con palabras más gruesas e insultos, durante un festival de música, en Inglaterra, destinado a los jóvenes.

El antisemitismo radical de los comentaristas de RNE les va en la nómina, es su modo de cumplir con el libro de estilo estos días. Dentro de poco, quizá, cambiarán de jefe y el PP no reemplazará a nadie: simplemente los que están se adaptarán a las nuevas consignas que toquen, o seguirán con las mismas si observan que nadie les lee la cartilla y aun cobran (lo más probable).

Más grave es lo de estos chicos occidentales que han encontrado a su nuevo Che Guevara entre los ayatolás de Hamás, promovidos por Irán. ¿Se darán cuenta, algún día, de que, si alguna vez triunfase el yihadismo, los primeros sacrificados en la pira de los infieles serían ellos mismos, unos por bobos, otros incluso por sus preferencias sexuales?

Recuerdo el testimonio de uno de los sobrevivientes del ataque perpetrado en aquel octubre de 2023, por cierto, en otro evento musical sobre el vulnerado territorio israelí. Era un chico que, aterrado, se lanzó a correr para intentar salvar la vida, mientras perdía su móvil.

Lo que más le preocupaba no era que aquellos terroristas pudieran pillarle, sino que, antes, se hubieran hecho con su teléfono. En la foto de la pantalla del aparato figuraba una reveladora imagen suya, en compañía de su novio, que no planteaba dudas sobre su condición.

Lo que seguramente le harían aquellos cafres por ello, antes de matarlo, era aún más espantoso que el presagio funesto de su propia ejecución. Pero sigan entonando sus desnortadas liras en favor del salvajismo.

Jeff Bezos y la caca de las palomas

En el relato de sus paseos romanos, Stendhal afirmaba que «las personas algo delicadas tienen esta desgracia, muy grande en el siglo XIX; cuando advierten exageración, su alma no está dispuesta sino a utilizar la ironía». La costumbre todavía perdura.

De todas las extravagancias, reales o fruto de la fantasía desbocada de los cronistas, que se enumeran estos días a cuenta de la reciente boda del siglo (entre las varias que se celebran en 2025), hay una que erosiona, de un modo quizá irreparable, la imagen pública del magnate Jeff Bezos.

Resulta que su séquito de abnegados siervos contrató los servicios de un selecto grupo de halcones. Y no como parte de un entretenido show de cetrería, que pudiera sumarse a las diversas atracciones con las que estos días se amenizó la estancia de los numerosos invitados al enlace veneciano.

No, las aves fueron requeridas con otra misión mucho más perentoria: mantener a raya y repeler los vuelos de las audaces palomas en un espacio muy concreto, aquel destinado exclusivamente a los asistentes vip, aquellos que formarían parte de la llamada «lista A» del enlace, la de celebridades, empresarios y mandatarios.

Puede resultar encomiable que los perspicaces empleados de Bezos repararan en el incordio que podría suponer, para Ivanka Trump o Rania de Jordania, si alguno de los molestos pájaros decidiera engalanar aún más los tocados de estas damas, o la coronilla cada vez más despoblada de Bill Gates, con una plasta de sus pestilentes residuos alimenticios.

Pero lo que constituiría un detalle de amabilidad sin límites, la previsora eficacia de un anfitrión ideal, aquel que se anticipa y vela en la sombra por el bienestar de los lujosos figurantes de su evento, revela otra sórdida faz al dar pie a odiosas distinciones.

Si los halcones solo trabajaron en un espacio delimitado, el de los más famosos, ¿qué ocurrió, mientras, con el resto? Es decir, que Bezos (o sus colaboradores, dejémoslos ahí y ya cada cual que acepte su responsabilidad en el escarnio) preferiría que la caca palomera se posase grácilmente sobre la testa de su prima Angelita de Valladolid, o en la de la tía Agnes, que vive en Sausalito (tras salir de Cuba), antes que mancillar las de las hermanas Kardashian, que además son medio armenias…

La familia puede llegar a constituir un incordio, sin duda. Pero Jeff, si un día lejano (Dios no lo consienta), los victoriosos chinos lograsen deshacer tu imperio y te vieras desposeído de toda tu inagotable fortuna, ¿quién crees que te acogería antes en su seno sin rechistar? ¿La madre de Kim, tu suegra o tu tía Agnes?

La misión imposible de Lalo Schifrin

Hasta la mesa del desayuno llegaron los silbidos de un ya veterano, simpático camarero andaluz, que apenas había reparado en nuestra presencia en horario intempestivo. Un buen empleado español de hostelería, y con ese exquisito talante desde primera hora, menudo hallazgo…

Nítida desgranaba, aquel hombre, la melodía de La donna é mobile, seguida casi inmediatamente por la música de El padrino. Su afición musical no parecía tener límite y, al día siguiente, ya con más público, lo sorprendí entre la fruta mientras cantaba por lo bajini una versión del Cara al sol; para que luego digan que el proletariado sureño solo es fiel a los símbolos del socialismo.

Pero no nos desviemos. Acaba de fallecer Lalo Schifrin, para muchos simplemente el autor de la popular sintonía de Misión imposible. Como tantos otros compositores de su generación, Schifrin tuvo una formación orientada hacia la creación de grandes piezas de la llamada música clásica: sinfonías, óperas y por ahí.

Hijo de un antiguo violinista del Teatro Colón de Buenos Aires, había comenzado sus estudios con Enrique Barenboim, el padre de Daniel, hasta que la familia se marchó de Argentina para perseguir el sueño de aquel niño prodigio (y seguramente del progenitor). Schifrin tuvo otros maestros, pero pronto cayó en las redes del jazz gracias al gran Dizzie Gillespie, durante una visita del artista al país sudamericano.

Al enrolarse en la banda del mítico jazzman, se marchó a los EE. UU. e hizo fortuna, sobre todo, con las bandas sonoras de las películas durante su fructífera etapa en Hollywood.

Nunca olvidó sus raíces y escribió algunas piezas para gran orquesta, aunque ahí no triunfó. Algo lo impulsaba siempre a lo más popular, como cuando colaboró como inesperado arreglista para los Tres Tenores: suya fue la idea del popurrí con el que terminó el célebre concierto en las Termas de Caracalla, donde Caminito, un tango de su patria se mezclaba con la explosión napolitana de O sole mio. Un triunfo planetario.

Lo mismo que Verdi con el aria de su Rigoletto o Nino Rota a partir de la música que creó para Francis Ford Coppola, Schifrin pertenece sobre todo al imaginario del hombre común como autor del rítmico estallido que ponía en marcha las aventuras de aquellos intrépidos agentes en una serie de televisión, luego replicada en las películas.

¿Hubiera preferido para él mismo otra cosa? Muchos se esfuerzan en cultivar partituras durante toda la vida, para que luego nadie los recuerde jamás. Es otro tipo de éxito.

Mariachis para toda ocasión

Prolifera el alquiler de mariachis en las fiestas madrileñas que se celebran en casas con jardín, o terreno amplio (el orfeón, aunque mínimo, no se acomoda fácilmente a las estrecheces más urgentes de la sala de estar).

La costumbre de agasajar aniversarios y otras celebraciones mediante estas demostraciones de la música popular mexicana proviene seguramente de Hispanoamérica: en Colombia, por ejemplo, se ofrecen a modo de serenatas (importadas durante la época de la conquista) a las pretendidas, conquistadas o enojadas.

Quizá el hábito, con la presencia cada vez mayor de hispanoamericanos en nuestro país, provenga de allá, aunque la idea germinase, primero, aquí, como se ve, por ejemplo, al inicio de El barbero de Sevilla de Rossini.

Y ha contado con algunos pioneros modernos entre nosotros, como el fallecido César Alierta, antiguo factótum de Telefónica, que gustaba de enriquecer todos sus festejos con rancheras y corridos (era un gran aficionado, a veces se dejaba caer de madrugada por el Tony 2).

Lo cierto es que este recurso musical parece cada vez más extendido, hasta entre la Guardia Civil, que incluso le ha encontrado nuevos usos. Como Marlaska, entretenido en conmemorar orgullos varios y otros asuntos, no les paga las dietas, los enojados agentes se han hecho acompañar de uno de estos conjuntos para improvisar una suerte de manifestación cantada, ante el ministerio.

Solo una observación. Fíjense bien en las letras originales y no precisarán cambiarlas, como han hecho ahora, para adecuarlas al objeto de sus justas demandas. Como esa que proclama: «Sabes mejor que nadie que me fallaste, que lo que prometiste se te olvidóóóó….» Alguien debería llevarlos hasta la propia tribuna del Congreso. A ver si la presidenta Armengol tiene bemoles para expulsarlos.