Detalle de Arearea («La felicidad») de Gauguin
¿Es falsa la felicidad según Kant, quien dijo que «no brota de la razón sino de la imaginación»?
La felicidad es uno de los grandes debates de la filosofía y uno de los mayores (si no el mayor) deseo del hombre
La felicidad es uno de los grandes debates de la filosofía y uno de los mayores (si no el mayor) deseo del hombre. En su búsqueda los pensadores se han esforzado en prefigurarla o en definirla. Hay cientos de definiciones fundamentadas en la inmaterialidad y en la extensión inabarcable del concepto.
El mundo está lleno de señales que indican la dirección de la felicidad, hacia donde debemos dirigirnos, en un destino conceptual y casi infinito por la cantidad de variables, de individuos, de pensamiento, de educación, de circunstancias, de fortalezas y debilidades...
Es casi como el secreto de la cocina: las recetas particulares de cada cual forman una pauta, una realidad, que se suma a todas las demás. Para Einstein, que pensó y habló y escribió mucho sobre la gran cuestión, bastaba «Una mesa, una silla, un bol de frutas y un violín. ¿Qué más necesita uno para ser feliz?», afirmó.
Para Aristóteles la felicidad era algo tan sencillo y tan complejo como que «depende de nosotros mismos». Algo más concisa es la felicidad de Ortega: «La vida dedicada a ocupaciones para las cuales cada hombre tiene singular vocación».
San Agustín diferenciaba: «La felicidad no consiste en tener lo que deseas, sino en amar lo que tienes» y Sócrates sentenciaba con esa manera suya de sentenciar que era generar una pregunta, un pensamiento: «La felicidad consiste en hacer el bien».
Para Kant la felicidad es «un ideal de la imaginación»: «La felicidad no brota de la razón sino de la imaginación», dijo el filósofo alemán. ¿Es falsa la felicidad según esta idea? En absoluto, porque no quiere decir que la felicidad sea imaginaria, sino que existe en la mente a través de la imaginación.
Es la mente la que puede conducirnos a ella y a partir de esto surgen otras muchas direcciones para Kant, como que la felicidad debemos buscarla. Así depende de nosotros como decía Aristóteles.
El pensador alemán creía que la felicidad era un deber, pero un deber de la imaginación, casi una obligación de fe individual, también basada en la práctica de la virtud (como pensaba Sócrates), y hasta de creatividad en el reconocimiento de la enorme complejidad del gran anhelo humano.