Zapatero, más allá de un funesto presidente del Gobierno: un trágico iceberg cultural
Cambió la cultura de España desde el sectarismo, la ignorancia y una dosis de maldad difícil de aceptar por las características superficialmente bobaliconas, en sentido positivo, del personaje
El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero
Zapatero es un personaje en la estética casi como un dibujo animado por la postura, la sonrisa, su peinado, su graciosa torpeza aparente, las cejas y el gesto de la Zeja o sus ojos líquidos. Por todo ello le aparecieron una serie de sobrenombres de tira cómica o de serie, desde ZP, Bambi (de Alfonso Guerra es el hallazgo) o Mr. Bean, por su indudable parecido con el personaje tragicómico de Rowan Atkinson.
Su llegada a liderar el PSOE primero, y el Gobierno después, más allá, en el lado contrario, de la comicidad fueron dos hechos perfectamente luctuosos que cambiaron el (buen) rumbo de España. No se sabe si sin él España hubiera sido mejor, pero podría decirse que nunca hubiera podido ser peor.
No era el indicado, tampoco el que los españoles querían, pero la sangre, el horror, el relato y la torpeza le llevaron a La Moncloa
Zapatero significó una hecatombe para España, lo cual es un hecho: una catástrofe incluso antes de llegar. Su inopinado ascenso a la presidencia del Gobierno se produjo tras los espantosos atentados del 11M y todos lo que vino después en horas muy bajas para España que allí se quedaron. Una cicatriz imposible de ocultar que lleva irremediablemente el signo de Zapatero.
Sin aquellos asesinatos salvajes y masivos y la posterior sucesión de movimientos rastreros de la Oposición y de los errores gubernamentales, Zapatero nunca hubiera sido presidente del Gobierno. No había razón para que lo fuera. No era el indicado, tampoco el que los españoles querían, pero la sangre, el horror, el relato y la torpeza le llevaron a La Moncloa.
Zapatero fue el iceberg contra el que España chocó, confiada, partiéndola en dos
Su (mala) influencia durante sus años de Gobierno alcanza un ámbito mucho más dañino que los aparentemente principales, la política y la sociedad, como es la cultura, quizá esencia de las anteriores. Zapatero cambió la cultura de España desde el sectarismo, la ignorancia y una dosis de maldad difícil de aceptar por las características superficialmente bobaliconas, en sentido positivo, del personaje (amigo y servicial defensor con correspondencias de un dictador asesino como Maduro, por ejemplo) que hoy la Audiencia Nacional sitúa como líder de una trama delictiva de tráfico de influencias.
Fue famosa la encuesta en la que los españoles le eligieron como el famoso con el que se irían a tomar cañas. A tomar cañas con el presidente que devolvió las dos Españas enfrentadas de la Guerra Civil después de la Transición ejemplar que los españoles se dieron a sí mismos. Zapatero fue el iceberg del Titanic español contra el que España chocó, confiada, incapaz de verlo, restándole la importancia de su peligrosidad, partiéndola en dos exactamente igual que al trasatlántico más famoso de la historia.
Zapatero es el iceberg cuya simpática parte visible solo es un octavo de su figura, pero que oculta los siete siniestros octavos restantes
Y así, partida desde entonces, España sigue hacia abajo en un hundimiento imparable en su superficial, otra vez, flotabilidad. España es el Titanic que no se hunde en unas horas, sino en unas décadas, desde Zapatero. Desde el iceberg Zapatero al que ingenuamente llamaban Mr. Bean. Hemingway tenía una teoría sobre el arte de escribir que llamó la teoría del iceberg, por la cual lo más importante de un relato, lo fundamental, la clave, es lo que se encuentra por debajo de la superficie, que en el caso de un iceberg son los siete octavos de su volumen.
Es el caso de Zapatero. Zapatero es el iceberg cuya simpática parte visible solo es un octavo de su figura, pero que oculta los siete siniestros octavos restantes con los que impactó España, provocándole una grieta insuperable e invisible en su línea de flotación. España dejó de ser la misma desde la trágica llegada de Zapatero al poder, cuando la cultura (las dos Españas, la memoria o la ETA, entre otras) se dio la vuelta como el Titanic se puso en vertical en medio del Océano Atlántico antes de acabar en el fondo.