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George Soros y Donald TrumpGTRES / AFP

La estrategia de Trump en la batalla cultural tiene un objetivo claro: si cae Soros cae el wokismo

Los asesinatos de Irina Zarutska y de Charlie Kirk han fortalecido la posición de Trump contra el magnate George Soros

Hace un par de semanas los medios anglosajones echaban humo con la noticia de que Donald Trump planeaba llevar ante la justicia al magnate George Soros por crimen organizado con el argumento de que había apoyado protestas violentas en Estados Unidos.

Soros, importante donante del Partido Demócrata, promotor de la agenda 2030 y gran partidario de la ideología woke, tiene en su currículum el hundimiento del Banco de Inglaterra en 1992 en una operación contra la libra, lo que le granjeó un beneficio de más de 1.000 millones de dólares en un único día y desató una crisis social sin precedentes en el Reino Unido, es pese a ese mérito todo un referente entre la izquierda progresista.

La postura beligerante de Soros contra el Partido Republicano y, en particular, contra Donald Trump, además de contra líderes conservadores de Europa, como Viktor Orbán, primer ministro de su Hungría natal, lo ha situado como enemigo número uno de Donald Trump.

Cuando Trump anunció en su perfil de Truth Social que situaba a Soros en la diana judicial, todavía no se había producido ni la muerte de la refugiada ucraniana Irina Zarutska en un tren de Charlotte a manos del delincuente común Decarlos Brown Jr, quien la acuchilló en el cuello sin previo aviso.

Tampoco se había producido el asesinato del comunicador conservador Charlie Kirk, que ha convulsionado a la sociedad norteamericana.

Tras el anuncio de Trump, la Open Society Foundation, iniciativa filantrópica de Soros acusada de promover el aborto en todo el mundo y movimientos revolucionarios contra gobiernos conservadores, salió al paso con un mensaje en el que aseguraba que «no apoya ni financia protestas violentas» y acusó a Trump de difundir mentiras contra la organización y contra Soros.

Sin embargo, tras los asesinatos casi seguidos de Irina Zarutska y de Charlie Kirk, que los republicanos se han apresurado a atribuir al clima de odio propugnado por grupos de extrema izquierda como Movimiento Antifa que sueles servir como ariete al Partido Demócrata para erosionar a los republicanos, parecen haber reforzado la determinación de Trump de cortarle las alas a Soros.

La cultura woke como objetivo

Pero ¿qué hay detrás de la batalla de Trump contra Soros? Como la victoria de Trump parece haber demostrado, el movimiento que ha llevado a los republicanos de vuelta a la Casa Blanca es tan fuerte que los intentos de Soros por impedirlo parecen simples ataques de ratón.

El hombre que puso de rodillas al Banco de Inglaterra no puede con un político como Donald Trump, al que la izquierda demócrata ha ridiculizado hasta lo grotesco.

El objetivo de Trump va más allá, y no es solo político. Es, sobre todo, cultural. Es indudable que Soros y su Open Society Foundation han sido grandes sponsores de las políticas woke en los países occidentales, sobre todo en el mundo anglosajón.

Trump atribuye el éxito mediático global de campañas como la Black Lives Matter a la capacidad de influencia de Soros y a comprendido que si logra derrotar a Soros, habrá derrotado a la cultura woke. Para muchos, es mera teoría de la conspiración. Otros recuerdan el enorme poder de Soros, que fue capaz de hundir al Banco de Inglaterra.

Para Trump, la imagen de deportistas, políticos, profesores universitarios, alumnos de todo el mundo arrodillándose como forma de adhesión a la campaña Black Lives Matter es la prueba del enorme poder del magnate.

También le responsabiliza de la deriva woke de las universidades estadounidenses y británicas, donde se ha impuesto una suerte de discriminación de los estudiantes blancos conservadores para dar cabida a toda clase de minorías –raciales, de género, ideológicas– priorizando cuestiones identitarias frente a la excelencia académica.

Esa wokización de la universidad anglosajona habría alcanzado su máxima infiltración con las denuncias de estudiantes blancos de que fueron obligados a disculparse públicamente por crímenes de la colonización cometidos hace siglos en los que, obviamente, ellos no tuvieron participación alguna.

Una wokización que estos días ha quedado plasmada en una imagen de la Oxford Union, la sociedad de debate más prestigiosa del mundo con sede en la ciudad de Oxford.

La imagen se dio en mayo de 2025. Un Charlie Kirk perfectamente trajeado debatía ante un estudiante en chandal y con rastas de nombre George Abaraonye.

Poco después, ese chico fue elegido presidente electo de la Oxford Union. Hoy Charlie Kirk está muerto, asesinado por sus ideas mientras el presidente electo de la Oxford Union George Abaraonye se ría de su muerte en redes sociales.