Las tumbas de algunos de los grandes filósofos de la Antigüedad son difíciles de localizar con exactitud. Sin embargo, a unos 500 metros del corazón de Atenas, su Acrópolis, se encuentran los restos, excavados en la roca, de la antigua prisión de la polis. Fue allí donde Sócrates fue encarcelado tras ser condenado a muerte en el juicio que Platón relata en su Apología. Por lo tanto, es ahí, en la colina de Filopapo, donde cumplió el mandato de la ciudad y bebió la cicuta bajo la certeza de que «es preferible sufrir una injusticia que cometerla».