Francisco Marhuenda en la presentación de ayer
Francisco Marhuenda transita de las palabras al lienzo: «La pintura siempre ha sido un espacio de libertad personal»
El periodista inaugura en Madrid su primera exposición, Centro, una serie de abstracción geométrica que nace de un centenar de obras realizadas en solo dos años
El frenesí de la actualidad informativa, oficio que Francisco Marhuenda habita desde hace tres décadas, empuja a los periodistas a la inquietud y la creatividad. También a no descansar, aunque en su caso ese hábito de días largos y noches cortas tiene un matiz singular. «Me tengo que poner la alarma a las tres de la madrugada porque me gusta pintar por las noches y me puede dar el amanecer», confesó. Contra natura, el director de La Razón usa la alarma del móvil para acostarse y no para despertarse.
Ayer, Marhuenda presentó en el barrio madrileño de Tetuán una nueva arista de su trabajo, en la que sustituye las palabras por la pintura y el teclado por la brocha. «Me he querido arriesgar a que la gente me diga lo que piensa. No hay que ser pintor para pintar ni escritor para hacer una novela», afirmó el catedrático en la presentación a la que acudió El Debate.
Allí, en el espacio de la galería The Global Art Company se podía respirar la ilusión de quien publica su primera canción, hace su primer artículo o, como en este caso, pinta su primer cuadro. Marhuenda explicó su proyecto con todo detalle, decidió descarnarse, y como pintor primerizo se mostró intrigado por la aceptación de sus pinturas, pintadas todas ellas a pincel y mano alzada.
Varias obras de Marhuenda
Su primera exposición, Centro, se articula en torno a la abstracción geométrica como lenguaje visual, aunque se aproxima también a una reinterpretación contemporánea más libre, donde la precisión convive con la intuición en el uso del color.
«La pintura ha sido siempre un espacio de libertad personal, ajeno a lo público. Dar este paso ha supuesto ordenar ese lenguaje y compartirlo», señaló. Su marchante, Carol Sepúlveda, destacó la irrupción de Marhuenda en el panorama artístico: «Es poco habitual encontrar a un artista emergente con una obra tan construida. Irrumpe en el circuito con 65 años, algo que rompe ciertos códigos del mercado».
Simulación de su estudio
La nave industrial que utiliza como museo personal en Valdemoro da cuenta de esa inquietud creadora. El catedrático catalán atesora allí una colección de 70.000 libros, 200 máquinas de escribir y, ahora, un centenar de piezas pintadas por él en menos de dos años.
Pese a su tardía irrupción en la pintura, Marhuenda recordó que ya dibujaba desde niño. «Siempre me ha ayudado a concentrarme. Mi aprendizaje ha sido totalmente autodidacta y algún cuadro es fruto del error», indicó.
Geometría y color
Su exposición se articula en tres partes. La primera arranca con una propuesta más sencilla basada en el círculo. La segunda evoluciona hacia una composición de dos círculos e incorpora nuevas formas geométricas. La tercera culmina con grandes círculos situados en el centro.
Centro reúne una treintena de obras en las que todo se organiza alrededor del círculo y se despliega en composiciones construidas con capas cromáticas de gran intensidad. Rojos, verdes, naranjas y azules se ordenan en campos definidos que generan profundidad y tensión, en equilibrio entre orden formal y expresividad.
Francisco Marhuenda en la presentación
En parte de la obra apuesta por el dinamismo compositivo, con líneas quebradas y recorridos angulosos que amplían las lecturas posibles. El conjunto, concebido para esta primera exposición, adquiere una dimensión casi arquitectónica.
Como amante del arte, explicó que en su pintura confluyen múltiples influencias. «Es muy acumulativa: impresionismo, cubismo, geometría... Todo me llama la atención menos el realismo», señaló. Y añadió: «El pintor que diga que no tiene influencias es arrogante».
Varias obras del periodista
La colección puede verse en su página web de artista y, desde mañana, también con cita previa en la galería ubicada en Verónica 5, en el Barrio de las Letras.
Y concluyó: «Dentro de diez años me veo pintando. Lo que me queda hasta que cumpla 300 años es pintar. En la pintura me gustaría hacer una serie de Madrid, porque es una ciudad que me ha acogido». Un propósito que enlaza con otra de sus pasiones, la ciudad como espacio intelectual y sentimental, y que apunta a que esta primera exposición no será un episodio aislado, sino el inicio de un recorrido artístico más ambicioso.