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Banksy y el valor del anonimato en el arte: «Le ha permitido decir las cosas sin miedo»

Las pesquisas sobre la posible identidad del Robin Hood del arte callejero reabren el debate sobre las consecuencias de revelar al artista y el valor de su obra

Pintura, escultura, música o literatura comparten un sello de identidad único que subyace en la libertad de expresión y, por extensión, en la tensión con la censura. Para los artistas, el anonimato se erige como una piedra angular que articula un lenguaje propio y un espacio de resistencia. El arte urbano es, por excelencia, el que más recurre a esta máscara social, y Banksy es la figura más reconocida de ese anonimato convertido en marca y discurso.

«Es como un superhéroe, un Batman o un Spiderman del arte urbano. Ha generado un misterio que le da una dimensión épica, de leyenda», asevera a El Debate José Antonio Espinar, experto en arte urbano. Y añade que «su importancia radica en que ha roto barreras y ha multiplicado la repercusión de un arte que nace en la calle».

Mural de Bansky que muestra a un policía fronterizo israelí en una pelea de almohadas con un palestino

Mural de Bansky que muestra a un policía fronterizo israelí en una pelea de almohadas con un palestinoEFE / Alicia Sánchez

La identidad de Banksy se ha convertido en uno de los mayores enigmas del arte contemporáneo. Distintas investigaciones apuntan al británico Robin Gunningham como posible autor de sus obras. Ya en 2008, el diario The Mail on Sunday publicó un reportaje que lo señalaba. Ahora, una reciente investigación de Reuters vuelve a situar el foco sobre esa misma identidad.

La obra de Banksy se distingue por una crítica social y política marcada por la sátira, la ironía y un claro posicionamiento antisistema. Sus intervenciones, realizadas principalmente mediante la técnica del estarcido (stencil) en espacios públicos, combinan humor negro y denuncia para abordar cuestiones como la guerra, el capitalismo, la desigualdad o el consumismo.

El experto en arte urbano contactado por este diario lo define así: «Es un artista que ha utilizado sus stencils como una forma rápida y contundente de denuncia, siempre crítica y ácida. El anonimato le ha permitido decir las cosas claras y sin miedo». El estilo de Banksy se ha mantenido bajo el paraguas del anonimato, un rasgo que refuerza el mensaje y su impacto.

Nuevo grafiti de Banksy en Londres

Nuevo grafiti de Banksy en LondresEFE

«Dudo que vuelva a pintar, una vez que se sabe el nombre, la leyenda muere, aunque su obra queda ahí. Lo que trasciende es lo que hacemos y, a estas alturas, el nombre desvela poco», afirma Espinar. La presunta revelación de la identidad que oculta Banksy, construida durante más de tres décadas, abre interrogantes sobre el futuro y el valor de las obras del Robin Hood del arte callejero.

El experto lamenta que a Banksy se le haya convertido en un producto mercantilista: «Es ahí donde puede repercutir que se desvele la identidad. Puede afectar a quienes han querido convertir ese arte en un negocio», añade, aunque duda que sus obras puedan llegar a perder valor.

La obra de Banksy ha trascendido del vandalismo al arte fino y eso ha favorecido el rédito económico. Love is in the Bin (El amor está en la papelera), la obra más cara del artista del Reino Unido se vendió por unos 22 millones de euros en octubre de 2021.

Del mundo romano al grafiti

El uso del anonimato se remonta a los inicios de las manifestaciones artísticas. En la época romana, los ciudadanos hacían uso de muros para colgar sus proclamas de manera anónima. En el auge del grafiti, en el siglo XX, jóvenes de ciudades como Nueva York firmaban con pseudónimos en muros y vagones de metro para evitar posibles sanciones por vandalismo.

A pesar de los más de 14 siglos que separan ambos periodos, la máxima es común: asegurarse la libertad de expresión con el fin de evitar ser reconocidos y no sufrir represalias.

«De normal, cualquier expresión en la calle que no sea traducida en dinero está perseguida. De alguna manera el anonimato ha salvaguardado la libertad de expresión, que siempre ha sido necesaria», apostilla Espinar.

La presunta revelación de una identidad construida durante más de tres décadas abre interrogantes sobre el futuro y el valor de las obras del Robin Hood del arte callejero.

En ese equilibrio entre anonimato y reconocimiento se juega, en buena medida, la vigencia de un discurso que ha hecho de la calle su principal altavoz.

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