Alejandro G. Roemmers en Cremona
Entrevista al escritor Alejandro G. Roemmers
«España es una unidad cultural e histórica que nos ha dejado un legado muy rico en Hispanoamérica»
El escritor argentino Alejandro G. Roemmers acaba de publicar 'El misterio del último Stradivarius', uno de los raros ejemplos de las novelas de circulación en español
En octubre de 2021, dos muertes conmocionaron al mundo del arte. El arqueólogo y lutier alemán Bernard Raymond Von Bredow y su hija fueron violentamente asesinados en su casa de Paraguay. La investigación posterior apuntaba al robo de violines Stradivarius como el móvil del crimen.
El escritor Alejandro G. Roemmers recibió la noticia en su móvil. Incluso dentro del contexto pandémico en la que se desarrollaba, la historia llamó poderosamente su intención, precisamente, por la presencia de los legendarios violines en las afueras de Asunción, la capital paraguaya.
La conjunción de estos hechos ha acabado derivando a la reciente publicación de El misterio del último Stradivarius (Planeta), un raro ejemplo del género de la novela de circulación en español.
Roemmers aúna thriller, realismo mágico e historia para construir una ficción de investigación en la que pululan personajes como Verdi o Casanova.
El autor, fuerte crítico del socialismo en el pasado y defensor de las medidas de Javier Milei como alivio económico para Argentina, atiende a El Debate para hablar del relato de película que terminado convirtiendo en una novela prologada por su amigo Mario Vargas Llosa.
— ¿Cuál es la chispa que hace surgir El misterio del último Stradivarius? ¿Por qué se decantó por el suceso de la muerte de Von Bredow y su hija?
— Me enteré de la historia durante la pandemia, cuando apareció la noticia en mi teléfono. Por supuesto, me impactó la crueldad de los asesinatos, motivados por el robo de un violín Stradivarius al alemán.
Con el paso de los días, me di cuenta de que lo que más me daba vueltas, hasta el punto de que llegó a convertirse en una obsesión, era esta pregunta: ¿qué hacía semejante violín en las afueras de Asunción? ¿Qué tuvo que pasar para que llegara hasta ahí?
— ¿Qué supuso para usted que Mario Vargas Llosa prologara la obra?
— Con Mario Vargas Llosa compartí múltiples encuentros y charlas alrededor de la literatura y del trabajo de instituciones que defienden los valores democráticos. Poco a poco se fue formando una amistad, que complementó la mutua admiración que nos unía por la literatura.
Vargas Llosa leyó uno de los primeros borradores del libro, y lo entusiasmó tanto que se animó a preparar un prólogo muy extenso y profundo, del que se seleccionó un fragmento para la novela. Primero lo escribió y luego lo dictó, y tengo entendido que es lo último que salió de su prodigiosa pluma.
— ¿Cómo ha logrado entretejer realismo mágico y thriller?
— En primer lugar, me parece importante aclarar que el violín de mi novela no es un objeto mágico o de realismo mágico. Si por magia entendemos algo ajeno a nuestra realidad, te diría que ninguno de los personajes de mis novelas tiene poderes mágicos, ya que, ante todo, valoro la realidad que nos ha tocado vivir.
Dicho esto, quienes entran en contacto con él piensan que sí es un objeto mágico. En otras palabras, más que sus supuestos poderes, lo que importa es la percepción que la gente tiene de ellos.
Igual que lo ocurrido con objetos legendarios, como las espadas Excalibur, Tizona o Durendal, quienes se apropian del Stradivarius se sienten invencibles, piensan que ese instrumento obra milagros, lo que los anima a tomar unas decisiones y a correr unos riesgos que habrían evitado si no creyeran en el poder del violín.
Dicho esto, creo que uno de los mayores retos al escribir la novela fue la convivencia de ambas historias. Por una parte, estaban los pasajes del pasado, que se basan en hechos conocidos y, por otra, los que ocurren en la actualidad, vinculados a la historia del asesinato.
Siendo muy distintos, debían estar equilibrados y funcionar coordinados, retroalimentándose y contribuyendo a elevar el misterio y la tensión narrativa hasta el desenlace.
— ¿Cómo ha sido la reconstrucción de un personaje como Antonio Stradivari?
— Antonio Stradivari es un personaje fascinante, admirable, que dedicó su existencia a encontrar la perfección en su especialidad, en este caso, la fabricación de instrumentos musicales. Lo más increíble es que la encontró y que, después de tantos años, con los vertiginosos avances de la ciencia y la tecnología, nadie haya sido capaz de imitar ese logro.
De todos modos, debo advertir que Stradivari es un modelo histórico sobre el que me he permitido fantasear, tomando las licencias que permite la ficción.
Cubierta de 'El misterio del último Stradivarius'
— Cambiando de tercio, no puedo evitar mencionarle que en alguna ocasión ha declarado que Milei puede inspirar el cambio que Argentina necesita, ¿cómo ha visto evolucionar a Argentina desde que comenzó su mandato?
— Argentina necesitaba un cambio que revalorice la capacidad individual de los emprendedores y de quienes estén dispuestos a asumir riesgos empresariales. Eso requiere de un ambiente favorable, que estimule un clima de negocios y estabilidad, que permita una retribución al esfuerzo, y donde las capacidades de cada uno puedan traducirse en resultados.
Los sistemas que tienden a garantizar retribuciones sin esfuerzo y a desmotivar la iniciativa, la creatividad y la inversión, terminan por anular la capacidad de desarrollo de esas sociedades.
Argentina es un país con enormes recursos, tanto materiales como humanos, pero su mala administración, pobre educación, ausencia de consensos básicos que sostengan los pilares del desarrollo y falta de inversión a largo plazo de muchas décadas han impedido que esos recursos fructifiquen y produzcan el nivel de bienestar general que nuestra sociedad podría tener.
Dado el momento crítico que se vivía, con amenaza de hiperinflación y colapso, se ha logrado un enorme éxito en la estabilización de las variables macroeconómicas y la reducción de la inflación, que es un impuesto injusto a los más necesitados y a los asalariados que no pueden defenderse de él.
Estamos ahora frente al desafío de lograr el desarrollo, el crecimiento del empleo y la mejora de la calidad de vida de todos.
— Desde su punto de vista, ¿ha mejorado la situación del país con el fin del kirchnerismo?
— El país ha mejorado en su estabilidad, su previsibilidad y se advierte un clima más positivo para el emprendimiento y la inversión. Se han estabilizado las variables macroeconómicas y queda por delante el desafío de un desarrollo sostenible.
Con mucho sacrificio, se ha reducido la pobreza por el efecto de la reducción de la inflación, pero quedan por delante nuevos desafíos, sobre todo la consolidación del actual proceso. Esperemos que continúe con el apoyo que lo ha hecho posible.
— También ha criticado duramente el socialismo en alguna ocasión. ¿Sigue firme en esta idea, lo sigue considerando un fracaso?
— En principio, estoy en contra de todos los «ismos». Por otra parte, hay que decir que hay muchos tipos de socialismo. Es muy diferente lo que entienden unas y otras personas por socialismo. Obviamente, estoy a favor de lo que implique una mejora y un crecimiento para toda la sociedad.
Asimismo, estoy en contra de la hipocresía en la política, cuando se pretende ocultar y cambiar la realidad, lo que generalmente se ha denominado «populismo». Creo que, lamentablemente, en el mundo actual hay una tendencia fomentada por las redes sociales y la inteligencia artificial de polarización en todas las sociedades.
Yo soy defensor de los justos medios y de tomar de todo el mundo las cosas que funcionan y aplicarlas en forma consistente y duradera, para generar un desarrollo continuo.
— En este sentido, ¿cómo ve la situación en España?
— Paso mucho tiempo en España, es un país al que amo profundamente. Cuando digo «país» me refiero a que siento a España como una unidad, porque disfruto y admiro todas sus regiones, por las que viajo a menudo.
Es notable que, desde la otra orilla de Hispanoamérica, sintamos a España como una unidad cultural e histórica, que nos ha dejado un legado muy rico de idioma, tradición y literatura. Por eso me da un poco de tristeza percibir, desde hace años, una cierta fragmentación en la que, por cuestiones mínimas, se generan grandes divisiones.
También los regionalismos parecen cobrar tanta fuerza que generan grietas en esa unidad de España, que tanto valoro y quiero.
— Fue amigo del Papa Francisco, ¿qué supuso para usted su figura?
— Si bien el Papa Francisco pareció un innovador, alguien que rompió con una tradición y se salió de los esquemas, en realidad no hizo otra cosa que poner de manifiesto no sólo el espíritu de San Francisco de Asís, que vivió hace más de 800 años, sino la esencia misma del mensaje cristiano, de Jesús de Nazaret, que es el amor al prójimo, sin el cual no tiene ningún sentido ninguna Iglesia ni la religión cristiana.