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Paso del Cristo de la Hermandad del Valle. Paño de la Verónica del Taller Ferrer-Dalmau

Paso del Cristo de la Hermandad del Valle. Paño de la Verónica del Taller Ferrer-Dalmau

La Santa Faz del Taller Ferrer-Dalmau en la Semana Santa de Sevilla

El histórico taller irrumpe por primera vez en el arte sacro con una Santa Faz que aúna rigor, emoción y fidelidad a la tradición iconográfica sevillana

Sevilla, Jueves Santo. No todos los días el taller de un pintor forjado en la épica de la pintura histórica decide adentrarse, por primera vez, en el territorio sagrado de la devoción. Tampoco es frecuente que tradición, expectación y secreto confluyan hasta dar lugar a un acontecimiento que trasciende lo cofrade y se instala en la historia del arte.

La Hermandad del Valle protagonizó uno de los momentos más comentados de la Semana Santa sevillana al desvelar, durante su estación de penitencia, el Paño de la Santa Mujer Verónica realizado por el Taller de artistas históricos de Ferrer-Dalmau. La expectación, alimentada durante semanas por el hermetismo de la corporación, se transformó en unanimidad: la elección había sido un acierto rotundo.

SAR Duque de Calabria y Hermano Mayor Hermandad Fernando Parody presentando el paño

SAR Duque de Calabria y Hermano Mayor Hermandad Fernando Parody presentando el paño

Desde hace casi medio siglo, la Hermandad encarga cada Semana de Pasión el paño a un artista de renombre. Sin embargo, el de este año había generado una expectación inusual por varias razones. La primera, la elección del Taller Ferrer-Dalmau, referente absoluto en pintura histórica y militar, ajeno hasta ahora a la temática cofrade. La segunda, el altísimo nivel del paño de Raúl Berzosa, considerado por muchos el mejor de la colección y el artista, el máximo exponente actual de la pintura religiosa.

Dos obras, un dilema y un secreto muy bien guardado

La expectación creció aún más cuando SAR el Duque de Calabria, Presidente de la Fundación Ferrer-Dalmau, y Fernando García Parody, Hermano Mayor del Valle, presentaron no una, sino dos obras de extraordinaria calidad pictórica e intensidad emocional, realizadas con las directrices de Ferrer-Dalmau por Alejo, mano derecha del artista y coordinador del taller.

Las imágenes circularon rápidamente por Sevilla. Las valoraciones fueron unánimes: ambas eran magníficas. La Hermandad mantuvo en secreto cuál de las dos procesionaría, y llegó incluso a extenderse el rumor de que podrían alternarse —una a la ida y otra a la vuelta— pese a la complejidad logística que ello implicaría.

La obra elegida

La obra elegida

El paño de la Verónica, según la tradición cristiana, reproduce el lienzo con el que la Santa Mujer enjugó el rostro de Cristo camino del Calvario, quedando impresa en él la vera icon, la imagen verdadera del Señor. Este motivo ha generado, desde la Edad Media, una larga tradición iconográfica de Cristos frontales y simétricos, especialmente vinculada en España al Ecce Homo y a la imaginería procesional.

La obra elegida: frontalidad, crudeza contenida y verdad física

La decisión final se tomó por criterios estrictamente iconográficos. La frontalidad del rostro elegido se ajustaba mejor a los parámetros tradicionales de la Santa Faz. Aunque este no debería haber sido un criterio prioritario —pues algunos paños de la colección, muy criticados en su momento, exhiben una supuesta modernidad alejada del canon—, en esta ocasión resultó determinante.

La obra presenta un encuadre directo que intensifica la lectura sacrificial de la imagen, donde la sangre, extendida por la frente, las mejillas, el cuello y la barba, adquiere un protagonismo que rehúye el efectismo para buscar la verdad física del sufrimiento. Para evitar el expresionismo, el taller opta por no representar la corona de espinas con especial virulencia.

La paleta cromática se mueve en tonos cálidos, con rojos de fuerte carga simbólica y una gama de ocres y sienas. Pero probablemente lo más valorado —y lo que la diferencia de otros retratos de la serie— es la mirada ascendente, de enorme fuerza, dirigida a un Padre al que pide ayuda para soportar la crudeza de la Pasión.

La imagen rompe cualquier distancia idealizadora y ofrece un Cristo profundamente humano, un retrato devocional de gran intensidad emocional que dialoga con siglos de tradición iconográfica.

La obra que no procesionó: un Ecce Homo de impecable ejecución

La segunda obra, que contaba con muchos partidarios, también pasará a formar parte de la colección de la Hermandad, y muestra un perfil de gran dramatismo, sustentado en un dibujo impecable y una paleta cálida de ocres, sienas y rojos. Cristo aparece introspectivo, de mirada baja, asumiendo su destino trágico.

La otra obra

La otra obra

La cabeza ligeramente inclinada introduce un ritmo diagonal suave que refuerza la atmósfera contenida. El modelado del rostro, minucioso y táctil, remite al realismo devocional español. La corona de espinas se representa con naturalismo crudo, con espinas largas que penetran la piel y una sangre medida que evita el sensacionalismo.

La expresión general transmite una serenidad resignada, más cercana a un Ecce Homo intimista que al dramatismo teatral, en una síntesis muy coherente con la sensibilidad habitual de Ferrer-Dalmau en su pintura de batallas.

Primera incursión religiosa del Taller de Ferrer-Dalmau

Ambas obras, que quedarán en la colección de la Hermandad, suponen un hito para el Taller Ferrer-Dalmau, inmerso habitualmente en grandes proyectos históricos y militares. Se trata de su primera incursión en el ámbito religioso, un hecho que ha despertado gran interés en el mundo artístico y cofrade.

La historia añade además dos curiosas coincidencias:

• El primer paño de la serie del Valle, en 1971, fue obra de Virgilio Mattoni, uno de los últimos cultivadores de la pintura histórica.

• El último, en 2026, lo firma el taller Ferrer-Dalmau, considerado el gran renovador contemporáneo del concepto clásico del taller de artistas

• Y el penúltimo paño fue de Raúl Berzosa, máximo referente de la pintura religiosa, del mismo modo que lo es Ferrer-Dalmau en la pintura histórica.

Con esta doble incorporación, la Hermandad del Valle no solo enriquece su patrimonio artístico: redefine el diálogo entre tradición y creación contemporánea. La irrupción del Taller de artistas históricos de Ferrer-Dalmau en el universo cofrade —con dos obras de madurez técnica, hondura espiritual y rigor histórico— abre una vía inédita que muchos ya consideran un punto de inflexión.

En un Jueves Santo marcado por la expectación y el silencio, la Santa Faz elegida no fue simplemente un paño más en la larga serie del Valle: fue la confirmación de que la Semana Santa de Sevilla sigue siendo capaz de sorprender, conmover y convocar a los grandes nombres del arte español para seguir escribiendo su historia.

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