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El escritor Alfonso J. Ussía ganó el VI Premio de No Ficción Libros del AsteroideEuropa Press

Entrevista al columnista Alfonso J. Ussía

Alfonso J. Ussía: «El Debate fue para mi padre un ajuste de cuentas con la sociedad y la profesión»

El proyecto literario 'In Extremis', con el que Alfonso J. Ussía ha ganado el premio Premio de No Ficción Libros del Asteroide, es un diálogo con su padre, el columnista Alfonso Ussía

«No sé qué habría sido de mi vida si no hubiera tenido a este padre», confiesa Alfonso J. Ussía al otro lado de la línea. El escritor ha sido galardonado con el Premio de No Ficción Libros del Asteroide por su proyecto In Extremis, una propuesta en la que recuerda a su padre, Alfonso Ussía, a través de un diálogo íntimo que entrelaza memoria, literatura y duelo.

El libro —aún en proceso de escritura— nace como una conversación interior en la que el autor revisita no solo la figura pública del célebre columnista, sino también al hombre que conoció en la intimidad. A través de recuerdos personales y reflexiones sobre el peso del apellido, Ussía hijo reconstruye una relación marcada por la admiración, la literatura compartida y una forma de entender la vida sin concesiones.

In Extremis se presenta como un ejercicio de continuidad: una despedida escrita desde el orgullo y la gratitud, pero también desde la conciencia de pertenecer a una tradición literaria y periodística que marcó varias décadas de la vida española.

–¿En qué momento concreto fue el que le impulsó a escribir In Extremis?

–La relación con mi padre siempre ha sido maravillosa, pero cuando lo hemos llevado al plano de la literatura ha sido imparable. Tanto yo a él, desde mi infancia y juventud, le he conocido leyéndolo de una manera mucho más clara, sabiendo lo que opinaba de cada tema, de las cosas que a lo mejor no te atreves a preguntar por no dar la lata o cosas así. En las columnas siempre tenía respuestas.

Él también pasó por algo parecido conmigo. En los últimos diez años, la verdad es que también se ha reencontrado conmigo leyéndome. Creo que era una manera honesta de afrontar, o más que honesta, era la única manera en la que yo sabía vivir el tiempo que me estaba tocando vivir en el final de su vida.

Era como una salida natural: afrontar el duelo, en mi caso, suyo, era a través de la literatura. Ha sido un camino nuevo, pero también muy bonito, muy honesto, muy de frente. En un plano en el que cabe todo, además, porque cabe la memoria, caben los recuerdos, caben los consejos, cabe la actualidad, cabe la sociedad.

Ha sido más que una forma natural; ha sido la única forma en la que sabía afrontarlo.

–¿Y ha descubierto algo sobre su padre, o sobre usted mismo incluso, que no había comprendido hasta ponerlo por escrito?

–De mi padre he comprendido que, hasta el último día, nos ha dado una lección a todos de valentía, de respeto, de honestidad, de libertad, de no quejarse. He ido descubriendo nuevos aspectos suyos que desconocía.

Ya no solo por seguir escribiendo hasta el último día en El Debate, sino por su manera de afrontar algo tan complicado como puede ser la muerte de una manera tan digna, sin poner ni una sola pega. Vivir cada momento, hasta el último segundo, como si fuera casi un regalo. Eso ha sido también descubrir otra inmensidad del hombre, más que del autor, que no conocía.

La poca capacidad de quejarse de las cosas ha sido algo que me asombraba. Ha sido muy bonito también percibirlo. Lo que he descubierto en él es que la mejor manera de dedicarle un luto, o más que un luto, dedicarle algo muy importante en mi vida, como es un libro, era de esta forma.

Ha sido como descubrir que en un folio en blanco cabe todo. Cabe su vida, cabe la mía y cabe el encuentro de las dos. Es verdad, ha sido muy natural y muy fácil.

–En In Extremis, que es una obra todavía en proceso, aborda el duelo pero también el peso del apellido. ¿En qué momento dejó de sentir que escribía a la sombra de su padre y empezó a sentir que escribía en continuidad con él?

–Más que peso, podemos llamarlo el alivio del apellido, porque he aprendido a estar muy orgulloso de todo. En el fondo, no lo puedo comparar con otra forma de vida, porque es la que he tenido.

Desde pequeño suponía algo muy importante, en el sentido de que todo el mundo te conocía, respetaba a tu padre, lo leían... Siempre ha sido así. No tengo referencia de cómo habría sido de otra manera. Para mí ha sido un orgullo, una suerte. Gracias a él accedí a la literatura.

En el fondo, todos los niños se quieren parecer a su padre desde pequeños. Para parecerme al mío, tenía que leer y escribir. Eso, de repente, me abrió un mundo que idolatro, que me encanta, que es el único que conozco de verdad, con profundidad, que es el mundo de los libros y que, sin él, no hubiera sido posible.

Lo demás es especular, porque no habría sido de mi vida si no hubiera tenido a este padre. El caso es que para mí ha sido una suerte y por eso también este libro cierra un ciclo: «todo esto es gracias a ti». Y en el fondo creo que es el regalo que me ha dado la vida, tenerle como padre y, encima, poder expresar todo eso en la literatura, que creo que es la única forma en la que sé hacerlo.

–Su padre fue un hombre muy expuesto públicamente. ¿Cómo se escribe un diálogo tan íntimo con alguien cuya figura pertenece también a la historia pública de nuestro país?

–En el fondo, el diálogo es casi interno. No estoy copiando conversaciones con él, sino dialogando con él en mi memoria y en mis recuerdos.

No se puede separar el personaje público del repaso a la sociedad y a la actualidad española de los últimos cuarenta años, porque al final era de lo que él escribía. Es verdad que me ha permitido también conocer a personajes imbatibles del mundo de la literatura y del periodismo: desde Antonio Mingote hasta Umbral o Cela. Es una suerte que he tenido por ser su hijo, pero en el fondo es también un retrato de los grandes acontecimientos que han pasado como sociedad en los últimos cuarenta años, porque en su opinión o en su prosa yo los he conocido.

Ya no solo por los personajes, sino también por las grandes noticias, los grandes temas: ETA, el Real Madrid, el periódico, el pulso de entregar el artículo diario... Todo eso al final es una forma de vida que se ha impregnado en mí desde pequeño. Y esto no deja de ser una especie de continuidad, no en el sentido de su obra, pero sí de nuestra propia comunión.

–¿Qué supuso para su padre la etapa en El Debate?

–Yo creo que fue un reconocimiento justo del sitio en el que tenía que estar.

Es una persona cuya libertad le ha costado trabajos; defender lo que cree le ha supuesto alguna cura de humildad que no merecía a la edad en que la tuvo. Y yo creo que El Debate fue como un descanso justo, una especie de ajuste de cuentas con la sociedad y con la profesión. Además, de una manera no solo digna, sino agradecida.

Creo que tanto para mi padre como para el periódico hubo una reciprocidad muy importante. Para él, volver a estar en el centro de la opinión pública defendiendo sus ideales, que coinciden además con los ideales de El Debate; y para el periódico, contar con una figura como la suya de primera espada... Era un ajuste merecido, lógico y honesto con toda su trayectoria.

–Los premios Libros del Asteroide se conceden a obras no terminadas. ¿Ganar en pleno proceso de escritura le da tranquilidad o le añade presión?

–Un poco de las dos cosas. Es un impulso muy generoso para continuar con la escritura del libro. Por otro lado, es verdad que genera expectativas, porque estoy seguro de que entre las quinientas o seiscientas novelas que se han presentado había proyectos maravillosos y muy potentes que también merecían el premio.

Ha dado la casualidad de que el jurado ha considerado que In Extremis debía ser la obra ganadora y eso exige mirarlo de frente, con respeto, con humildad, e intentar hacerlo de la mejor manera posible, como cualquier otro libro. Pero este, sabiendo que ha habido personas que han considerado que lo merecía. Todos los libros exigen; y en este hay que estar a la altura de las expectativas.