Según Juanes, Bad Bunny es el «artista real» que «ha amplificado el español», pero ¿qué artista y qué español?
El artista colombiano califica el éxito del portorriqueño como «inexplicable» y asegura que «se merece el éxito que está teniendo»
Bad Bunny durante la actuación del intermedio de la Super Bowl
Juanes lanza nuevo disco el próximo viernes (JuanesTeban) y parece haber encontrado una buena forma de promocionarlo: hablar maravillas de Bad Bunny. El cantante colombiano ha comparado al portorriqueño con artistas como Shakira o Gloria Estefan, quienes abrieron un camino «impresionante» que, según él, ahora ocupa el autor de Tití me preguntó.
Juanes califica el éxito de Bad Bunny como «inexplicable» y asegura que «es un artista real y se merece el éxito que está teniendo. Él ha amplificado el español a un lugar que nadie de nosotros se imaginó. Me parece muy bien que esto esté pasando por la música en español».
«Mis hijos le adoran y decidimos ir a Puerto Rico y cuando vi el show dije 'Wow, esto es increíble'. Desde que comienza el show hasta que termina tiene de todo: una cantidad de músicos en el escenario, una orquesta de salsa, la plena puertorriqueña, tambores. Me gustó muchísimo», ha dicho, como también su actuación en la Superbowl:
«Vi la polémica que hubo, pero a mi el espectáculo me gustó muchísimo porque representa lo que es». Resulta sorprendente el elogio sin concesiones de un artista «clásico» como Juanes. Y no es el único. Lady Gaga, una artista «clásica» y moderna, un mito actual, también se deshizo en alabanzas a su mediocre colega.
Y resulta sorprendente porque con el elogio al desempeño y «estilo» del portorriqueño apuntala el éxito no solo impresionante, sino arrasador: el mismo éxito que no deja espacio para artistas como el mismo Juanes y además potencia la proliferación de «badbunnys». Bad Bunny es como la muerte de la música tal y cómo se conocía, mientras los músicos que se conocían también caen en sus redes inexplicables de lenguaje machista, ritmos vulgares y total torpeza vocal convertida en signo de distinción.
No hay aspecto más grave para la música que el reconocimiento de la vulgaridad. La rendición a un modo de hacer que es el paso definitivo a la homologación de un «artista» que en vez de vocalizar rebuzna, en vez de bailar simplemente deambula y, en vez de escribir letras, escribe chabacanerías y ofensas que en otro formato serían calificadas como tales.
El «artista real», según Juanes, cuyos audios desprovistos de todo aderezo (música, acompañamiento, bailarines, ritmos) suenan a cuerno indio agujereado y no pasa nada. No solo no pasa nada, sino que es «un artista real» que, además, «ha amplificado el español a un lugar que nadie de nosotros se imaginó», dice Juanes. Y tanto, una amplificación como no se podía soñar en una pesadilla que se trata de transformar en hallazgo por todos los medios imaginables en otra nueva definición perfecta de decadencia artística, como pasar de las bellas artes clásicas a la fea «performance».