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Representación de 'La casa de Bernarda Alba' en TeheránEFE

La obra más feminista de Lorca se representará durante diez días en el Irán de los ayatolás

‘La casa de Bernarda Alba’, de Federico García Lorca, llega a la capital iraní de la mano de la embajada española y sin traducirse al persa

Lorca desembarca en el Irán de los ayatolás y el velo obligatorio con su obra más feminista: La casa de Bernarda Alba.

¿Cómo es posible que la capital de uno de los regímenes teocráticos más estrictos y liberticidas cuya bota aplasta con particular ahínco los derechos de las mujeres autorice la conocida tragedia del autor granadino?

El asunto tiene trampa, y es que la representación cuenta con la promoción (y protección) de la embajada de España y la obra se representará en español en un país donde la presencia del español se limita a los 338 alumnos que estudian lengua española de sus 86.722.162 habitantes.

La representación tiene lugar en el Teatro Daa, en el centro de Teherán, durante diez días consecutivos.

Las protagonistas son nueve jóvenes iraníes cubiertas con el velo como obliga la legislación iraní.

Escrita en 1936, La casa de Bernarda Alba retrata la España rural y conservadora del primer tercio del siglo XX a través de la figura de Bernarda, una madre autoritaria que impone ocho años de luto riguroso a sus cinco hijas tras enviudar.

El drama, centrado en la opresión femenina, la tradición impuesta y el anhelo de libertad, encuentra sorprendentes ecos en la realidad iraní contemporánea, sobre todo en comunidades alejadas de los grandes núcleos urbanos.

«Esta obra está cerca de lo que ocurre culturalmente en el país con la situación de la mujer, mezclado con la religión y la cultura», explica Hosein Zeinali, director de la representación.

Con 46 años y una trayectoria artística y académica ligada a España —vivió nueve años en Granada, donde se doctoró en realismo lorquiano, participó en proyectos teatrales y filmó un documental sobre el poeta—, Zeinali ya ha acercado otras obras del autor a los escenarios iraníes, como Yerma en 2022 y Bodas de sangre en 2024.

En su opinión, La casa de Bernarda Alba es el drama más acabado de Lorca, tanto por la solidez de su estructura como por la profundidad psicológica de sus personajes femeninos, cuyas contradicciones y pasiones siguen vigentes.

El vínculo entre la obra y la situación de las mujeres en Irán es evidente para las actrices que la representan. Neda Mansuri, de 19 años, encarna a Adela, la hija que desafía las normas impuestas.

«Las mujeres iraníes tenemos una situación similar a la obra y nos pasan cosas parecidas», señala en un fluido español. Comenzó a estudiar la lengua española con solo 14 años por gusto y ahora cursa estudios universitarios en ruso, pero no duda de la vigencia de Lorca: «Por eso conecta».

Sara Novin, de 25 años, da vida a Poncia, la criada. Para ella, la obra cobra especial fuerza por su denuncia de la desigualdad de género. «En la época de Lorca no se respetaba a las mujeres y ahora en Irán no se respetan los derechos de la mujer», afirma con contundencia. «Las mujeres en Irán estamos luchando por nuestros derechos», subraya.

En el Irán de 2025, las restricciones legales a las mujeres casadas siguen siendo numerosas: no pueden estudiar, trabajar ni obtener pasaporte sin el permiso de su esposo, tienen prohibido cantar en público o conducir motocicletas.

Estas limitaciones, que muchas mujeres combaten activamente, se convirtieron en asunto de debate nacional tras la muerte de Mahsa Amini en 2022, arrestada por no llevar bien colocado el velo islámico.

Su fallecimiento desató una oleada de protestas lideradas por mujeres bajo el lema «mujer, vida y libertad», cuyo eco perdura en las calles con gestos de desobediencia civil como negarse a cubrirse con el velo.

En este contexto, el gobierno reformista de Masud Pezeshkian ha dado ciertos pasos para aliviar la presión sobre las mujeres. Así lo atestiguan imágenes cada vez más comunes en Teherán: mujeres sin velo en la vía pública o incluso grupos musicales callejeros tocando canciones de bandas occidentales, como los estadounidenses White Stripes.

Más allá del teatro, la figura de Lorca goza de notable reconocimiento en Irán, donde su obra ha sido profusamente traducida al persa. Según Najmeh Shobeiri, primera hispanista iraní y profesora de la Universidad de Teherán, la poesía de Lorca mantiene una vigencia sorprendente.

«Lorca es muy conocido en Irán», asegura, y destaca la conexión entre la sensibilidad poética de los iraníes y el lirismo lorquiano.

Para ella, la distancia cronológica con la España de principios del siglo XX no impide que el mensaje llegue claro: «El arte no tiene tiempo». En su lectura, las preocupaciones de Lorca atraviesan el tiempo y el espacio. «Yo leo un poema de Lorca y es como si lo hubiese escrito anoche», afirma.

Así, la voz rebelde y poética de Federico García Lorca, nacida en una Andalucía convulsa, sigue hallando en otros rincones del mundo —como el Irán de hoy— un eco poderoso que inspira resistencia, empatía y deseo de libertad.