Fundado en 1910

Portada de 'Viaje a Avalón. Una fábula' (Siruela)Siruela

Siruela publica por primera vez en castellano una joya artúrica medieval del siglo XIV

La aparición de esta traducción castellana, siete siglos después de su redacción original, representa una invitación a redescubrir una joya del siglo XIV

La editorial Siruela ha lanzado recientemente al mercado Viaje a Avalón. Una fábula, que constituye la primera traducción al castellano de La faula, una obra medieval escrita por Guillem de Torroella. En este texto, el autor mallorquín narra un periplo extraordinario hacia la Isla Encantada, donde recibe un mensaje directo del mítico rey Arturo.

La edición publicada incluye, además de la traducción, un prólogo y numerosas anotaciones a cargo de Anton Maria Espadaler, reputado experto en literatura medieval. El filólogo manifiesta su asombro por el hecho de que esta pieza no hubiese sido vertida antes al castellano, a pesar de contar con media docena de versiones en catalán, así como otras en francés e italiano. «Es un misterio», afirma Espadaler, quien destaca el valor intrínseco de esta obra dentro del corpus artúrico: «Dada la discreta aportación catalana y castellana a la literatura artúrica, sorprende una obra de esta magnitud, aunque breve, por su auténtico valor entre las grandes obras que acompañan al rey Arturo».

Guillem de Torroella, que vivió entre aproximadamente 1350 y 1375, redactó esta fábula siendo aún escudero, en una etapa de formación previa a su nombramiento como caballero. Según explica Espadaler, fue enviado por su familia a la corte de Pedro el Ceremonioso, un destino habitual para los jóvenes nobles de su tiempo. Procedía de una casa con profunda raigambre histórica en Mallorca, implicada desde los tiempos de la Conquista y también activa durante la incorporación de Ibiza.

El joven autor, apasionado por la caza, poseía además una vastísima cultura literaria, en particular sobre las leyendas artúricas, como se refleja en su obra. Esta conjunción de formación, linaje y sensibilidad literaria cristaliza en La faula, donde se describe un viaje prodigioso. Espadaler destaca que «no es nada común ir a visitar al rey Arturo a su morada y mucho menos común es volver», haciendo alusión al carácter único de la trama. El trayecto comienza con un elemento insólito: el protagonista se desplaza «a lomos de una ballena, a una velocidad descomunal».

Representación del momento en que Arturo recibe la espada Excalibur

Uno de los rasgos distintivos del relato es el tratamiento del miedo, vivido de forma intensa por el propio narrador, que se expresa en primera persona. Este componente contribuye, según Espadaler, a reforzar la autenticidad de la experiencia narrada: «Un elemento que ayuda a dar verosimilitud a que es el personaje real quien viaja».

Escrita originalmente en un occitano suavemente influido por el catalán, La faula alcanzó una notable difusión en su época. Lejos de ser un texto restringido a las élites más altas, fue leído y apreciado por sectores más amplios de la sociedad. Espadaler destaca que su público incluía tanto a miembros de una nobleza secundaria como a funcionarios de niveles medios en las cortes de Pedro el Ceremonioso y de su sucesor, Juan I, así como a numerosos mercaderes. Esta amplitud en la recepción confirma, a su juicio, la calidad y atractivo del texto: «Tuvo un público muy amplio, no solo de una pequeña nobleza alta o gente bien y con posibles».

La aparición de esta traducción castellana, siete siglos después de su redacción original, representa una invitación a redescubrir una joya del siglo XIV. «Hay que leer a Torroella y descubrir a un autor del siglo XIV que merece, en el podio de la literatura de su tiempo, un escalón más elevado de los que ha tenido hasta este momento», defiende Espadaler, que reivindica su figura con entusiasmo.

En su valoración final, subraya el peso literario de la obra: «Esto no es solo un poema decorativo que ha escrito un chico que tenía capacidad literaria; es un autor dotado que ha escrito una obra que merece ser no solamente conocida, sino también admirada y divulgada».