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El lince blanco de Jaén y una ilustración de Moby Dick

El lince blanco de Jaén que recuerda a sus «hermanos» literarios: Moby Dick, Platero o Colmillo Blanco

Un fotógrafo y naturalista dedicó meses a la búsqueda de la fotografía del animal único, como si fueran las antiguas expediciones que buscaban al Yeti, el «abominable» hombre mítico de las nieves. Y finalmente lo logró

Un lince blanco ha sido descubierto en los montes de Jaén. La imagen la obtuvo un fotógrafo y naturalista. Ángel Hidalgo, quien, por medio del fototrampeo, descubrió la presencia de un animal inusual en la zona, sin saber aun de qué se trataba exactamente su especialidad.

Dedicó meses a la búsqueda de la fotografía del animal único, como si fueran las antiguas expediciones que buscaban al Yeti, el «abominable» hombre mítico de las nieves. Y finalmente lo logró.

La representación es auténticamente fantasmal. La mirada como de espectro, la figura casi plateada en medio de la serranía. Un fantasma o un extraterrestre. Una aparición real la del lince blanco de Jaén, que algunos expertos se han apresurado a desmitificar, a «desliteraturizar», asegurando que se trata de una despigmentación temporal.

El felino, según estos científicos, recuperará su color habitual, y aseguran que no se trata de una mutación genética, sino de algo mucho más común y perfectamente reversible. Pero la imagen y la impresión de su autor quedará para siempre en el imaginario.

Una emoción real como la que han producido a lo largo de los siglos los grandes animales blancos de la literatura, empezando por Moby Dick, «la ballena blanca». La gran novela y la gran leyenda de Herman Melville, inspirada en el relato «real» de los supervivientes del Essex, el barco que supuestamente atacó y destruyó en 1820 una ballena gigante.

Aquel hecho y sus cuentos fueron el germen del viaje narrado por el marinero Ismael a bordo del ballenero Pequod y la obsesión de su capitán, Ahab, de encontrar y matar a la ballena blanca que le había dejado tullido. Una obsesión similar (pero con buenos deseos) a la del fotógrafo del lince blanco de Jaén, al que sí logró «cazar».

Juan Ramón Jiménez también se «obsesionó» con un animal blanco: el burro Platero de su infancia, Platero y yo: «Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Solo los espejos de azabache de sus ojos son duros, cuál dos escarabajos de cristal negro...».

Así comenzaban sus recuerdos de niñez y del animal mítico en otro aspecto de la infancia y los recuerdos. Una colección de impresiones y sentimientos del autor con el asno como protagonista absoluto y núcleo de la inspiración del precioso e inimitable libro, absolutamente rebosante de sensibilidad y delicadeza y riqueza literaria y vital.

Colmillo blanco es el perro lobo salvaje que es tratado literariamente desde su interior, además del de los hombres. Las dos caras de una misma existencia común en Alaska, en el duro territorio del Yukón en el XIX.

El pequeño cachorro superviviente de la debacle de su familia al que la vida junto a los hombres convierte en un salvaje íntimo a pesar de su domesticación (o precisamente por ella, por la dureza del proceso), pero con final feliz y distintas adaptaciones cinematográficas, muy distintas a la novela original de Jack London, incluida la de Disney.

El lince blanco de Jaén, como sus «hermanos» literarios, podría inspirar una novela en su aparición única. Una novela española para complementar la fantasía (inspirada en hechos reales) como la de estos tres animales de cuento, o como también la de Fújur, el dragón blanco de la suerte que lleva a Atreyu más allá de las nubes en La historia interminable.