'Hacerse todas las ilusiones posibles', de Josep Pla
Pla a fondo
Pero, movido por el mismo prurito de honestidad, supo también captar los encantos de una España que, de pronto, encontraba estabilidad y porvenir, y el subterráneo regodeo de una vida en paz
De ninguno de los escritores del llamado «páramo cultural», esto es, del ámbito cultural del franquismo primero, se puede decir que fuese «una flor del páramo». Casi todos tenían una trayectoria previa durante la República y casi todos la tuvieron después, si no ambas, antes y después. Pero lo interesante es constatar que el páramo fue feraz e incluso florido y que esos autores no solo no interrumpieron su trayectoria, sino que a veces dieron lo mejor de sí en esos años, desde hace mucho tiempo mirados con interesado desinterés.
El caso de Josep Pla (1897-1981) resulta paradigmático. Entonces publicó cerca de una veintena de libros -en castellano y en catalán-, además de centenares de artículos en la prensa y en revistas como Destino. Algunos de sus títulos más significativos pertenecen a esa etapa: Viaje en autobús (1942), Humor honesto y vago (1942), La huida del tiempo (1945), Viaje a pie (1949) o El carrer estret (1951, en catalán).
El perspicaz observador que fue Pla retrató con agudeza aquel tiempo. No dejó de notar -y de reírse- del hambre de la posguerra, que le inspira páginas memorables en Viaje en autobús, por ejemplo. Tampoco pasó por alto los nuevos tipos sociales que entonces emergían. Pero, movido por el mismo prurito de honestidad, supo también captar los encantos de una España que, de pronto, encontraba estabilidad y porvenir, y el subterráneo regodeo de una vida en paz.
Es en esos años, justamente, cuando se acaba de configurar el personaje de Pla. Esto es, el hombre arraigado en su masía familiar, soltero, irónico, honesto y vago, amante de la estabilidad monetaria y social, enemigo de las revoluciones, de las que ya vio de sobra, profundamente catalán y, por tanto, español, lector impenitente, hombre libre. En la entrevista a Josep Pla, emitida en A fondo el 8 de diciembre de 1976 por TVE se nos ofrece la quintaesencia de esta figura capital de las letras españolas. Hay un momento en el que expresa su espanto por los muertos en Barcelona y Madrid durante la guerra. Ese peso y esa responsabilidad estaba muy viva en los autores del páramo y les daba un poso de verdad y seriedad más o menos implícita.
Por todo eso, esta vez el Barbero del rey de Suecia, en vez de analizar un libro, extraerá sus frases preferidas de esta entrevista. Pla aparece desdoblado en autor y en personaje, y casi triplicado en público, pudorosamente complacido de sí mismo. ¿O no es acaso el protagonista de sus propios escritos? Él estaría de acuerdo con esta elección nuestra, ya que dijo: «Yo he nacido para hablar, soy un hablador». Estamos ante un documento de literatura oral de primer orden.
El gran periodista cultural Joaquín Soler Serrano, con un punto más –todavía– de su entusiasmo innato que en otros programas, logró extraerle al maestro ampurdanés un ramillete de afirmaciones rotundas y sagaces. Pla afea con enorme gracia el título del programa «A fondo» y recuerda que la verdad está en la superficie. Luego, para darle la razón, el diálogo discurre por una amena superficialidad que nos permite atisbar (entrever, precisamente) la profundidad del escritor. Aparece un Josep Pla simpatiquísimo. Jamás se niega a contestar a nada o a ponerse la boina, si se lo piden, y, si tiene que discutir a Soler Serrano alguna afirmación osada o algún dato errado, da varias vueltas para asegurarse que no lo incomoda. Se palpa el espíritu mediterráneo de la tertulia del casino provinciano o del diálogo socrático. Pla incluso contesta lo que no tiene claro, pero como sabe que improvisa, se corrige después con una media verónica: «No he pensado sobre eso, pensaré y ya lo escribiré».
También sobre aquello que ha pensado –que se ve que es mucho– echa un velo de ironía o de humildad o de ambas cosas y repite constantemente: «No sé si esto le puede interesar…». El Barbero está seguro de que sí y por eso ha recogido estas ideas… interesantísimas:
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La limitación de la inteligencia humana es inmensa.
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Yo no he envidiado nunca nada a nadie. […] La condición para ser feliz en la vida es no ser envidioso.
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Yo he tratado de poner adjetivos detrás de sustantivos y es la única cosa que he hecho en mi vida [...] Por eso escribo, para poner adjetivos. Si se encuentra el adjetivo uno se puede ir a cenar a casa una tortilla o una sopa, y no envidiar nada a nadie.
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Yo he sido un realista. […] Creo que la realidad es infinitamente superior a la inteligencia humana, a la imaginación y a todo. Contra la literatura de imaginación yo he hecho siempre la literatura de observación.
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Delante de la muerte, yo me quito el sombrero.
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... Los italianos perdieron la guerra mundial como perderán los italianos todas las guerras, porque no son gente de guerra, sino de pensamiento, de comer y de señoritas.
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Yo no he hecho ningún viaje de turismo, todos han sido para trabajar.
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La igualdad de los sexos no ha existido jamás.
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A mí no me quita usted de los libros, de ver el cielo, y de hablar con la gente.
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No soy partidario del progreso, sino del regreso.
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Azorín era un escritor excelente. No escribía en castellano, escribía en catalán.
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Esto del plagio yo lo he defendido porque me parece que es una cosa que siempre se ha hecho.
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Las citas son un camelo total.
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Tengo una gran admiración por Goethe, que sabía lo que se decía.
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[Cuando le piden que se defina, tras un silencio:] He empezado por decirle que yo no tengo ninguna envidia ni a nada ni a nadie. Soy un hombre soltero: esto es muy importante.
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[Entonces Serrano Soler le recuerda que, sin embargo, ha mirado a las señoritas que pasaban por la calle con una cierta estimación admirativa. Replica Pla:] Precisamente, porque pasaban por la calle.
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Yo hubiera tenido que ser un payés.
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Las mujeres son una cosa muy rara. Son muy curiosas. Son mucho más, mucho más seguras que el hombre. La mujer es el ser antirromántico por excelencia.
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[Sobre la inminente aprobación del divorcio] Habrá una protesta de las mujeres inmensa, ¿no lo cree usted? [En esto se equivocó. ¿O no, y se equivocaron las mujeres?]
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Yo no sé lo que es el amor, ya se lo ha dicho.
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[Contra el utopismo:] Cuando usted da el poder a los virtuosos, todo el mundo se muere de hambre.
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He vivido cinco revoluciones: la del 9, la del 17, la República, la quema de conventos, la guerra civil... ¡la caraba! La única cosa que me interesa es vivir en un país exactamente consolidado.
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Las ciudades son como animales. Lo más importante de la civilización es una gran ciudad. Una gran ciudad es un animal vivo.
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Nueva York me dio un miedo tremendo, me asustó, me abrumó, me cabreé. Me pareció grotesco. Ahora, creo que es una cosa fenomenal. Es la más grande creación del capitalismo. [Véase bien que no hay contradicción sino finura, profundidad en la superficie.]
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[Ninguna ciudad le parece mejor sitio para vivir que su masía, aunque hesita un poco con Buenos Aires, porque tiene muy buena cocina. Soler Serrano se ríe y Pla se pone serio:] Es muy importante comer algo. Yo ahora estoy por ejemplo desfallecido de hambre. Tomaremos quizá un poco de gin tonic con agua.
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Los amigos son indispensables, pero en general la gente tiene demasiados amigos.
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Mussolini… un hombre muy bien educado.
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Esto de hablar me gusta.
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A mí no me quite usted de los libros, de hablar con la gente, no me quite usted de esto.
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La vejez es un proceso de enfriamiento.
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El lenguaje castellano es la frase larga buscando siempre el final.
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El catalán, en fin, es un ser que se ha pasado la vida siendo español cien por cien y le han dicho que tiene que ser otra cosa.
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[Sobre el nacionalismo:] Hay una cosa importante aquí: que España es el mercado de Cataluña.
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[Fui un colaborador puntual y perfecto con la revista Destino.] Contra la opinión que hay de que yo soy un bohemio, yo soy un hombre perfectamente correcto.
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La única cosa que me sabe mal es no haber aprendido a cocinar un poco.
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La felicidad es no tener envidia; el éxito es… nada.
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[España:]… Y luego las mujeres son muchísimo más guapas.
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[Sus pintores:] Primero, Vermeer; después, Velázquez; luego, El Greco; más allá, Goya… y ya nada.
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Empecé a leer como un loco… La única cosa que he hecho en mi vida es leer. Yo prácticamente he escrito porque he leído bastante. He leído un poco.
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No he escrito jamás nada emocionado yo. No he escrito ni una sola frase si no la hubiera pensado antes.