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Una vela encendida sobre un candil colganteGetty Images / YorVen

EL ESPAÑOL DESDE DENTRO

«No hay más cera que la que arde», de su origen para medir el tiempo a su significado actual

Este modismo, como tantos otros, surgió en los monasterios en tiempos en los que la electricidad no existía y las velas eran el único medio disponible

La expresión «no hay más cera que la que arde» es un modismo español que se emplea cada vez que queremos indicar que, ante una situación, no hay más soluciones posibles o que toca aguantarse con lo que hay porque no hay más cuerda de donde tirar. Así mismo, muchas personas la emplean para referirse a que lo que se ve es tal cual y no admite doble rasero. El Diccionario de la Lengua Española la coloca entre las expresiones coloquiales y la define como aquella «para notar que alguien no tiene más que lo que se ve».

Pero su origen se ubica en los monasterios en tiempos en los que no existía la electricidad y la luz y la medida de tiempo se obtenían con otros recursos hoy en desuso.

Para alumbrar los interiores de los cenobios por la noche, las velas eran el medio. Y para contar las horas, también. De día los monjes se servían del reloj solar para medir el tiempo, pero al esconderse el sol «contaban las horas en función del número de salmos rezados o de la medida de aceite consumida en el candil», indica José Luis García Remiro en su libro De cómo la vida monástica impregnó el lenguaje del pueblo con formas de hablar y expresiones que todavía perduran en nuestro idioma. Las velas encendidas medían el tiempo disponible que les quedaba para poder rezar con luz y de ahí surgió y se expandió la expresión «no hay más cera que la que arde», indicando el poco tiempo que les quedaba para seguir con iluminación nocturna.

Decir «no hay más cera que la que arde» fue y es aceptar un límite. En su época, que el tiempo que quedaba era limitado. No había una vela escondida para cuando la noche se alargase. En la nuestra, que no hay truco, no hay plan B. Lo que vemos es lo que hay. La expresión funciona como un cierre: de la discusión, de la esperanza ingenua o del autoengaño.