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Manuel Escribano, en este último festejo de la Feria de AbrilEuropa Press

En esta Sevilla, tan felizmente amante de sus tradiciones, se cumple un año más la de que se cierre la Feria de Abril con la corrida de Miura. Así, Miura, sin más, ponían antes las entradas. Todos sabíamos de sobra lo que eso quería decir.

Decía el inolvidable Antonio Burgos que la ganadería de Miura era un ejemplo que de conservación de tradiciones que muchos españoles deberían haber seguido. Ninguna otra ganadería de toros bravos ha permanecido tantos años en manos de la misma familia: don Juan Miura, el creador, debutó con sus toros, en Madrid, el 30 de abril de 1849.

Son toros con personalidad propia, tanto en la presentación como en el comportamiento: «Esta gente…», me decía don Eduardo Miura. Y han mantenido siempre esa personalidad, nunca han realizado cruces con otro encaste.

Suelen ser altos, agalgados, variados de capa, abiertos de pitones, con un cuello muy largo. Pueden parecer escurridos, aunque pesen cerca de 600 kilos. Tienen fama de ser muy listos, de aprender muy pronto. El que los torea, además de valor y técnica, ha de tener también listeza: una equivocación, delante de un Miura, puede traer graves consecuencias.

Los Miuras tienen también una leyenda trágica, por los percances que han causado. También han dado lugar a muchísimas anécdotas tragicómicas. Una sola: el Miura al que desencajonaron en el ruedo y no hubo forma de hacerlo volver a los corrales. Se quedó en la arena toda la noche. Al día siguiente, los toreros tuvieron que hacer el paseíllo por al callejón mientras el Miura los esperaba, arrogante, en el centro del ruedo.

Con estos toros no sólo han triunfado gladiadores; también, toreros de la categoría de Pepe Luis Vázquez (el gran amigo de don Eduardo, fijo en esta corrida sevillana), Luis Miguel Dominguín, Diego Puerta, Paco Camino, Limeño, Paco Ruiz Miguel, Manolo Cortés, Manili, José Antonio Campuzano, Luis Francisco Esplá…

De los Miuras de esta tarde, cuatro son cárdenos y dos, castaños. Todos, altos, zancudos, casi escurridos, aunque cuatro superan los 600 kilos y los otros dos, los rozan.

Manuel Escribano expuso mucho pero no tuvo fortuna, esta vez, con los Victorinos. Ya en el primer toro acude a porta gayola: con un Miura de 621 kilos, sin saber cómo sale, tiene tela... El toro es alto y largo. Con toda facilidad, salta la barrera en los tendidos de Sol. Manuel repite la larga y liga verónicas, que el toro parece tomar bien. Lo lleva al caballo galleando por chicuelinas. El toro se deja pegar y, a la salida, flaquea. Banderillea Escribano con facilidad; el tercer par, quebrando, al violín. Brinda al público. El toro parece noble, justo de fuerza; se deja torear pero embiste a media altura, dice poco. Una faena técnica, con más oficio que brillo, porque el toro no ha humillado. Alarga el trasteo y el toro ya le avisa. Creo que debió cortar antes. El espadazo queda trasero y desprendido: saluda una ovación.

También acude Escribano a porta gayola en el cuarto, muy alto, de capa espectacular, castaño listón (con una larga raya blanca que parece dibujada y que le recorre todo el lomo), además de chorreado y bragado. Se para un par de veces, antes de embestir con fuerza. Ya de pie, el toro hace un extraño y casi se lo lleva por delante: es un Miura. Le pegan fuerte en el caballo. Ha de repetir Manuel el tercer par, un quiebro en tablas peligrosísimo, que levanta un clamor. Lo llama desde el centro y hace el péndulo. El Miura es mugidor, flaquea un poco, pero embiste con cierta nobleza: le permite trazar naturales suaves, lentos, que hacen sonar la música. La faena ha tenido mando y también gusto. Le ha faltado un punto de emoción por la flaqueza del toro pero lo compensa la contundente estocada. El toro muere embistiendo, en el centro del ruedo: oreja y ovación al toro.

Escribano recibió a sus dos toros a porta gayolaEuropa Press

Escribano pone un par de banderillas junto a las tablasEuropa Press

No triunfó Pepe Moral con los toros de Alcurrucén pero sí logró muletazos de su excelente estilo. También acude a porta gayola en el segundo toro que, de salida, no le hace ni caso: la espera es de verdad angustiosa. Cuando vuelve hacia el torero, éste vacía con habilidad la embestida y enlaza buenos lances. El toro acude pronto al caballo, le miden el castigo pero blandea mucho: lo devuelven. La faena es trabajosa, lo logra con su chaquetilla Florito, el torilero, muy valiente y muy eficaz.

El sobrero pesa nada menos que 679 kilos pero el diestro no se amilana, acude de nuevo a porta gayola. Liga buenas verónicas, bajándole la mano. El toro cumple en el caballo, se duele en banderillas. Pepe Moral comienza doblándose muy bien pero el toro sale de la muleta desentendiéndose del engaño; ha aprendido muy pronto, saca peligro. Pepe Moral lo emborrona con un feo pinchazo, antes de una estocada caída.

Pepe Moral, con el segundo de su lote, toro castaño de 636 kilosEFE

El quinto es otro castaño listón, como el cuarto, pero da un juego más complicado; empuja fuerte en el caballo y aguanta bien el picador Francisco Romero. Embiste el toro con muchos pies, en banderillas; vuelve rápido, en la muleta. Pepe Moral no lo ve claro, machetea desconfiado, pasa momentos de apuro. Pincha antes de una estocada corta, alargando el brazo.

Ésta es la única actuación, en esta Feria, del valenciano Román, el torero de la eterna sonrisa. Después de sufrir un percance muy grave, en la suerte suprema, remontó y está logrando algo nada fácil: torear con buen estilo a toros de divisas duras.

Intenta recibir con verónicas al tercero, que embiste rebrincado, acude de largo al caballo, el picador mide el castigo. Román brinda al público. Dándole espacio, traza buenos muletazos, que hacen sonar la música. A los sones del pasodoble Juncal -que rescató José Luque-, liga naturales clásicos, intentando alargar las embestidas, y derechazos de mano baja. En series cortas, el Miura ha respondido con cierta nobleza. Pierde el trofeo por pinchar dos veces, antes de la estocada vertical, y saluda.

La Maestranza volvió a estar prácticamente llena en la última corrida de esta Feria de AbrilEuropa Press

El último toro de la Feria, Palillero, cárdeno oscuro, casi negro, con 605 kilos, le busca las vueltas al caballo y, por el anca, lo derriba: la listeza de los Miuras… La segunda vez, acude desde lejos y Chocolate mide bien el castigo. Se aplaude el último toque de clarín. Brinda Román a José María Garzón, el empresario, legítimo triunfador de esta gran Feria.

En la muleta, el Miura tardea pero embiste con fuerza, vuelve rápido. Román porfía, pasa momentos de apuro, le saca algún muletazo lucido; se justifica, por su entrega. Esta vez, sí acierta con la espada y saluda una ovación. Esa misma estocada, en su primero, le habría valido la oreja.

Sin triunfo grande, ha sido una tarde interesante: Miuras muy serios, de impresionante presencia y juego variado. Manuel Escribano consigue un trofeo; Román tiene una muy digna actuación. Un buen final para una gran Feria. Así se lo digo al Alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, y a su Teniente de Alcalde, Manuel Alés, promotor de esa iniciativa que tiene un título tan certero: «Sevilla, taurina». Nadie lo puede discutir.

Nos despedimos de tantos buenos amigos. Como todos los años, al caer el último toro de la Feria de Abril, me asomo a la blanca terraza de la Maestranza y, desde allí, contemplo con inevitable melancolía cómo fluye el río, entre Sevilla y Triana. Es lo mismo que hacen todas las cosas que se van, llevándose el recuerdo de tanta belleza… Pienso que he de dar gracias a Dios por haber podido estar aquí, un año más. Adiós, Sevilla, «Roma triunfante en ánimo y nobleza», como la llamó Cervantes. Adiós, Plaza de la Maestranza, cuna del arte del toreo. Si Dios quiere, aquí volveremos a encontrarnos, en la Feria de San Miguel.

ficha

  • Sevilla. Plaza de la Real Maestranza de Caballería. Feria de Abril. Domingo, 26 de abril de 2026. Lleno aparente.
  • Toros de Miura, muy serios, de gran presencia y variado juego; algunos, aplaudidos en el arrastre.
  • MANUEL ESCRIBANO, de verde manzana y oro, estocada trasera y desprendida (ovación). En el cuarto, estocada (oreja).
  • PEPE MORAL, de blanco y oro, pinchazo y estocada caída (silencio). En el quinto, pinchazo, estocada corta y dos descabellos (silencio).
  • ROMÁN, de purísima y oro, dos pinchazos y estocada perpendicular (saludos). En el sexto, estocada (ovación de despedida).