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Talavante llegaba a Valladolid tras abrir la Puerta Grande de Las Ventas en la primera corrida de San IsidroEFE

Desde que se anunció el cartel del domingo 10 de mayo en Valladolid, centró la atención de todo el mundo taurino por el encuentro de Morante y Roca Rey, los dos líderes. Los graves percances que sufrieron los dos en la Feria de Abril lo ha impedido, aunque Morante intentó acudir a esta corrida hasta el último momento.

La empresa Tauroemoción ha reaccionado con acierto, sustituyendo a los dos diestros heridos por Talavante y Borja Jiménez. Del cartel primitivo, se mantienen Juan Ortega y los toros de Jandilla.

La primera gran noticia es que, sin las dos máximas figuras, la Plaza de Valladolid también se llena, no se aprecian devoluciones. La segunda, una corrida encastada de Jandilla: toros con mucha movilidad, que cumplen muy bien en el caballo y repiten, con emoción. Dentro de eso, unos son más bravos que otros pero todos mantienen el interés de los aficionados.

Talavante corta un oreja en el primero. Borja Jiménez, otra, pero no puede completar el triunfo porque su último toro se inutiliza, durante la lidia. Juan Ortega no resuelve las dificultades de su lote, el más complicado, y sufre un par de volteretas.

Una vez más, me paro un momento, a la puerta de esta histórica Plaza, junto a la estatua de Fernando Domínguez, el tío de Roberto, la última gran figura de esta tierra. (Por cierto, no todos conocen la tradicional afición de Valladolid por el flamenco).

Ésta es la Feria de San Pedro Regalado, el santo vallisoletano del siglo XV, cuya fiesta se celebra el 13 de mayo. Desde 1951, es el patrón de los toreros: saliendo al campo, después de haber rezado Maitines, se topó con un toro bravo, que se había escapado de la Plaza. En vez de huir , el franciscano se mantuvo impávido. (Lo mismo hicieron , en una circunstancia semejante, Don Quijote, en la gran novela, y Valle-Inclán, en la realidad). San Pedro Regalado, además, le habló y el toro se humilló a sus pies; luego, le curó las heridas, lo bendijo y lo dejó marchar. Los que presenciaron el inaudito suceso aclamaron al fraile, como si fuera un torero… Surgió la tradición de que, al comienzo de cada temporada, los toreros de estas tierras le presentaran al Santo sus capotes.

Viene Talavante con la moral por las nubes, después del triunfo de Madrid. Además, sigue teniendo surte en el sorteo. El primer toro, Abyecto (¡vaya nombre!), cumple bien en varas. (Esta tarde hemos visto varios puyazos buenos, algo poco frecuente). El toro es mugidor pero humilla, repite, es obediente. Talavante lo aprovecha con series cortas, bien ligadas, de limpieza desigual. Mata con facilidad y corta un trofeo. Algunos piden la vuelta para el toro, el mejor de una buena corrida.

Alejandro Talavante, este domingo en la Plaza de ValladolidEFE

El cuarto es terciado pero tiene casta, acude una y otra vez al caballo, no le deja al distro brindar tranquilo. Comienza Alejandro de rodillas. Se le ve confiado, feliz: un triunfo en Madrid y que te toquen buenos toros anima mucho… Cuando lo engancha por delante, el animal va lejos y repite. Buscando esta vez cortar otra oreja, que le permita salir en hombros, recurre a lo vistoso: una faena inconexa, sin estructura, que acaba desconcertando al público. Pincha antes de una estocada caída y se queda sin el trofeo.

El segundo toro es escurrido, tiene querencia a chiqueros: un mansito encastado, con interés. En los ayudados por bajo iniciales, engancha a Juan Ortega por el tobillo. A la salida de una serie de muletazos, lo voltea. Sólo logra el diestro algún muletazo estético, componiendo la figura. Mata mal, a la segunda, caído.

El quinto embiste con alegría; empuja fuerte al caballo, casi lo derriba; se duele en banderillas. Está muy suelto, hay que sujetarlo. Es un manso encastado, que protesta y acaba yéndose a tablas. Ortega ha tenido el lote con más complicaciones, dentro de un orden, y no ha logrado resolverlas. Mata de estocada pescuecera.

Debuta en Valladolid Borja Jiménez y muestra toda la tarde su entrega, su deseo de triunfo. Recibe con una larga de rodillas al tercero, que tiene querencia a chiqueros, acude al picador de reserva. Antes de intentar lucirse, hay que sujetarlo. Lo logra Borja de rodillas, en el centro, levantando un clamor. Cuando lo mete en la muleta, el toro responde, saca casta, repite. A base de mando y valor, logra una faena que conecta mucho con el público; a veces, algo embarullada. La estocada, traserísima, limota el premio a una oreja; si lo hubiera matado bien, le hubieran pedido las dos.

Borja Jiménez, como Talavante, concluyó la corrida con un trofeoEFE

Recibe con buenas verónicas al último, que acude al caballo de lejos, en una hermosa estampa. Por desgracia, el toro da la vuelta de campana y se lesiona claramente en una pata; como ha sido durante la lidia, no lo devuelven. Sólo la casta le hace seguir embistiendo. Con oficio, Borja le saca todo lo que puede pero la porfía es inútil. Tampoco esta vez mata bien.

El resumen es fácil. Los toros pueden ser más grandes o más chicos, más bravos o menos, pero, si tienen casta y movilidad, transmiten emoción. Valladolid ha vivido una buena tarde de toros, no nos hemos aburrido ni un momento. Talavante está en un momento feliz. Si acierta con la espada (su punto flaco), Borja Jiménez puede triunfar en Madrid. Juan Ortega debe buscar el dominio del toro más que las posturas estéticas.

Aunque no hayan podido acudir Morante ni Roca Rey, ha quedado claro que la afición, en Valladolid, está muy viva. Gracias a la buena labor de la empresa, se ha recuperado una Plaza de ilustre tradición.

He presenciado la corrida junto a Gonzalo Santonja, filólogo castellano y apasionado por la Fiesta. Como él bien sabe, han escrito sobre toros no pocos escritores vallisoletanos; algunos, incluso, a los que no se suele asociar con este tema. Por ejemplo, don Jorge Guillén, que, citando a Villamediana, canta a El lidiador:

«‘Mi corazón, cuyo peligro adoro’
no es una mera frase cortesana.
El hombre entero afronta siempre al toro
con peligro mortal. Así se ufana».

La muy lúcida y exigentísima Rosa Chacel escribió en 1992, para la revista Quites, un artículo sobre Los toros (hoy, ayer y mañana). En él, proclama que la Fiesta ha sido históricamente «emblema de hispanidad» y que hay que «considerarla sin disputa un arte». Ésta es su conclusión: «Tengo que reconocer que siempre, desde toda mi vida, he sentido como cosa nuestra la existencia del toro y, lo que es más, del toreo».

No parece que opine lo mismo el actual ministro de Cultura… Tampoco, Óscar Puente: cuando era Alcalde de Valladolid, enojó tanto a los aficionados que , durante la Feria, hubo una manifestación contra él. Como se dice en términos taurinos, ya apuntaba maneras…

POSTDATA. Aunque muchos no lo sepan ver, la suerte de varas, si se hace bien, puede ser hermosa, además de necesaria. Esta tarde, con los toros de Jandilla, hemos vuelto a comprobarlo. Don José Zorrilla, el poeta vallisoletano más popular de todas las épocas, dedicó un soneto lleno de plasticidad, colorido y musicalidad a El picador. Concluye así:

«Duda la fiera, el español la llama,
sacude el toro la encastada frente,
la tierra escarba, sopla y desparrama;
le obliga el hombre, parte de repente,
y, herido en la cerviz, húyele y brama,
y en grito universal rompe la gente».

FICHA

  • Valladolid, Feria de San Pedro Regalado. Domingo, 10 de mayo de 2026. Lleno.
  • Toros de Jandilla, encastados, con movilidad, de buen juego en el caballo; con diversos grados de bravura y fuerza; en conjunto, una excelente corrida.
  • TALAVANTE, de turquesa y oro, estocada corta (oreja). En el cuarto, pinchazo y estocada caída perpendicular (saludos).
  • JUAN ORTEGA, de añil y oro, pinchazo y bajonazo (aviso, palmas). En el quinto, estocada delantera y descabello (silencio).
  • BORJA JIMÉNEZ, de blanco y oro, estocada muy trasera (oreja). En el sexto, pinchazo y estocada (palmas de despedida).