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Morante de la Puebla durante la corrida del Domingo de Resurrección en Sevilla

Morante de la Puebla durante la corrida del Domingo de Resurrección en SevillaEFE

¿Puede Roca Rey seguir siendo el rival de un inalcanzable Morante?

El vacío de Morante no se puede llenar ahora. Tampoco el de Roca Rey, pero se nota menos

Hace unos años el joven torero peruano Andrés Roca Rey llegó a las plazas de toros que comenzó a llenar mayormente con un valor exuberante. Todo el mundo quería ver al limeño, con cierta frecuencia cogido por el toro.

Las cercanías de Roca Rey producían la emoción y el percance. Un toreo de tensión, de valor. Una forma distinta de torear a la de Morante de la Puebla, el que entonces parecía el otro, por debajo, que certificaba las dos caras de la moneda del momento.

Hoy esa moneda ha cambiado sus relieves y el relumbrón febril de Roca Rey se ha atenuado en buena medida por el empuje imparable (mucho más que empuje) del sevillano, roto en esencias, cumbre en poder, dominio y arte y fervor de los tendidos.

Roca Rey el pasado domingo en Sevilla

Roca Rey el pasado domingo en SevillaEFE

Solo Morante llena hoy hasta los topes. Roca Rey sigue atrayendo público, pero el favor de la masa taurina ha girado hacia el de La Puebla del Río. Él es ahora la figura indiscutible del toreo y la rivalidad profesional y personal que configuraba un clásico repetido en la historia de la tauromaquia se ha roto de alguna forma irreparable.

Aunque nunca se sabe. Lo que sí es seguro es que el vacío de Morante no se puede llenar ahora. Tampoco el de Roca Rey, pero se nota menos. Es la fiebre de la tauromaquia donde el genio de Morante tiene mucho que ver. Tanto que es demasiado en comparación al resto.

La Maestranza el Domingo de Resurrección lo demostró. Ambiente de Fiesta y Color y Rumor por la presencia del monstruo. También estaba Roca Rey, pero fue casi como si no estuviese. La predilección por el maestro único es tan grande que borra el resto de la escena y eso es bueno y malo para la tauromaquia. Nadie quería ver la antigua rivalidad. Solo a Morante.

Es como cuando Guy Picciotto, el líder del destacado grupo grunge Fugazi, dijo en los 90 que su disco había sido como el meado de un vagabundo en el bosque por culpa de Nevermind, el álbum de Nirvana que oscureció a casi todos los demás de una escena de considerable calidad.

No es que el resto del escalafón sea, ni mucho menos, algo tan soez y rockero como referirse al meado de un vagabundo en el bosque, pero hay que estar atentos para que la tauromaquia, como pasó con el grunge, no se identifique con un único faro.

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