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El cantante Silvio Rodríguez durante un concierto en Madrid en 2016Dani Gago

Silvio Rodríguez, el castrista que aún vive (muy bien) bajo el régimen, dice que cogerá su fusil contra EE.UU.

Recuerda a su particular manera al caso extraordinario del soldado japonés Hiro Onoda, quien permaneció en lucha oculto en una isla hasta 30 años después de acabada la II Guerra Mundial

Si Silvio Rodríguez fuera japonés quizá pudiera haberse llamado Hiro Onoda, el soldado que estuvo oculto en la isla de Lubang, en Filipinas, desde 1944 hasta 1974, reacio a aceptar la derrota de Japón en la II Guerra Mundial en 1945.

Le habían dicho que no se rindiera hasta recibir órdenes directas y lo cumplió cuando, 30 años después de llegar a la isla, su antiguo comandante viajó a ella para comunicarle in situ que quedaba relevado de sus funciones.

En esas tres décadas el mundo había cambiado por completo, pero Onoda no. El ya viejo soldado seguía en guerra casi como el cantante Silvio Rodríguez, quien como el japonés, continúa alineado con su régimen.

Por la cultura nipona y por la situación de aislamiento se explica el caso de Onoda, no así el de Rodríguez, cantante internacional, que ha viajado y ha conocido el éxito en el mundo, además de vivir en las democracias.

Ante los rumores y las veladas (o no tanto) amenazas de Trump de intervenir en la isla, un combativo Silvio, de 79 años, por edad de los pequeños de la quinta de los Castro, ha escrito en su blog. «Exijo mi AKM, si se lanzan. Y conste que lo digo muy en serio».

Rodríguez dice que lucharía (con la vieja retórica revolucionaria, incluidos los términos como el viejo fusil soviético), respondiendo al llamamiento del actual presidente cubano, Díaz Canel, quien ha asegurado que «Cualquier agresor externo chocará en Cuba con una resistencia inexpugnable».

Músico de sus amos

Es la vieja épica revolucionaria a la que continúan apelando en pleno siglo XXI, la actitud anacrónica que sigue defendiendo un régimen totalitario y fallido que resiste entre sus pilares agrietados y sus techos agujereados como Silvio Rodríguez.

El auténtico cantautor del régimen, el soldado Onoda de aquel imperio japonés que no aceptó que todo había terminado. Aunque a él siempre le fue bien, a Silvio, se quiere decir, fiel (buen) músico de sus amos.