Urtasun y García Montero, las dos patas para un banco de la cultura española
Un banco con dos patas no sirve para nada, igual que uno con tres, porque se cae. Este banco ya se sabe que es una cultura escandalosamente coja por la izquierda
Luis García Montero y Ernest Urtasun
«Vaya dos patas para un banco» es una expresión coloquial que se refiere, mayormente, a una pareja de ineficaces con reputación dudosa. A veces no es solo esto. La ironía lleva la frase a otros lares, pero casi nunca demasiado lejanos a la definición.
Y Pisarello
Las dos patas para un banco de la cultura española son Urtasun y García Montero, ministro del ramo y director del Instituto Cervantes, respectivamente. Ocurre que el dicho también se puede usar con «tres patas» en lugar de dos, en cuyo caso habría que añadir a Pisarello, presidente de la Comisión de Cultura en el Congreso.
Un banco con dos patas no sirve para nada, igual que uno con tres, porque se cae. Este banco ya se sabe que es una cultura escandalosamente coja por la izquierda por la calidad de las patas. Urtasun ha sido definido incluso mayormente por «su lado» como «pijoprogre» en grado máximo.
Una cumbre del «pijoprogresismo» en un caso único de características reunidas en un solo individuo. Universitario que no ha trabajado nunca en nada más que en la política fue militante de Iniciativa por Cataluña-Los Verdes (ICV).
Ecologismo pata negra y catalán venido del comunismo donde Urtasun germinó como semilla y floreció como híbrido, como el cardo tártaro (progre) de Tolstoi, para aguantar todas las tormentas de las coaliciones. El ministro de Cultura es todo y en el todo es la nada porque el todo es sectarismo, ideología sin cultura ideal para el Ministerio que le ha caído.
Se podría decir que lo tiene todo (y nada): ecologista y antitaurino, que es casi lo mismo que nacionalista e independentista. Un activista de carrera diplomática que no desentonaría pintarrajeando una obra de arte en un museo antes de pegarse a ella con pegamento, pero que figura como gobernante con traje y corbata.
En realidad no hay mucha diferencia entre lo que es y lo que parece. Porque a pesar de lo que parece ejerce como lo que es: pintarrajeando la tauromaquia, los museos o la historia a través de su memoria parcial, la memoria democrática, que es la base química del pensamiento que dicta sus palabras y acciones.
Algo parecido, en este último caso (pero con muchos más años), es lo que ocurre con García Montero, el director del Instituto Cervantes del que se podría decir que surgió del frío (como el espía de John Le Carré) del comunismo. El comunista puro, el de la hoz y el martillo, el de la URSS y el de la RDA devenido por milagro en sanchista leal con la Guerra Civil y con Franco siempre a cuestas.
Era el perfecto para distraer por el lado de la cultura, de la cultura ideológica, como Urtasun, sectarismo rampante, trepador. Trepadores del poder que nada significan para la cultura a la que usan para sus objetivos ascendentes, de permanencia, de subsistencia en el candelero. Estas son las dos (¡vaya dos!) patas para un banco de la cultura española. Y si se prefiere decir tres, por el dicho, ahí tienen a Pisarello.