El odio anticlerical en la España de la Segunda República y la Guerra Civil implicó la mayor pérdida patrimonial, junto con la destrucción de arte a manos de las tropas de Napoleón durante la Guerra de la Independencia, de la historia de España. La quema de conventos de 1931, tras la proclamación de la Segunda República, fue el pistoletazo de salida de una oleada de saqueos e incendios en iglesias y conventos que alcanzaría su punto álgido en los primeros meses de la Guerra Civil. Por citar un caso, los milicianos republicanos incendiaron en los primeros meses de la guerra la iglesia de San Andrés de Madrid, una de las joyas artísticas barrocas de Madrid. La iglesia, con una decoración barroca en su interior única, quedó destruida. Parcialmente restaurada en 1941, nunca recuperó el esplendor previo al asalto y, en cualquier caso, la decoración barroca original se perdió para siempre.