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UrnaMarta de la Chica

El Debate de las Ideas

Historias del voto útil: cuando la candidatura única fracasaba

Repasando episodios históricos de la derecha española del último medio siglo, tropecé hace poco con un interesante trabajo de Adrián Magaldi Fernández titulado Coalición Democrática y las elecciones de 1979: la primera refundación de la derecha española (Cuadernos de historia contemporánea, núm. 43, 2021, pp. 253-277). El trabajo vale la pena y está en abierto, por lo que animo a leerlo. Para que ustedes se ubiquen, explicaremos que Coalición Democrática fue la coalición que montó Fraga (AP) con Areilza (Acción Ciudadana Liberal), Osorio (Partido Demócrata Progresista) y otras pequeñas formaciones tras el limitado resultado de Alianza Popular en las elecciones de 1977. Dicha coalición generó un resultado más limitado todavía: de los 16 escaños obtenidos por la AP de los siete magníficos, se pasó a 9.

Poco después de aquellas primeras elecciones bajo la nueva Constitución (celebradas el 1 de marzo de 1979), se celebraron las primeras elecciones municipales bajo el régimen del 78 (el 3 de abril).

Según cuenta el trabajo citado, «cuando se produjo el frustrante resultado de las elecciones generales, CD planteó su retirada de la contienda municipal para no dividir el voto conservador y que este fuera completamente capitalizado por UCD. De lo contrario, se temía que su presencia acabara por beneficiar a socialistas y comunistas. A nivel nacional, se decidió otorgar libertad a las juntas provinciales para que fueran ellas las que analizaran la conveniencia o no de presentarse a las elecciones municipales, mientras que, para el caso de Madrid, fueron los líderes nacionales de CD quienes examinaron la situación. Estudios realizados desde la directiva municipal madrileña presionaron para que no se retirara la candidatura» (pág. 271). Entre las razones que alegaban, «si CD no se presenta o la abstención aumenta, UCD nunca obtiene mayoría. Siempre que se presenta CD, aunque los resultados sean pobres, se cierra el paso al marxismo y el ayuntamiento es de derechas. UCD solo podría ganar sin CD si disminuye mucho la abstención; la izquierda repite y todos los votos de CD se pasan íntegros a UCD; circunstancias que son poco probables, y juntas menos» (pág. 272, que cita el archivo de quien iba a ser candidato al Ayuntamiento, Gregorio Marañón Moya). Según dicho estudio, Coalición Democrática debía presentarse por «coherencia y deuda con los 180.000 votantes de Coalición en Madrid», apuntándose la posibilidad de alcanzar el mismo respaldo popular «o incluso obtener mayor apoyo, al no presentarse UN» (Unión Nacional, la coalición que liderada por Blas Piñar había obtenido 1 escaño en el Congreso en 1979). «Según dicho estudio, CD solo podría pensar en retirar su candidatura si obtuvieran algún tipo de contrapartida» (pág. 272). Y la contrapartida llegó: «Se planteó la incorporación de media docena de sus hombres en las listas centristas a modo de independientes, propuesta rechazada tanto por Fraga como por UCD. Tras largos debates, CD decidió no presentar la candidatura madrileña. A cambio, obtuvo de UCD el compromiso de una ayuda económica que ascendió a 30 millones de pesetas, fundamentales para saldar sus deudas y afrontar más cómodamente la campaña en aquellos municipios en que finalmente se presentaron» (pág. 272, que cita además como fuente la Historia del Partido Popular de Rogelio Baón, confirmando semejante acuerdo).

¿Resultado de la retirada? La UCD, con José Luis Álvarez al frente, ganó las municipales en Madrid con el 40,29 % de los votos y 25 concejales. Pero no pudo gobernar porque el PSOE, liderado por Enrique Tierno (39,49 %, 25 concejales) y el PCE liderado por Ramón Tamames (14,69 %, 9 concejales), pactaron hacer alcalde al viejo profesor.

En las generales de sólo un mes antes, en el municipio de Madrid, UCD había obtenido el 34,53 %, el PSOE el 31,26 %, el PCE el 12,45 %, CD el 10,04 % y la UN de Blas Piñar el 5,35 %. La suma de UCD, CD y UN tenía en las generales en Madrid ciudad el 49,92 %, por un 43,71 % de la izquierda. Un mes después, en las municipales, con candidatura única (UCD), la participación cayó 7 puntos y la izquierda pasó a tener un 54,18 % frente al 40,29 % de una UCD que había «comprado» el monopolio, perdiendo casi diez puntos. Ni que decir tiene que la mayoría de esos votantes de AP-CD y UN lo que hicieron fue quedarse en casa.

Leído el episodio desde la actualidad, no me cabe la menor duda de que muchos dirigentes y votantes del PP, si pudieran, también «comprarían» la retirada de Vox. Y, como enseña el episodio, sería una torpeza. Y es que no podemos olvidar que, casi siempre que el PP se empeñó en el monopolio, lo pagó duramente en las urnas. Así ocurrió durante años en Andalucía, el Reino de Valencia o Aragón. Los bipartitos y tripartitos le impedían gobernar. Incluso fue por monopolismo como perdió Galicia en un par de mandatos, como perdió el Ayuntamiento de Madrid en 2015 y como estuvo a punto de perder la Comunidad de Madrid en 2003. Más recientemente, hay que recordar que si Ayuso fue presidenta en sus dos primeros mandatos fue gracias a Ciudadanos y Vox.

Cierto es que, en esos tiempos de monopolio popular, algunas veces y en algunos sitios se obtuvieron mayorías absolutas. Pero siempre eran con inferioridad en número total de votos respecto a la izquierda: por ejemplo, cuando Feijóo recuperó la mayoría absoluta para el PP de Galicia en 2009, la suma de PSdG-PSOE y BNG obtuvo más votos. La única forma en que las derechas han logrado traducir electoralmente lo que tal vez sea una mayoría social (mayoría natural, decía Fraga, a lo cual dediqué otro artículo en éstas páginas hace tres años) es con diversidad de candidaturas capaces de responder a las diferentes sensibilidades de unas derechas españolas que son mucho más plurales de lo que quepa imaginar. Y si no, léanse los libros del Prof. González Cuevas El pensamiento político de la derecha española en el siglo XX (Tecnos, 2016) y su Historia de la derecha española. De la ilustración a la actualidad (Espasa, 2023), y tal vez se sorprendan de la variedad y originalidad.

Este mes tenemos elecciones en Andalucía. Una comunidad autónoma gobernada por las izquierdas desde su nacimiento en 1982 hasta las elecciones de diciembre de 2018. Año en el que el cambio vino, precisamente, por la concurrencia de una nueva derecha. Y desde entonces, ha entrado en nueva estabilidad en la que el predominio electoral de las derechas ha sido la tónica durante una década. Algo que fue imposible con un único partido durante treinta y seis años.

Sin negar que la ley electoral a veces es capaz de hacer estragos y beneficiar mucho a la candidatura ganadora, la historia demuestra que el voto más seguro (y por ello tal vez el más útil) será el que permita ganar en número total de votos. Ello puede ser perjudicial cuando se compite contra una lista única (cosa que no ocurre, estando la izquierda más fragmentada). Pero en un contexto plural, lo que la historia demuestra es que la mayoría natural necesita de más de una candidatura para ganar en votos. Y que la mejor manera de ganar en escaños suele ser imponiéndose largamente en votos. Si los listos de UCD en Madrid 1979 hubieran dado alas a CD, la derecha no se habría quedado en casa y la UCD habría tenido el Ayuntamiento de la capital. Un episodio digno de recordar en los tiempos presentes.