Fundado en 1910
El arquitecto José Antonio Coderch

El arquitecto José Antonio Coderch

Coderch: absolutamente todo

En 1977 editó Del Toreo, donde une fotografía y tauromaquia

El arquitecto José Antonio Coderch nació en Barcelona en 1913, en una familia muy tradicional. Era el mayor de ocho hermanos. Su padre fue ingeniero jefe del Puerto de Barcelona y su madre pertenecía a los Sentmenat, un antiguo linaje catalán cuyos antecedentes se remontan, al menos, a 1148, cuando Pere de Sentmenat participó en la conquista de Tortosa, y a 1212, cuando otro miembro del linaje combatió en la batalla de las Navas de Tolosa. Ese trasfondo —tan moral como genealógico— se deja sentir en su obra: sentido del deber, respeto por el oficio.

Publicó poco, pero con una exigencia extrema. En 1977 editó Del Toreo, donde une fotografía y tauromaquia. Antes había dado su célebre manifiesto «No son genios los que necesitamos ahora» (Domus, 1961) y el bellísimo artículo «Historia de unas castañuelas» (1967). Aquel texto y una larga conversación con Enric Sòria —publicada originalmente por Blume en 1979— se recogen en Un texto y una conversación (Puente Editores, 2023). Lástima que no hayan incluido también las castañuelas.

Un texto y una conversación componen un librito (103 páginas) inmenso. Así que dejaré esta introducción en el mínimo indispensable para que después quepan cuantos más fragmentos, mejor. Nada más empezar a leer a Coderch se reconoce la estirpe: la de Ramón Gaya o Josep Pla. Hombres que se ponen el mundo por montera y que se quitan el sombrero ante la realidad. ¿Cuál no sería mi sorpresa cuando, veinte páginas o treinta después de haber pensado esto, le leo: «El pintor Ramón Gaya, a quien considero uno de mis mejores amigos…». De Josep Pla no dice nada, pero hay frases que perfectamente podrían ser del ampurdanés: «Mi primer mecenas, muy amigo mío, muy buena persona, pero al que le gustaba mucho el dinero, y además lo tenía. Esto ya lo entiendo, y más ahora que me hago viejo».

En principio, la conversación iba a ser de arquitectura, pero Sòria se las ve y se las desea para ceñirse al tema. Coderch habla de todo y salta de un asunto a otro con la misma estructura zigzagueante de sus fachadas, o sea, sin la mínima incoherencia. Todo está dimensionado. La conversación tiene tres dimensiones: la arquitectónica, por supuesto, llena de iluminaciones incluso para el profano; paralelamente, la artística o intelectual, porque lo que se dice de un arte vale para otro, incluso para el profesional de la literatura; y por último y por principio, hay una lectura moral. Ésta nos atañe a todos, y quizá con urgencia.

No esperemos más y leamos a Coderch. Importa tanto que me salto esas citas graciosas y desprejuiciadas contra Le Corbusier, Picasso o el demonio, y vamos a lo positivo y necesario.

***
Un viejo y famoso arquitecto americano, si no recuerdo mal, le decía a otro mucho más joven que le pedía un consejo: «Abre bien los ojos, mira, es mucho más sencillo de lo que imaginas».
*
Creo que los genios son acontecimientos, no metas o fines.
*
[Consejo] Que trabajen con una cuerda atada al pie, para que no puedan ir demasiado lejos de la tierra en la que tienen raíces, y de los hombres que mejor conocen, siempre apoyándose en una base firme de dedicación, de buena voluntad y de honradez (honor).
*
Gentes de toda condición que tienen conciencia de algunos valores de orden superior y están decididos a obrar en consecuencia. Estas gentes son aristócratas y de ellos depende todo. […] Esta aristocracia hoy prácticamente no existe, ahogada en su mayor parte por el materialismo y la filosofía del éxito.
*
Solían decirme mis padres que un caballero, un aristócrata es la persona que no hace ciertas cosas, aun cuando la Ley, la Iglesia y la mayoría las aprueben o las permitan. Cada uno de nosotros, si tenemos conciencia de ello, debemos individualmente constituir una nueva aristocracia. Este es un problema urgente, tan apremiante que debe ser acometido enseguida.
*
El contraste entre lo mucho que se valora la obra de Gaudí, que no está a nuestro alcance, y el silencio o ignorancia de la moral o la posición ante el problema de Gaudí que, esto sí, está al alcance de todos nosotros.
*
El proyecto habla y, evidentemente, te pide cosas.
*
Pero, sobre todo, la parte exterior. La casa es propiedad de la gente que pasea.
*
La moda es un fenómeno económico muy importante, pero espiritualmente no tiene importancia.
*
Y, como siempre decía mi padre —ingeniero de caminos, como mi abuelo y mi bisabuelo— de los arquitectos, repitiendo una frase antigua: «Donde hay hierro, yerro hay».
*
Que nunca parezca que se le ha hecho daño al terreno.
*
Hay proyectos de principios de mi carrera que yo necesitaba (considero que alimentar a la familia es más importante que doña Arquitectura). Yo hacía lo que quería determinado señor y éticamente me imponía salvar alguna cosa: dos ventanas, el tejado…
*
Yo creo que si no eres un imbécil y has puesto amor, tiempo y sacrificio en un proyecto, las piedras lo devuelven de una u otra forma.
*
Un poeta mediocre —como hay muchos—, un intelectual mediocre que baje un metro de Shakespeare ya es inferior al artesano, al carpintero.
*
Ahora tenemos un orgullo de narices. La cosa más hermosa del mundo —más fermosa, como se decía antes— es servir a los demás.
*
Existen dos tipos de distracción. Distracciones molestas y otras agradables, unas que hay que suprimir y otras que hay que fomentar. […] Un alumno mío puede distraerse con un pájaro, quizá porque está aprendiendo mucho más del pájaro que de mí.
*
Elitista es una palabra que me fastidia, no la puedo aguantar. Yo soy partidario de una aristocracia en movimiento, en renovación, no anquilosada, que sepa conservar cosas que, aunque sean tontas, valgan la pena.
*
[Contra el urbanismo de la costa, horrible, porque todos quieren tener vistas al mar] Quieren, pero no lo miran, nunca suben a mirarlo.
*
Dentro de todas las familias y de la sociedad hay gente que crea, gente que conserva y gente que degrada. Mi miedo está en llegar a ser de los que degradan. Al menos poder ser de los que conservan, que hay muchas cosas que se han de conservar.
*
Ves que una equivocación es estúpida, garrafal, humillante, pero necesaria porque, suponiendo que al final haya una solución relativamente buena, esta equivocación es un escalón que no puede faltar. Si falta este escalón, falta la solución.
*
Procuro ser decente. Yo, perdóneme que lo repita, pero es que me precio de ello, tuve unos padres excepcionales y una de mis preocupaciones es transmitir lo que ellos me enseñaron; no mi nombre como arquitecto que ha venido dado por un nivel bajísimo y porque no he hecho trampas. Me dijeron cosas muy serias. […] Mi padre me decía: «¡Ojo!, los Coderch no están en venta». Cuando por el hecho de haber sido nombrado perito ministerial, alguien te ha ofrecido tres millones y te acomete la tentación razonando que si no los tomas tú, los tomará otro, me digo: «No está en venta».
*
Esta es la mayor desgracia que tenemos, que podemos hacerlo todo.
*
Hablando de espacios, en lugar de grande, yo diría espacio correcto. Puede haber un pequeño espacio que sea una maravilla y un espacio grande que sea un desastre, y a la inversa.
*
[En la creación] Ni hay que hurtar el bulto ni hay que pasarse de hazaña, como en los toros.
*
Dicen que el arte es comunicación; tonterías, el arte es fe, nada más. Y fe silenciosa.
*
Uno, desde el momento en el que quiere serlo, ya no es inteligente.
*
Yo sé hacer de arquitecto, pero lo que mejor hago son los pasillos. A mí siempre me han gustado los pasillos, pues este sistema de no hacerlos a base de que todo el mundo ensucie, orine y se bañe en la misma habitación no me gusta.
*
[Para hacer las cosas bien] Se ha de sufrir, y mucho…
*
Estamos demasiado maleados por la erudición, la falsa cultura, el maquinismo, la publicidad, las envidias… Que yo le envidie por lo que tiene es bastante normal, pero que lo haga por ser como es resulta más grave.
*
Si yo no creyera que vendrá una nueva tradición, sería bastante desgraciado.
*
Yo de joven metí la pata en una cosa [no aceptar ninguno de los títulos de nobleza de la familia materna]. Es ridícula esa gente que hace las mil y una para tener un título, para arreglar bodas y otras cosas. Pero si te lo han ofrecido, si a tu madre le hace ilusión, que, al fin y al cabo, es tu madre, y llevas la mitad de sangre de esta rama familiar… Otros lo poseen y no tienen un nombre que, por lo menos sea tan viejo como el de Coderch.
*
[Antes] tenían conciencia de que un hidalgo no podía hacer ciertas cosas y sí tenían que hacer otras. He dicho «la conciencia»; que a veces las hacían y otras no; más veces no que sí, pero lo importante es el espíritu. Se preguntará qué tiene que ver esto con la arquitectura; pues todo, absolutamente todo.
*
Hay cosas peligrosas para un arquitecto, como, por ejemplo, las modas. Yo llevo la misma corbata porque sé que es malo cambiar.
*
Digo siempre que lo importante no es que el hombre camine hacia delante, suponiendo que andar hacia adelante sea lo bueno, o hacia atrás, sino que tenga un vector que vaya hacia adelante.
*
La conciencia puede matarse con una facilidad tremenda. Si a la conciencia se le hacen dos o tres trampas, dice adiós y no vuelve.
*
Creo en Dios, creo en el misterio y lo amo de la única forma que puedo hacerlo, poniéndome en sus manos y aceptándolo. Y aparte de esto, pienso que es un caballero.
*
Joan Teixidor se acercó y me preguntó que qué me pasaba. Le dije que estaba triste y deprimido y que lo único que me consolaba era ir repitiendo sin límite: «Dios mío, Dios mío», porque así me encontraba mejor, aunque me avergonzara contárselo. Y Joan me dijo: «¿Y por qué crees que te amamos?»
*
Yo lo repito todo. Mi mujer, que es andaluza, me dice: «José Antonio, eres muy repetío». Sí, digo siempre lo mismo. A veces voy evolucionando y digo alguna cosa nueva.




comentarios
tracking

Compartir

Herramientas