Ernest Hemingway y Francis Scott Fitzgerald
'El gran Gatsby' y 'Fiesta', declive y ascensión de dos amigos que retrataron el fin de una época
Scott Fitzgerald publicó su tercera novela un año antes que Hemingway su primera, de la que se cumplen 100 años. Dos obras con conexiones irrompibles para la historia de la literatura y de sus protagonistas
Woody Allen rodó Medianoche en París para hacer «realidad» la fantasía de haber vivido en París en los años 20 del XX. En la película están todos los iconos de una época irrepetible: los estadounidenses que vivían en París porque la inflación hacía la vida muy barata, la misma ciudad que era el vaso donde efervescían muchos de los grandes artistas de siempre.
Ernest Hemingway contó aquel tiempo en su novela póstuma París era una fiesta, los recuerdos de sus inicios que hicieron renacer antes del final al prematuramente avejentado y enfermo autor de Fiesta, el nombre de su primera novela de la que se cumplen 100 años. Fiesta y París era una fiesta. La primera y la última. El principio y el final.
En la primera se narran las andanzas de un grupo de estadounidenses en París y España (Madrid y Pamplona en los sanfermines) después de la Gran Guerra. Y en la segunda se cuenta lo mismo (centrado en los primeros años de París, junto a su primera mujer y su primer hijo), pero desde la mirada personal del viejo que observa a su yo joven con una nitidez y una casi invisible, pero absolutamente presente, nostalgia arrebatadoras.
Fiesta cumple 100 años. Cuando Hemingway la escribió ya había leído El gran Gatsby de su amigo Francis Scott Fitzgerald, quien fue (quienes fueron, novela y autor) impulso fundamental en muchos sentidos para que el futuro autor de El viejo y el mar pudiera terminar con éxito y publicar, con mayor éxito aún, su primera novela.
Scott Fitzgerald, de apenas 30 años, ya había iniciado su declive personal, debido mayormente a los excesos alcohólicos, compartidos con su mujer, Zelda, que le llevaría a la muerte con solo 44 años. Solo un año antes, en 1925, había publicado El gran Gatsby. La obra que él mismo consideraba un hito, según le confesó a su editor, Maxwell Perkins, y que, sin embargo, tuvo una tibia acogida de público.
Fue mayormente elogiada por los críticos, pero su fracaso comercial afectó mucho al débil ánimo del escritor que quería convertirse en un gran novelista mientras cobraba de las revistas cantidades desorbitadas por sus cuentos. En su momento de mayor cotización, antes de cumplir los 30, llegaron a pagarle el equivalente a 30.000 euros de hoy por un solo cuento de unas veinte páginas.
El Gran Gatsby fue la cúspide decepcionante de Scott Fitzgerald que a partir de allí empezó su caída, acompañada de los costosos ingresos psiquiátricos de su esposa, al mismo tiempo que Hemingway iniciaba su ascensión. Scott era un auténtico admirador de su más joven amigo a quien presentó a sus amigos editores e incluso fue partícipe de la creación de Fiesta. Se implicó en su amigo de forma inversamente proporcional a cómo se dejó de lado a sí mismo.
El caso es que Fiesta, publicada en 1926, significó el despegue de Hemingway, quien desde la oscuridad se convirtió en una estrella de la literatura, exactamente al revés que Scott Fitzgerald, quien transitaba desde el lustre de los años veinte al abatimiento de la Gran Depresión. Sus caminos terminaron separándose.
Dicen que Hemingway hacía amistades de conveniencia que no solían durar más de unos años. La conveniencia de Scott Fitzgerald dejó de existir para Hemingway (aunque es cierto que este intentó que Scott dejara de beber y se centrara en la escritura) y dejaron de hacer viajes juntos como aquel que contó cuarenta años después en París era una fiesta, donde retrató a su antiguo amigo con toda la crudeza de sus intimidades.
Fiesta es el libro que fijó el mito de Hemingway y los toros. Tuvo una película protagonizada por Tyrone Power, Ava Gardner, Mel Ferrer y Errol Flynn en los papeles principales. La historia de un corresponsal estadounidense en París y sus amigos vividores. La pesca, los toros, la vida de París y el amor imposible de los protagonistas narrado casi al detalle periodístico.
La novela moderna que inauguró una nueva época literaria al mismo tiempo que inmortalizó un tiempo que estaba a punto de terminar, igual que El Gran Gatsby (otra historia de amor imposible), pero en todos los sentidos y direcciones contrarias, excepto en el que ambas hoy, 100 y 101 años después, son consideradas obras maestras.